lunes, 1 de noviembre de 2021

OTOÑO



Recuerdo que cuando vivía en Brasil, y llegaba el otoño me invadía un sentimiento de soledad que rompía todo mi interior, solamente comparado con las hojas que caen de los árboles -lentamente sin perder su belleza-, aún después de muertas cuando poblaban mi mirada, mientras bebía el cappuccino que no alcanzaba para apagar la tristeza, pero que inspiraba unas letras menos frías que las que habitaban en mi pecho.

A pesar de que por primera vez en mi vida, sentirme libre en el más amplio sentido de la palabra, esa conmoción no me abandonaba. Con el pasar de los años uno se va a acostumbrando a la infelicidad “aunque no estaba solo al amanecer” con la misma resignación que sentimos al abandonar aquella isla _hoy tan distante_.

Un día, ya haces algunos otoños tuve que izar nuevamente velas y anclar en el menos pensados de los destinos. Esa otra geografía copia del archipiélago que ya nada inspira. Llegar aquí /ustedes saben dónde/ fue volver a un pasado no deseado y relegado entre el Fútbol y el Samba.

Reencontrar viejos amigos, una culinaria casi olvidada y esa manera tan peculiar en que se expresan los nacidos, donde la mentira y el salitre todavía conviven, fue todo un ejercicio de paciencia y aprendizaje como el niño que va por primera vez a la escuela.

Aquí, donde la discordia persiste, seguí sintiendo a cada otoño el mismo vacío, la misma sensación de soledad, ni los amigos ni los amores fortuitos pudieron borrar ese estremecimiento de mirarse al espejo y saberse incapaz de ser feliz.

Toda la alegría me parecía vedada, y yo insistía en la tristeza (renombrada de Saudade) como el único posible estado hasta encontrarla a ELLA. Sí, porque YO la busqué y la encontré al sur de toda posibilidad y contra todas las adversidades, donde parecía imposible el camino que me llevaría al nirvana, pero YO con la perseverancia de los necios sabía que mi destino estaba indisolublemente ligado a ELLA. Después de hallarla no tuve la menor duda de que todo mi pasado sería borrado porque quería renacer entre sus piernas, amanecer en sus deseos y nunca más alejarme de su ser.

Ahora que regresa esa estación mi sentir es diametralmente opuesto al de años atrás, aprendí a disfrutar el gris de sus atardeceres, sentando frente al mar, _junto a Laura_ en ese parque que ya nos pertenece y que es cómplice de nuestra felicidad. A deleitarme con su brisa mezclada con el olor a maresia/salitre que se acopla perfectamente en el eterno y cálido abrazo capaz de incendiar nuestros cuerpos, mientras vemos desfilar los yates, y ahogarse el sol en el mar “allá donde las pupilas sueñan” del otro lado de la bahía cuando se prenden las luces del Downtown de Miami anunciando que estoy finalmente curado de los Otoños y las Saudades.     

 

2 comentarios:

  1. Siempre los otoños tienen mucho que ver con las saudades. Hubo una Laura que apareció en la búsqueda del poeta y ha permitido que tu sobrevivência sea animosa y sensible en los extremos posibles del caminante, que emigró para buscar libres coplas y buenos vinos para hacer del amor, la motivación exacta de la felicidad. Loable por ambos en la plenitud de un entorno con aroma de mar. Cuídense y no desaprovechen los encantos de cada estación. Abrazo.

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  2. Mesmo sabendo que não permitirá meu comentário eu arrisco e desafio você a ler o que uma primeira mulher que não precisou chamar Laura apareceu na sua vida sem buscar nada e permitiu que sua sobrevivência fosse num país hamado BRASIL que te acolheu e mesmo sentindo essa tão sofrida solidão te ofereceu oportunidades para evoluir e chegar até onde hoje você está ao lado da tão sonhada LAURA.
    Portanto,meu querido o melhor que tem a fazer é desfrutar essa felicidade que conquistou porque a vida é feita de momentos.Maria de Lourdes Rezende

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