Soy de una generación que creció acompañada
de vicisitudes, en un tiempo donde querían -aún quieren- imponerlo todo,
incluso la felicidad.
El primero de mis sueños frustrados
-increíblemente años después fue obligatorio- era tener una bicicleta, pero “Los
Reyes Magos”, quizás se perdieron en el desierto de la política, y olvidaron a
los niños de Cuba.
Entonces, apareció El Salvador de la Patria, con otra de sus aberrantes ideas. Decidió
cambiar el tradicional día de “Los Reyes” para otra fecha bien distante de la
religión y con un nuevo nombre más adecuado a los ideológicos tiempos que hasta
hoy perduran. Donde la única opción para sobrevivir era ser a favor o irse para
aquel lugar desde el que Rodrigo de Triana gritó mierda -perdón quise decir tierra-
Inventó que los niños -no sus hijos- por
supuesto merecían solamente tres juguetes: el básico, el no básico y el
dirigido, y que el orden debía decidirse en un sorteo anual, para según él ser
lo más democrático posible. Cómo explicar esa aberración a un niño que
simplemente quería su soñado juguete. Creo que fue en esa edad, donde empezó la
envidia, y chivatería que acompañaría a muchos de los que crecieron en medio a
la desolación de los deseos.
Recuerdo que la primera vez que mi abuela me
llevó a un psicólogo fue días después de ver la película francesa “El Tulipán
Negro, protagonizada por Alain Delon. El entonces considerado hombre más lindo
del mundo, hacia dos papeles: El del Tulipán, y el de su hermano gemelo. Cuando
el verdadero Tulipán es capturado y ahorcado, su hermano toma su lugar y sigue
repartiendo con los pobres lo que le robaba a los ricos.
En la ingenua imaginación de los niños del
Canal del Cerro, todos queríamos ser igual al Tulipán -era más divertido que
ser como el Che- Pero Yo, no podía parecerme a los demás, después de inventar
una espada de palo y una capa de saco de azúcar -regalo de Rafaela- que
trabajaba en la fábrica de guayaba al lado de mi casa. Nadie podría decirme que
no era el mismísimo Tulipán Negro. No veía la hora de salir de la escuela para
poder vestir mi indumentaria de héroe y repartir mortales estocadas contra los
que se negaban a compartir sus riquezas con los menos favorecidos.
Mi certeza absoluta de ser la reencarnación
del Alain Delon tropical me llevó al extremo de un día casi morir
-literalmente- Había cortado un pedazo de sábana y
con él me ahorqué en la ventana de mi cuarto para demostrarles a mis amigos
quién era el verdadero vengador. Por suerte mi abuela apareció cuando ya estaba
casi morado por la falta de aire, corrió hasta la sala y con una tijera, y contra
mi voluntad cortó la sábana. Al otro día me llevó a mi primera consulta con el
psicólogo.
Una mujer de bata blanca- creo que en
complicidad con mi abuela- quería convencerme de que Yo no era el Tulipán
Negro, pero ni ella ni mi abuela lo consiguieron, a pesar del castigo que me
impusieron por cortar la única sábana que tenía.
La duda sobre mi verdadera personalidad -era
eso lo que creía en esa época- surgió con una película japonesa llamada “Latitud
Cero”. En ella a un león, unos científicos le implantan un par de alas con las
cual podía expandir su dominio más allá de la selva, desde ese instante seria
el “El Rey del Cielo y la Tierra”. Ese hecho puso en duda mi capacidad de
Tulipán Negro poder competir con tal monstruo, por lo cual preferí mantenerme
el mayor tiempo posible dentro de casa, aunque para eso tuviese que inventar
mil pretextos. Al tercer día de no ir a la escuela, ya no sabía qué hacer para
justificar mi actitud. Entonces mi abuela me puso entre la pared y la
imaginación, y me obligo a confesar el verdadero motivo por el cual no quería
salir de casa.
_ Lo que pasa es que no quiero que el león
me cagué en la cabeza
_ Qué león estás loco
- El de “Latitud Cero”
- Qué “Latitud Cero” ni un carajo, ahora
mismo te viste y vas para la escuela.
El trayecto de mi casa a la escuela, lo
recuerdo como la mayor pesadilla que sufrí cuando niño. Al día siguiente, volví
a reencontrarme con aquella mujer de bata blanca -colaboradora de mi abuela-
Que insistía en que los leones no vuelan, quizás ella no habría visto la
película o su imaginación de adulto -la que nunca me ha habitado- la impedía de
ver la realidad.
Después de todo lo que les he contado ya
deben imaginar que soy de una casta que además de lo que ya saben, nos
inundaron con una programación del extinto campo socialista. Quién no recuerda
los muñequitos rusos de palos tan lejanos de nuestra idiosincrasia.
Entonces, no me pregunten por qué gran parte
de los que nacimos en esos años, somos tildados de personas no-normales. Ya es
suficiente como dije al inicio haber llegado vivo hasta aquí. No nos exigían lo
imposible.




Que gusto infinito leerte.. Javier, aunque debo decir no me acostumbro a ese nombre, me has remontado a Latitud Cero ! a la Ferretería donde coincidiamos a recoger los juguetes depues del insulto del bombo y los dias... No se debe olvidar para no cometer los mismo errores.. y tu, que tienes esa facultad de narrar tan especial, hazlo siempre. Me encantó
ResponderEliminarCómo espero quque escribas!!!....Si, Camino que teansito una generación.
ResponderEliminarCómo espero quque escribas!!!....Si, Camino que teansito una generación.
ResponderEliminarGran entrada Javier, “Los Reyes Magos” olvidaron a los niños de Cuba... me mataste.
ResponderEliminarEstupendo, flaquito!
ResponderEliminarAi. Dói a alma. Abraço bemmmmmmmmmm apertado.
ResponderEliminarCuantos recuerdos, Javier! Yo me creía la novia del Tulipán Negro, nunca corrí el riesgo que tú. Excelente escrito!
ResponderEliminarAy Javier cuantos recuerdos desempolvados.Yo también quise una bici, y of course no la tuve, siempre me tocaba el 3-4 dia...me debia conformar con el juego de yaquis, la suiza y alguna muneca pelandruja que nadie habia querido.
ResponderEliminarAy Azuqui, como me has hecho reir con tu cuento del tulipán y la sábana! También eso de que Los Reyes Magos se perdieron en el desierto de la política y nos olvidaron...me encanta cómo redactas!!!Yo también tuve mi sueño: Un cochecito de muñecas. Nunca lo tuve, primero eran los molotes y después el jodío sorteo que nunca me tocó; pero la bici la logré a los once porque mi papá era machetero de la zafra de los 10 Millones...y me pegué la cola y la espera. Ya para esa época andaban Los Reyes Magos en Belén con los Pastores y no me ilusionaban....pero hasta los 6 años estuvieron pasando por mi casa a comerse mi cake, fumarse el tabaco y darse el traguito de buén Matusalem y a dejarme de recompensa mis soñados juguetes. Es que yo nací un poquito antes, en el 58!
ResponderEliminarYo tuve una bicicleta comprada por mi madre a alguien que se iba del país, y la única vez que la monté me caí, me partí la cabeza, perdí el conocimiento y cogí tremendo trauma con las bicis. Tuve coche, pero mi sueño eran aquellas casitas de muñeca en miniatura que luego volaban en los diez primeros números. Pero tuve mucha suerte, heredé muchos juguetes de mi madre y tenía maravillas, "cosas de antes" que no se vieron más.
ResponderEliminarLa escritura es la pintura de la voz . Voltaire
ResponderEliminarLa pluma es la lengua del alma. Miguel de Cervantes
Me gusta leer siempre "tu alma pintada "
Yo era la princesa encantada de la espada del sol ...,tenia hasta la cinta del pelo jajajaajajaja era mi favorita
ResponderEliminarGracias por estas terapias, gracias por tanto humor, gracias bardo por tanta buena prosa.
ResponderEliminarQue manera de reirme
ResponderEliminarGracias por compartir, muy bueno
ResponderEliminarDe Javier Iglesias, escritor cubano.Delícia para nuestra generacion.História para otras.Eso, a través de lá literatura.
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