Son las 8:01 de la noche, acabo de llegar a
casa después de pasarme todo el día -inútilmente- reflexionando sobre el
destino. Somos capaces de imponernos a él o simplemente piezas de un juego de
ajedrez “llamado vida” que nos mueve a su antojo. Me gustaría tener respuestas
a esas interrogantes, pero la incertidumbre aparece donde debían amanecer definiciones.
Este estado de ánimo fue causado porque mañana
“21 de abril” se conmemorarán los 56 años de Brasilia, único -Patrimonio de la Humanidad-
edificado en el siglo XX. Quizás para ustedes que no tuvieron el privilegio de
desandar sus calles huérfanas de esquinas, será un día común _no para mí_ que viví
en esa ciudad con alma de Bandeirantes*, donde la anti-poesía habita más allá
de la política el tiempo necesario para entender su lenguaje.
Por mi cabeza pasaron a una velocidad muy superior
a 24 imágenes X segundo los lugares que más frecuenté: Las Librerías Cultura y
FNAC -únicos espacios donde sobrevive el español- La Biblioteca Nacional; El Centro
Cultural Banco do Brasil “CCBB”; El Cine de Arte Casa Park; el congreso
nacional -en minúscula como se merece- por su ausencia de verdades, en el cual trabajé
como traductor con el Escritor y senador Cristovam Buarque y en el que protesté
por primera vez en la historia de Brasil, junto a Carlos Rafael Jorge Jiménez
-miembro del MCL- contra la dictadura de los Castro; la Ciudad Satélite Núcleo
Bandeirante, en la que residí la mayor parte del tiempo que me tocó pernoctar
en ese espacio de concreto armado y muchos otros que no nombro para no alargar
la lectura.
Sentir falta de los abrazos brasilienses, duele
y produce una lluvia interior tan intensa como en aquella novela donde la
soledad parece no tener fin -les aclaro- que desde pequeño la llovizna incentiva
mi melancolía, quizás por eso la más bella de las palabras portuguesas
“Saudade” desgarra con mayor intensidad ese lugar que nadie ve “invadiendo todo”
ahora que la distancia y el tiempo tratan de apagar lo que en algún momento fue
mi cotidianidad -en el país que hoy más que nunca me pertenece-
Esa lluvia “solo mía” se esmera en dibujar la
tristeza más allá de los frontales. Es algo provocado por las soledades que anidan
en las alas del gorrión/pardal, por las
incertidumbres de quién siempre siente que le falta algo o que está en el lugar
equivocado.
Por haber vivido gran parte de mi existencia
en diferentes geografías, sé que la mejor manera de vencer los ayeres es
adaptándose lo más rápido posible a las costumbres que a partir de ese instante
formen parte de tu cotidianidad, algo nada fácil en esta lucha contra los
recuerdos.
Con el paso del reloj sobre mis sueños
–siempre difíciles- he aprendido que no vivimos una sola vida. Los países y
ciudades que en algún momento habitamos fueron un recomienzo -otro reto- quizás
una ventana que clausuraba el pasado o una rendija a la supervivencia, en el inevitable
camino que nos lleva a un único destino.
Brasilia fue sin duda ninguna -un renacer- cuando
todas las puertas de aquella otra capital bañada por el azul se trabaron entre
la política y los sueños a una velocidad muy superior a las quimeras de quien
pensaba que todos sus problemas se solucionarían, justo
después que el salitre preñado de mentiras se convirtiera en ayeres.
La primera impresión de lo que sería mi futuro
no fue la esperada por alguien que tenía demasiados deseos rotos -acumulados en
el inxilio- La ciudad me pareció un Alamar sin agua, a pesar de sus
construcciones híper-moderna “imagino que esto puede parecerles un absurdo” pero
el concepto de sus barrios y sus edificios me recordaron -salvando el
desarrollo- esa aberración habitacional al este de aquellos escombros donde los
mañanas aún parecen lejanos.
Solo con el paso del tiempo, y con la llegada
de nuevos amigos como José Humberto Mancuso “periodista/hermano” -que me mostró
la magia del portugués- Armando Lacerda, con el que hice varios filmes “algunos
premiados”; Antonio Soares Aragão, que me enseñó el interior de Goiás, especialmente ese
espacio inigualable llamado “Posada do Rio Quente”; Ignacio Villavicencio -cubano-
incansable promotor de esa cultura desde sus varios emprendimientos “siempre
menores a sus sueños” Recuerdo que el primero fue Boate Caliente -en la ciudad
satélite de Taguatinga- inaugurado por el grupo Raison “de mi hermano Luis
Emilio Ríos” el segundo Rincón Latino, en Asa Norte y el más duradero, y ultimo
Havana Café, también en Asa Norte; otro que merece ser recordado es Julio Cesar
Gonzales -también cubano-, el primero que confió en mí, dándome trabajo como
profesor de español, y muchos más que espero no se sientan menospreciados por omitirlos,
pero que ayudaron -tal vez inconscientemente- a ser más soportable la sequedad
de ese planalto/meseta que inexorablemente me
acompañará.
Todos esos hermanos extra-carnales aliviaron el dolor de habitar más allá de los espejos. Sin ellos nunca hubiese podido sobrescribir -la única forma que conozco de vivir-.
Todos esos hermanos extra-carnales aliviaron el dolor de habitar más allá de los espejos. Sin ellos nunca hubiese podido sobrescribir -la única forma que conozco de vivir-.
La tan criticada monotonía brasiliense nunca me
impidió vestir con palabras a las ideas que siempre me han atormentado, con la
única diferencia de que a partir de esa circunstancia nacieron en una lengua
hasta entonces desconocida, y que desde ese instante es la primera que habita
mis pensamientos.
Brasilia/DF -corazón burocrático- donde se
decide el destino de la nación, es para mí mucho más que ese arte imposible llamado
política, que insiste hoy más que nunca en usurparnos los mañanas con el corrupto
des-gobierno Petista, alejando a cada segundo el sueño “Del País del Futuro” profetizado
por Stefan Zweig, en el distante 1941.
Pero a pesar de tantas adversidades y traiciones
de la izquierda que han invadido la nación con su insaciable hambre de robar el
erario, sé que mi vida estará eternamente ligada a tí -BRASIL-.
*desbravadores.

Siempre espero algo escrito por Javier en su única forma de entregar..Gracias por esta.
ResponderEliminarQ lindo, Javier! Felicitaciones por tu texto.
ResponderEliminarTe envio um saludo especial desde Brasília..
Muy bueno Javier..
ResponderEliminarExcelente reflexión Javi
ResponderEliminarLo amé!
ResponderEliminarMeu caro Javier... você sempre com aquele jeito benfeitor provocando apareça Dona Saudade pousando aqui no ninho do coração...
ResponderEliminarQuanta lembrança guardo no peito e quanto amor na vida...
Brasília é e será aquele mágico refúgio aquele abrigo de luar extraordinário, aquela cidade atípica para cubanos, mais cheia de virtudes e boa Esperanza...e de pessoas maravilhosas que estão todas apertadinhas no lado direito na caixa do corpo...
Obrigado irmão...
Parabéns Brasília amada...
Que lindo texto, amigo. Encanta-me seu amor pelo Brasil! Abraços.
ResponderEliminarExcelente texto.
ResponderEliminarLindo lo que escribes mi Azuqui!
ResponderEliminarSi, siempre estaremos en deuda con aquellas tierras o personas que nos ayudaron en el preciso momento para crecer...Nos regocijamos con sus logros y no duelen sus infortunios.
Se te lee con placer. Gracias!
Un abrazo
Viva Brasil sin traiciones de ninguna naturaleza, linda tu saudade. Besos
ResponderEliminarHermoso Javier Iglesias
ResponderEliminarUn buen texto, aunque los dos parrafos finales cargados de una experiencia personal expresada en algo que desde mi lado me parece injustamente politizado en la distancia, pero como ya sabes, amigos no siempre tienen que concordar; estamos en el siglo donde tolerancia de ideas es el diario de las redes sociales.
ResponderEliminarJavier, tienes que publicar un libro que puede titularse "La distancia, la soledad, la nostalgia".
ResponderEliminarNo hay palabra que resuma la totalidad de lo bello que termino de leer,ni de la nostalgia que me invade,sobretodo por estos días,SAUDADE.
ResponderEliminarEsto me dió en la espina dorsal "la mejor manera de vencer los ayeres es adaptándose lo más rápido posible a las costumbres que a partir de ese instante formen parte de tu cotidianidad" Sé de eso también y trato de practicarlo a diario, pero ¡ay, los ayeres, amigo! Son difíciles de sacudir. Pero qué bueno.
ResponderEliminarLindas palabras para un momento tan triste de este maravilloso país.
ResponderEliminarJavier, muito lhe agradeço por lembrar de bons tempos vividos por nós, realmente foi um momento importante em minha vida. Boa lembrança, você é mais brasileiro do que imaginava.
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