lunes, 1 de noviembre de 2021

OTOÑO



Recuerdo que cuando vivía en Brasil, y llegaba el otoño me invadía un sentimiento de soledad que rompía todo mi interior, solamente comparado con las hojas que caen de los árboles -lentamente sin perder su belleza-, aún después de muertas cuando poblaban mi mirada, mientras bebía el cappuccino que no alcanzaba para apagar la tristeza, pero que inspiraba unas letras menos frías que las que habitaban en mi pecho.

A pesar de que por primera vez en mi vida, sentirme libre en el más amplio sentido de la palabra, esa conmoción no me abandonaba. Con el pasar de los años uno se va a acostumbrando a la infelicidad “aunque no estaba solo al amanecer” con la misma resignación que sentimos al abandonar aquella isla _hoy tan distante_.

Un día, ya haces algunos otoños tuve que izar nuevamente velas y anclar en el menos pensados de los destinos. Esa otra geografía copia del archipiélago que ya nada inspira. Llegar aquí /ustedes saben dónde/ fue volver a un pasado no deseado y relegado entre el Fútbol y el Samba.

Reencontrar viejos amigos, una culinaria casi olvidada y esa manera tan peculiar en que se expresan los nacidos, donde la mentira y el salitre todavía conviven, fue todo un ejercicio de paciencia y aprendizaje como el niño que va por primera vez a la escuela.

Aquí, donde la discordia persiste, seguí sintiendo a cada otoño el mismo vacío, la misma sensación de soledad, ni los amigos ni los amores fortuitos pudieron borrar ese estremecimiento de mirarse al espejo y saberse incapaz de ser feliz.

Toda la alegría me parecía vedada, y yo insistía en la tristeza (renombrada de Saudade) como el único posible estado hasta encontrarla a ELLA. Sí, porque YO la busqué y la encontré al sur de toda posibilidad y contra todas las adversidades, donde parecía imposible el camino que me llevaría al nirvana, pero YO con la perseverancia de los necios sabía que mi destino estaba indisolublemente ligado a ELLA. Después de hallarla no tuve la menor duda de que todo mi pasado sería borrado porque quería renacer entre sus piernas, amanecer en sus deseos y nunca más alejarme de su ser.

Ahora que regresa esa estación mi sentir es diametralmente opuesto al de años atrás, aprendí a disfrutar el gris de sus atardeceres, sentando frente al mar, _junto a Laura_ en ese parque que ya nos pertenece y que es cómplice de nuestra felicidad. A deleitarme con su brisa mezclada con el olor a maresia/salitre que se acopla perfectamente en el eterno y cálido abrazo capaz de incendiar nuestros cuerpos, mientras vemos desfilar los yates, y ahogarse el sol en el mar “allá donde las pupilas sueñan” del otro lado de la bahía cuando se prenden las luces del Downtown de Miami anunciando que estoy finalmente curado de los Otoños y las Saudades.     

 

lunes, 1 de junio de 2020

CONVIVID-19



En el involuntario encierro, si no tienes una buena compañía, donde la cama te quede pequeña “para todas las fantasías” y con la que puedas conversar sobre cualquier tema -mismo que no concuerden- pero que sean capaces de respetar su individualidad, porque ahí _radica la base de la convivencia_ después de haber hecho el amor “el mejor de los ejercicios” Puede, algunas veces llevarnos a la locura.

Si lo dudan, les recuerdo, uno de sus más famosos ejemplo: Van Gogh, que solo tenía una diminuta ventana, los girasoles -como incierto fututo- y sus pinceles siempre despiertos “únicos testigos” de una vida en la que no pudo ahuyentar la soledad de los espejos, ni la negación amorosa de Rachel -a la que nunca fue capaz de pintar- quizás porque ejercía el más antiguo de los oficios, en uno de esos miserables burdeles, de la calle Arlés, al sur de Francia.

Hoy, nos queda siempre la duda, si ella solo lo veía como un cliente, o si se negaba a reconocer el verdadero amor de Vincent, algo que le impediría seguir con su profesión “eso nunca lo sabremos”. Lo único real es que, en su reclusión -se cortó la oreja izquierda- elección, que siempre me ha intrigado, por qué no la otra _pero este detalle se escapa de lo que quiero decirles_.

No piensen que soy un especialista en pintura, ni un crítico de arte, simplemente, en esta situación que estamos forzosamente viviendo, me viene a la mente /castigo de la memoria/ uno de los artistas actualmente más cotizado, a pesar, de que nunca fue reconocido en vida, y murió en la peor de las miserias, con el único consuelo de ver sus pinturas, en aquel tiempo -invaloradas- colgadas en su supuesta locura.

Esas mismas, que hoy, son la mejor garantía cuando la “economía parece incierta” y penden en los “bolsillos de los multimillonarios, en cajas fuertes de bancos, o en los museos más exclusivos, y nunca soñados en su miserable vida.

Si hago esta introducción, es solo porque tengo la absoluta certeza, de que nada se asemeja más a la soledad de la escritura -que un pintor- Pero no se preocupen por esa similitud, no pienso por mi cobardía “no lo intérprete como falta de amor” cercenar ninguna parte de mi cuerpo, además, adolezco del talento, que poseía el dueño del más perfecto de los “AMARILLOS” y tampoco creo que mis humildes textos, puedan en algún momento _mismo póstumamente_ convertirse en best sellers.

Lo que realmente me preocupa, es hasta qué punto puede llevarnos este aislamiento, nunca imaginado y mucho menos deseado. Ya hemos pasado más de dos meses de cautiverio por un insignificante e invisible virus que, aunque no lo queramos, cambiará definitivamente nuestro diario acontecer.

Yo, sin querer menospreciarlos, me refugio en la mujer amo “LAURAmi mundo solo existe en ella, y en estas letras, que pueden parecerles inservibles, pero que me ayudan a tratar de entender, qué está pasando, y cómo será la realidad, cuando salgamos _porque aún soy optimista_ de esta reclusión que, quizás nunca comprenderemos, pero que vino para cambiar radicalmente la forma de como vivíamos anteriormente.

No tengo la menor duda, de que, si no seamos capaces de aprender con esta epidemia, estaremos al borde de la extinción de la raza humana, y quiero dejar -BIEN CLARO- que no soy fanático de ninguna religión, pero creo en algo superior “INEXPLICABLE” porque muchas veces es en lo inverosímil, que encontramos las respuestas a nuestras dudas. Tampoco creo en extraterrestres, ni alienígenas, y menos aún en los que pregonan el apocalipsis como futuro.

Soy optimista por convicción, nací en la peor de las Islas -error geográfico- y después de haber atravesado su horizonte, descubrí, que existe un mundo más allá de las consignas, y que nada, ni nadie pueden impedirme soñar con una armonía pacífica, entre todos los que habitamos este planeta _mal llamado tierra_ y que seamos capaces de reaprender que ninguna virtualidad, puede sustituir el calor de un beso, la alegría real de abrazar un amigo, lejos de esos ficticios emoticones sin pasado.

Si algo bueno -tiene este virus- es que ha rescatado la SAUDADE de una vida real, olvidada al otro lado de esta tecnología que insiste en convertirnos en algoritmos, y en borrar los insustituibles ayeres.

lunes, 25 de mayo de 2020

JAVIER IGLESIAS: POESÍA



LA ROTA OLA 
Para Aylan Kurdi
Esta lluvia que cala la memoria
no apaga la alevosía de la noche
ni el naufragio de inocentes
en un mar ausento de mañanas.

Cómo justificar la inclemencia divina,
el odio contra las religiones
si el sol amanece en Roma
sin olvidarse del desierto.

Hoy mi rabia es contra todos
me falta la fe de Job
los hijos que perdió
en otra bíblica tempestad.

En mis venas no corre futuro
mi apellido se ahogará en una orilla
lejos de las cámaras
pero me sobran fuerzas para gritar
cuando el mundo muere en una playa.

No me hablen de fronteras
menos aún de la civilizada Europa
vieja puta que olvido su pasado.

Ha fracaso la humanidad
y también es mi culpa.

EL TODO USURPADO

Quién inventó diciembre
con su inevitable carga de nostalgia
tan gris como la nada.

Qué puedo celebrar 
-Yo-
náufrago de un pasado
que insiste en desterrar mañanas.

Cómo competir con los recuerdos
la más segura de las derrotas
después de los espejos.

Cuántos olores me faltan
acompañados de esas músicas
que ya no habitan mi presente
en este mes en que el vacío
se vuelve insoportable.

Vivo en un espacio lejano,
en un pedazo de mar
donde la saudade
es el peor de los suicidios
y la alegría
-hipocresía del bolsillo-
se vende en vidrieras manipuladas
meticulosamente para hacernos olvidar.

Pero mi memoria es un agujero negro
-infinito-
desbordada de ayeres.

EL ECO DEL MUTISMO

He sobrevivido como todos los ausentes 
cargando el dolor de los recuerdos,
la inutilidad de un pasado
que cuelga en el vacío.

Para qué sirven los relojes
en esta ciudad sitiada por el azul
que recuerda una isla inhabitada
y un mar donde aún navegan soledades.

Qué hacer con estas alas gastadas 
si ya no alcanzan el amanecer
se apagaron antes que la realidad
degollase los deseos.  

Soy un hombre viejo
con los sueños rotos
en las arenas del camino.

Quisiera saber en qué momento
se inmortalizó el ayer
en esta memoria llena de agujeros
donde sobreviven los silencios 
que duelen más allá del tiempo.

lunes, 18 de mayo de 2020

LAS INCONSCIENTES PROFECÍAS DE JORRÍN



Cuba 8 -no lo confundan con la calle- a pesar de estar ubicado en esa vía tan emblemática de la capital del exilio. En el barrio, que nostálgicamente llamamos “Pequeña Habana” es uno de mis sitios preferidos en esta ciudad fundada con el pensamiento de un rápido regreso, que _aún hoy parece distante_.

Me gusta ir a ese bar/galería/teatro porque me recuerda una Habana que solamente conocí en la oralidad de mi tío/abuelo Sito, en la literatura de Cabrera Infante, en las canciones de José Tejedor, de Benny Moré, y de tantos otros extraordinarios músicos que la dictadura intentó borrar del patrimonio nacional.

Recuerdo las maravillosas conversaciones con esa persona tan especial que, con muy poca instrucción, solo terminó lo que actualmente “llamamos 6 grado” es la que más ha influenciado en lo que soy -un hombre con escasas virtudes e incontables defectos- un inútil cazador/coleccionador de sueños.

Sito, que se llamaba José Quiroga, me describía con un lenguaje cautivante, en medio a la ausencia de luz -interpreten esto literalmente- en ese tiempo que eufemísticamente llamaron Periodo Especial, una Habana maravillosa, deseo de cualquier turista en los lejanos años 50, antes de la mariconá tropical  _que desgració la patria_ cuando la isla florecía por encima de todas las demás naciones del continente “no solo económicamente” sino también con su música tan singular, que hasta hoy influencia al resto del mundo.

Fue en ese contexto, más específicamente en marzo de 1953, cuando Enrique Jorrín compuso esa genial canción "La engañadora", ustedes se preguntarán que tiene que ver, esa música, con Cuba 8. Si ya han visitado este místico lugar miamense, y si no lo han hecho _se los recomiendo_ sabrán que sus portales están adornados con caricaturas y pinturas de los mayores representantes de la cultura de ese archipiélago hecho pasado, y uno de los inmortalizados, es el autor de la ya mencionada composición.

Un día delante de la caricatura de Aristides Pumariega, que ilustra el texto de esa canción, comprendí que la genialidad de Jorrin, era solo comparada con las novelas de Julio Verne o las predicciones de Nostradamus, pues iban mucho más allá de la música, cuando compuso esa cubanísima canción. Quizás, por la ingenuidad de esa década, tan romántica, donde solo importaba la realidad -ni él mismo imaginaría- que su falsa chiquita, hoy camina en cualquier ciudad del planeta, con otro tipo de relleno, pero con la misma intención de engañarnos a todos. 

Si no concuerdan conmigo los invito a analizar el texto de su música: A Prado y Neptuno iba una Chiquita, que todos los hombres, la tenían que mirar -hasta aquí todo normal- cualquier hombre no resiste una torcida de cuello ante un femenino cuerpo escultural… Prosigamos: Pero todo en esta vida se sabe sin siquiera averiguar. Se ha sabido que, en sus formas rellenos tan solo hay-. Se dan cuenta, que Enrique fue un adelantado a los implantes de senos y glúteos, tan común en la actualidad. Creo que sus descendientes deberían reclamar derecho de autor por el uso de la silicona que ha poblado, no solo esta aldea, de más de una “engañadora”.

Ya han percibido, que muchas veces, cuando conquistamos esa mujer que parece perfecta, aunque soy totalmente contra la perfección, descubrimos que el plástico implantado en su cuerpo -para burla lo que la naturaleza o la genética le negó- nos hace sentir, como si estuviéramos haciendo el amor con una de esas muñecas de silicona, populares entre las personas ,donde su incomunicación, les impide el vínculo de realmente amar a una mujer con todos sus imperfecciones, pero real “más real” que el más perfecto de los sueños.

Antes de continuar, debo pedirles perdón, a esas conocidas -en algunos casos amigas- que más de una vez al recurrido al bisturí para transformar el cuerpo, que ellas mismas, no aceptan, frente al espejo, y que como un vicio continúan modificando, sin importarle, la impersonalidad de sus cirugías “pero debo ser sincero con mi personalidad” y asumo todos los riesgos y criticas posibles.

No tengo nada en su contra, pero quizás por ser un hombre antiguo -de aquellos que aún escribe poemas- prefiero la realidad del almanaque _la aceptación natural de la edad_ antes de la intervención de la ciencia, capaz de engañar “solo físicamente los ayeres” porque el tiempo biológico, aunque les duela, no puede cambiarse en un salón de operaciones. Como ya predijo el maestro Jorrín: Que boba son las mujeres que nos tratan de engañar”. Y también algunos hombres tan inseguros como los mañanas.

lunes, 11 de mayo de 2020

LA CIRCULARIDAD DE LOS AYERES



A veces creo que la vida se resume a un eterno caminar en círculos, ruinas que nos persiguen -más allá de los recuerdos-. Ya han pensado cuántas veces sentimos que hemos vivido el momento que estamos viviendo /perdónenme la redundancia/ o la infinidad de ocasiones que, a pesar de nunca haber estado en ese lugar, creemos conocerlo, mismo siendo la primera vez que lo visitamos. Es una sensación escalofriante, como si estuviésemos viendo la misma película nuevamente.

Acaso no les ha pasado, en este exilio que se ha convertido en “nuestra casa”, sorprendernos al ver un rostro que nos parece familiar _en medio de la multitud_ pero que, al ir a saludarlo, descubrimos que además de no hablar nuestro idioma, nunca ha estado en los lugares que por diferentes motivos nos ha tocado sobrevivir.

Quizás esa circularidad, sea motivada por lo único realmente importante, en este lapsus de tiempo donde aún somos materia. La eterna inconformidad de no encontrar la felicidad -el más ansiado de los deseos- desde que el hombre descubrió que era la conciencia, lo que nos diferenciaba de los animales “aunque a veces seamos más irracionales que ellos”.

En este eterno desconcierto, no importa lo que hagamos o dejemos de hacer, al final buscamos siempre lo mismo, y en esa búsqueda, muchas veces “perdemos el camino” que supuestamente nos llevaría al nirvana -si es que realmente existe- por estar adaptado al infortunio de los proscritos, o por distraemos ante los azares, que nos ofrece la cotidianidad, y que aceptamos, casi siempre, inconscientemente como único destino.

Yo “que también podrían ser cualquiera de ustedes” para tratar de engañarme, recurro al mar _recuerden sus múltiples significados_ eterna fuga para los nacidos en ese lugar que pesa más que los ayeres “rodeado por la maldita circunstancia del agua” como ya dijo aquel gran poeta menospreciado, y censurado por la dictadura. A pesar de sentirme distante de esa isla -tan distante como los deseos irrealizados- sigue corriendo en mis venas el salitre hablanero, y esa sensación de náufrago que me acompaña, desde que partí más allá de la irrealizable utopía comunista.

Tal vez por eso busco en el océano -un escape- un refugio para gritar al vacío, cuando la angustia del silencio reprimido no alivia la imitación de felicidad que nos exige el presente -provocando la ansiedad del diario acontecer- porque debemos aparentar lo que la sociedad cree como perfecto “la impoluta falsedad” de la que me niego a ser parte.

No crean que soy un rebelde sin causa “soy simplemente un soñador” inadaptado a lo políticamente correcto, o quizás un atrapador de sueños, dentro de una burbuja inventada, para protegerme de los espejos, porque la vida al contrario del celuloide no es bella -es cruel- para los que tenemos el más solitario de los oficios, como escape allende de las monedas -sin criticar a Judas-.

Ninguna letra llena los bolsillos, es un reto inútil, el de los escritores _que no sirve para nada_ a no ser para seguir preñando quimeras, porque ella -la escritura- eterna insatisfecha no conoce de límites. Y cada día te exige más, sin importarle, que “las palabras” antes de convertirse en ideas, son simplemente lágrimas que fecundan la pantalla de cualquier laptop _incluso la de ustedes_ o tatuajes imaginarios, que nunca fuimos capaces de hacernos “porque la piel es real” duele, y no caben todas nuestras ideas en el más perfecto de los cuerpos.

lunes, 4 de mayo de 2020

LA CULINARIA ANTROPOFÁGICA



Los refranes de aquel lugar que me abortó -aún me acompañan- a pesar de sentirme cada día más distante de ese engendro. Uno de los más populares dice: “Todos los caminos conducen a Roma”, creo que ese, en específico “no se aplica a los cubanos, desde el funesto enero que ensombreció la nación. En nuestro caso sería más adecuado decir: Todos los caminos conducen a Miami _esa otra isla_ copia del pasado, en la que hace 8 años aterricé -esperando algún día llegar a los Estados Unidos-

Debo confesarles que está siendo muy difícil /a pesar del tiempo transcurrido/ readaptarme a la cotidianidad de los nacidos en aquella ínsula donde NADA ES FUTURO y mucho más complicado aún, aprender inglés, pues como ya saben “viví 18 años en Brasil”. País que se comió literalmente a su metrópolis _como esta nación a la suya_ creando el más bello y musical de los acentos portugueses. Esa música convertida en palabras me arropó, desplazando al idioma Cervantes, quizás por eso aún hilvano mis ideas a ritmo de Bossa Nova, lo cual me obliga a hacer una constante traducción cuando quiero expresarme.

Habitar esta aldea _preñada por la nostalgia anterior al 59_ donde se mezcla la identidad de un país que ya no me representa “con acentos y proverbios tan característicos” no ha impedido, que me sienta extranjero -no interpreten esto como apátrida- y si como una universalidad que se nos dio al escapar más allá de las promesas.

Aquí -que como ya saben es efímero- en este pantano, que casi nos pertenece, por la imposición de costumbres, que van desde el idioma hasta la culinaria, podemos encontrarnos muchos americanos, disfrutando unos pastelitos de guayaba, acompañados de unas croquetas y una colada, en uno de los tantos restaurantes de comida típica, que inundan la capital del exilio cubano. Algunos, los más -transculturizados- llegan hasta despelotarse al ritmo de una música, que a pesar de tantos años de dictadura sigue influenciando al mundo entero con su peculiar singularidad “solamente comparada con la brasileira”.

Pero, a pesar de esa gastronomía, que a muchos años se perdió en la isla, tengo amigos que reclaman que el sabor del mayor patrimonio culinario cubano “la carne de puerco” dicen que no sabe igual al de aquel accidente geográfico. No sé, si esto es otro síntoma de esa nostalgia que caracteriza a todo exiliado, o si se debe al modo de asarlo, tan diferente al nuestro.

En este espacio que hemos invadido, con todas nuestras virtudes y defectos _asan al lechón_ en una especie de ataúd, que llaman “caja china”. Espero que después de esta pandemia, producida en un laboratorio de ese país comunista, le cambiemos el nombre, o mejor “propongo un boicot”, y que volvamos a la típica púa en que se asaban desde los orígenes de aquella isla los marranos, acompañados de los mojos artesanales, y de las hojas de guayaba o de plátano, dependiendo de la región donde se realizara el asado.

Este simple hecho, de asumir la preparación del cerdo, tan diferente al de nuestros ancestros, solamente reafirma, la pérdida, o quizás la mezcla “mismo inconscientede la cultura culinaria, que queramos o no, enriquece en este exilio.

Si algo me ata a esta ciudad, es su culinaria, que me recuerda las conversaciones con mi tío/abuelo Sito, en los años 90, cuando no solamente faltaba la nada, y las añoranzas de ese SER tan especial que hasta hoy influencia todas mis letras, que no son más que lágrimas escritas en la soledad de una página en blanco.

lunes, 27 de abril de 2020

LAS SOMBRAS DEL PASADO



Huir es el más fácil de los verbos, cuando se ha nacido en un lugar donde hasta hoy se espera el “tan prometido futuro” solo que para eso debemos renunciar a lo único que teníamos en esa cárcel rodeada de agua -los amigos/familia- y enfrentarnos a la cruel realidad del exilio, con la eterna compañía de los recuerdos, que también en algún momento debemos dejarlos en el camino, si queremos sobrevivir en un mundo tan diferente al que crecimos, porque al competir con ellos _cualquier pasado por muy triste que haya sido_ puede engañosamente parecernos mejor, debido a nuestra debilidad de enfrentar lo desconocido.    

Con toda esa carga llegamos a un destino, que muchas veces no escogimos, simplemente nos aferramos a él, pues era una cuestión de “vida o mar”. En mi caso escapé gracias a las letras, aún sigo escapando gracias a ellas _pero ahora de otra manera_ a São Paulo, Brasil, para participar de la Bienal del Libro, y desde el primer instante sentí que era el mejor de los lugares para cobijar las ausencias interminables y las dudas del mañana. A pesar de la barrera idiomática, algo nunca explorado más allá de la lengua de Cervantes, debo reconocer que las raíces latinas de ambos idiomas me ayudaron no solo a dominarlo, sino también a estabilizar mi vida económica en esa ciudad de -pupilas de concretos- eternamente abiertas.

Ganaba lo suficiente para mantenerme y alquilar un espacio donde guarecerme de las estrellas porque “la madrugada es la peor de todas las saudades”. Supuestamente debía estar feliz, pero descubrí que la infelicidad es un estigma que llevamos los nacidos en la antes llamada -Perla del Caribe- algo que ni los nuevos amigos, ni la “no falta de amores” podían impedir. Me sentía más solo que un náufrago dentro de una botella con pedido de S.O.S quizás ese sentimiento fuese lo que llamamos _Síndrome de Estocolmo_

Esa angustia me acompañó por muchos años, incluso después de una vez más, haber atravesado el camino de las aguas “hasta este apéndice de Cuba” donde conviven todas las virtudes y los defectos de los nacidos antes y después del 59, desgracia tropical del pasado siglo.

Hasta poco tiempo atrás, deambulaba sin rumbo, sin saber -por qué no me importaba- dónde o con quién iba a amanecer. Quizás me había acostumbrado a ese infortunio que sienten como “karma” los que tuvimos que abandonarlo todo -aunque TODO fuese la NADA-.  

Vivía aceptando la cotidianidad como destino, creyendo que tenía que conformarme con la rutina de parecer feliz, a pesar de que mi sonrisa siempre se rompiera delante del espejo _pero eso no lo veían ustedes_ pues la apariencia importa mucho más que la realidad.

Toda esa infelicidad acabó, cuando descubrí a la más maravillosa de las mujeres, discúlpenme la otras -nunca he querido apartarlas- en el menos impensado de los lugares, al sur, ese lugar que también existe, como ya escribió Benedetti. 

 Ya sé que he dicho esto muchas veces, pero deben eximir mi insistencia, solamente deseo que les llegue a sus vidas una persona, capaz de cambiar su rutina, alguien que, como Laura, solo conozca el significado de los mañanas. Justo ahora, cuando debemos permanecer aislados del mundo real, en este confinamiento obligatorio -en una reclusión que nunca imaginamos- descubrimos que ni las redes sociales, ni internet, ni ese mundo virtual sustituyen los tan lejanos abrazos.

Hoy somos mucho más prisioneros, que nuestros ancestros, porque perdimos la comunicación interpersonal que tenían nuestros antepasados mucho antes de la pandemia, que indiscutiblemente cambiará _una vez más_ nuestra manera de comunicarnos.

Hoy -el más importante de los días- no sabemos qué hacer con las 24 horas de obligatoria convivencia familiar, a pesar de tener el mundo en un clique, eso no impide, que cada día que pasa, el encierro se haga más difícil, incluso para aquellos que prefieren vivir en la irrealidad de un ordenador, o en un sitio de relacionamiento, donde cada uno pone la mejor de sus mentiras _para parecer perfecto_ cuando en la imperfección, está la única realidad con la que tenemos que convivir, si al final queremos realmente ser felices.

Quizás cuando él AHORA sea mañana, entenderemos que lejos del peso de los bolsillos, de las apariencias de usar el último móvil o modelo de carro -lo único imprescindible- es tener a su lado a la persona cierta y saber que, a pesar de tantas soledades “siempre habrá alguien esperándote” allí, donde tú menos te lo imaginas.