lunes, 18 de mayo de 2020

LAS INCONSCIENTES PROFECÍAS DE JORRÍN



Cuba 8 -no lo confundan con la calle- a pesar de estar ubicado en esa vía tan emblemática de la capital del exilio. En el barrio, que nostálgicamente llamamos “Pequeña Habana” es uno de mis sitios preferidos en esta ciudad fundada con el pensamiento de un rápido regreso, que _aún hoy parece distante_.

Me gusta ir a ese bar/galería/teatro porque me recuerda una Habana que solamente conocí en la oralidad de mi tío/abuelo Sito, en la literatura de Cabrera Infante, en las canciones de José Tejedor, de Benny Moré, y de tantos otros extraordinarios músicos que la dictadura intentó borrar del patrimonio nacional.

Recuerdo las maravillosas conversaciones con esa persona tan especial que, con muy poca instrucción, solo terminó lo que actualmente “llamamos 6 grado” es la que más ha influenciado en lo que soy -un hombre con escasas virtudes e incontables defectos- un inútil cazador/coleccionador de sueños.

Sito, que se llamaba José Quiroga, me describía con un lenguaje cautivante, en medio a la ausencia de luz -interpreten esto literalmente- en ese tiempo que eufemísticamente llamaron Periodo Especial, una Habana maravillosa, deseo de cualquier turista en los lejanos años 50, antes de la mariconá tropical  _que desgració la patria_ cuando la isla florecía por encima de todas las demás naciones del continente “no solo económicamente” sino también con su música tan singular, que hasta hoy influencia al resto del mundo.

Fue en ese contexto, más específicamente en marzo de 1953, cuando Enrique Jorrín compuso esa genial canción "La engañadora", ustedes se preguntarán que tiene que ver, esa música, con Cuba 8. Si ya han visitado este místico lugar miamense, y si no lo han hecho _se los recomiendo_ sabrán que sus portales están adornados con caricaturas y pinturas de los mayores representantes de la cultura de ese archipiélago hecho pasado, y uno de los inmortalizados, es el autor de la ya mencionada composición.

Un día delante de la caricatura de Aristides Pumariega, que ilustra el texto de esa canción, comprendí que la genialidad de Jorrin, era solo comparada con las novelas de Julio Verne o las predicciones de Nostradamus, pues iban mucho más allá de la música, cuando compuso esa cubanísima canción. Quizás, por la ingenuidad de esa década, tan romántica, donde solo importaba la realidad -ni él mismo imaginaría- que su falsa chiquita, hoy camina en cualquier ciudad del planeta, con otro tipo de relleno, pero con la misma intención de engañarnos a todos. 

Si no concuerdan conmigo los invito a analizar el texto de su música: A Prado y Neptuno iba una Chiquita, que todos los hombres, la tenían que mirar -hasta aquí todo normal- cualquier hombre no resiste una torcida de cuello ante un femenino cuerpo escultural… Prosigamos: Pero todo en esta vida se sabe sin siquiera averiguar. Se ha sabido que, en sus formas rellenos tan solo hay-. Se dan cuenta, que Enrique fue un adelantado a los implantes de senos y glúteos, tan común en la actualidad. Creo que sus descendientes deberían reclamar derecho de autor por el uso de la silicona que ha poblado, no solo esta aldea, de más de una “engañadora”.

Ya han percibido, que muchas veces, cuando conquistamos esa mujer que parece perfecta, aunque soy totalmente contra la perfección, descubrimos que el plástico implantado en su cuerpo -para burla lo que la naturaleza o la genética le negó- nos hace sentir, como si estuviéramos haciendo el amor con una de esas muñecas de silicona, populares entre las personas ,donde su incomunicación, les impide el vínculo de realmente amar a una mujer con todos sus imperfecciones, pero real “más real” que el más perfecto de los sueños.

Antes de continuar, debo pedirles perdón, a esas conocidas -en algunos casos amigas- que más de una vez al recurrido al bisturí para transformar el cuerpo, que ellas mismas, no aceptan, frente al espejo, y que como un vicio continúan modificando, sin importarle, la impersonalidad de sus cirugías “pero debo ser sincero con mi personalidad” y asumo todos los riesgos y criticas posibles.

No tengo nada en su contra, pero quizás por ser un hombre antiguo -de aquellos que aún escribe poemas- prefiero la realidad del almanaque _la aceptación natural de la edad_ antes de la intervención de la ciencia, capaz de engañar “solo físicamente los ayeres” porque el tiempo biológico, aunque les duela, no puede cambiarse en un salón de operaciones. Como ya predijo el maestro Jorrín: Que boba son las mujeres que nos tratan de engañar”. Y también algunos hombres tan inseguros como los mañanas.

7 comentarios:

  1. Jajajajajajajaaaaa....ay Azuqui, este tiempo de corona como que te ha dado un despertón y estás hablaneando hasta por los codos! Ahora me viene una cnación que no sé de donde es; pero que llegó hasta la radio alemana: "No pares, sigue, siggue"!!! Un abrazo.

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  3. Jajaja Espectacular querido Javi, usted siga dándole duro al teclado, deje que Laurita coma y lo consienta, nosotros a disfrutar de sus letras.

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    1. ESCOMBROS HABLANEROS19 de mayo de 2020 a las 8:14

      Gracias a ti por leerme mi querida amiga.

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  4. Ha estado bien el tema, jaja. Fresco, agradable, reflexivo.

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