lunes, 4 de mayo de 2020

LA CULINARIA ANTROPOFÁGICA



Los refranes de aquel lugar que me abortó -aún me acompañan- a pesar de sentirme cada día más distante de ese engendro. Uno de los más populares dice: “Todos los caminos conducen a Roma”, creo que ese, en específico “no se aplica a los cubanos, desde el funesto enero que ensombreció la nación. En nuestro caso sería más adecuado decir: Todos los caminos conducen a Miami _esa otra isla_ copia del pasado, en la que hace 8 años aterricé -esperando algún día llegar a los Estados Unidos-

Debo confesarles que está siendo muy difícil /a pesar del tiempo transcurrido/ readaptarme a la cotidianidad de los nacidos en aquella ínsula donde NADA ES FUTURO y mucho más complicado aún, aprender inglés, pues como ya saben “viví 18 años en Brasil”. País que se comió literalmente a su metrópolis _como esta nación a la suya_ creando el más bello y musical de los acentos portugueses. Esa música convertida en palabras me arropó, desplazando al idioma Cervantes, quizás por eso aún hilvano mis ideas a ritmo de Bossa Nova, lo cual me obliga a hacer una constante traducción cuando quiero expresarme.

Habitar esta aldea _preñada por la nostalgia anterior al 59_ donde se mezcla la identidad de un país que ya no me representa “con acentos y proverbios tan característicos” no ha impedido, que me sienta extranjero -no interpreten esto como apátrida- y si como una universalidad que se nos dio al escapar más allá de las promesas.

Aquí -que como ya saben es efímero- en este pantano, que casi nos pertenece, por la imposición de costumbres, que van desde el idioma hasta la culinaria, podemos encontrarnos muchos americanos, disfrutando unos pastelitos de guayaba, acompañados de unas croquetas y una colada, en uno de los tantos restaurantes de comida típica, que inundan la capital del exilio cubano. Algunos, los más -transculturizados- llegan hasta despelotarse al ritmo de una música, que a pesar de tantos años de dictadura sigue influenciando al mundo entero con su peculiar singularidad “solamente comparada con la brasileira”.

Pero, a pesar de esa gastronomía, que a muchos años se perdió en la isla, tengo amigos que reclaman que el sabor del mayor patrimonio culinario cubano “la carne de puerco” dicen que no sabe igual al de aquel accidente geográfico. No sé, si esto es otro síntoma de esa nostalgia que caracteriza a todo exiliado, o si se debe al modo de asarlo, tan diferente al nuestro.

En este espacio que hemos invadido, con todas nuestras virtudes y defectos _asan al lechón_ en una especie de ataúd, que llaman “caja china”. Espero que después de esta pandemia, producida en un laboratorio de ese país comunista, le cambiemos el nombre, o mejor “propongo un boicot”, y que volvamos a la típica púa en que se asaban desde los orígenes de aquella isla los marranos, acompañados de los mojos artesanales, y de las hojas de guayaba o de plátano, dependiendo de la región donde se realizara el asado.

Este simple hecho, de asumir la preparación del cerdo, tan diferente al de nuestros ancestros, solamente reafirma, la pérdida, o quizás la mezcla “mismo inconscientede la cultura culinaria, que queramos o no, enriquece en este exilio.

Si algo me ata a esta ciudad, es su culinaria, que me recuerda las conversaciones con mi tío/abuelo Sito, en los años 90, cuando no solamente faltaba la nada, y las añoranzas de ese SER tan especial que hasta hoy influencia todas mis letras, que no son más que lágrimas escritas en la soledad de una página en blanco.

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