¿VALIÓ LA PENA?
Nos preguntábamos mi más que hermano Víctor
Fowler y yo en otra conversación/despedida
“algo casi infinito para los nacidos en
Cuba” acompañados de un café en Barnes
& Noble -ese espacio que parece otra isla dentro de Miami- Nos cuestionábamos por qué nos tocó de la sociedad del futuro solo las
pérdidas, las divisiones más allá de los apellidos. Quién se tomó la
prerrogativa de dirigir nuestro destino sin al menos preguntarnos si
concordábamos con las promesas que se rompieron antes de llegar ser realidad.
Mientras manejaba desde el último adiós hasta
el espacio que algunos llaman hogar esa interrogante no salía de mi ser. Los 20
minutos que separan el cotidiano del reposo siempre me parecieron infinitos,
porque eternas son las pérdidas de quien no pertenece a ningún lugar, y a la
misma vez es tan libre como el viento. Ese lapsus hoy transcurrió a una
velocidad muy superior a la permitida en el expressway que viajan las ideas.
Nunca he regresado a los inicios -ya perdí los
deseos de volver a Ítaca- y solo quien ha partido más allá de las consignas y
el hambre sabe la profundidad en que puede sumergirnos los recuerdos cuando nos
sorprenden desnudo allende la piel “frente a los espejos” en esta perdurable
lucha contra la inutilidad de los ayeres.
Lamentablemente no somos inmunes a los atardeceres
-todo pasado fue mejor- y ese lugar es el castigo inhabitado donde nos lleva la
insistente memoria, aunque tratemos de esconder detrás de cada sonrisa el dolor
que cargan las lejanías, las soledades y los fracasos tan comunes en una
generación que fue expulsada al mar _esa nada vestida de azul_ sin la menor
preparación para sobrevivir del otro lado de la irrealizable utopía marxista.
Fue inevitable no tocar en los años 80 -no
estamos locos- los recuerdos son tan palpables como la mujer que amamos. En esa
época salimos a la literatura con la ingenuidad de creer que podríamos
cambiarlo todos desde las letras, sin imaginar que mucho tiempo después nos
estaríamos preguntando cómo salvar esa memoria disgregada más allá del salitre.
A pesar de haber sido una década prolifera, en
la que surgieron muchos de los iconos que hoy la política de ambas orillas usa
a su favor o en contra -según les convenga- y otros tan talentosos o quizás más
que la cultura oficinal ignora, es desconsolador saber que de ese breve espacio
solo quedan unos versos escritos en la arena; un pedazo de canción esparcida en
el viento; un cuadro inacabado; una danza rota; un filme sin editar, porque la cruel
realidad no perdona -del arte se muere-
A esta conclusión solamente llegamos después
de haber vivido en la esquina opuesta a los deseos, donde más que todo faltan
los amigos -ese territorio indispensable para combatir la morriña- en un
espacio distante del que te alumbró, y que solamente nos dejó la posibilidad de
sobrevivir de acuerdo al tamaño del bolsillo.
No piensen que estoy triste o deprimido, es
simplemente el peso de los abriles y las ausencias que se multiplican allí
donde más duele. El primero que partió para ese lugar donde quiero creer no
habitan la política ni el dinero fue Jorgito García; tiempo después se le unió
Santiago Feliú -el tartamudo más genial de nuestros imberbes años- acompañado de
la poesía de Alberto Rodríguez Tosca y del también bardo Bladimir Zamora “ellos
no son los único que emprendieron ese viaje” pero quiero ahorrarme las lágrimas
de cada nombre. Esas pérdidas nos avisaron que era el principio del fin, el
irreversible destino que hasta ese instante nos parecía lejano.
Huir ante tanto dolor -una vez podría ser el camino-
la tentación del desespero, pero el tiempo “ciclón de las pérdidas” empieza a
removerlo todo y los miedos que los años acumulan te atan a tierra, aunque
navegar parezca otra vez preciso.
Quizás este grito convertido en palabra no
pasa de una percepción creada por la persistente llovizna que exacerba la
tristeza de esta isla interior transformada en silencios colgados en letras marcadas
por el hierro vivo de la nostalgia.
Después de tantos días pasados por agua, ayer amaneció
con un sol capaz de apagar la humedad de los recuerdos. Se prenunciaba un día espléndido
-y así fue- Recibí la visita de otro hermano de toda la vida José Antonio
Quesada _ese ser que quiso mirarse por dentro_ cuando todo el mundo quería
mirar más allá del horizonte.
Conversar con Jose -sin acento- en el más
típico hablanero, y rememorar instantes donde a pesar de las carencias que nos
impusieron éramos felices porque la amistad lo curaba todo -incluso la nada
como todo- fue el mejor de los regalos, y quizás la única respuesta a la interrogante
que inicia este texto.

Bueno...muy bueno
ResponderEliminarEs mi voz y son mis magnolias a traves de tus palabras Es un deleite leerte Gracias
ResponderEliminarFantástico azúcar, cuánta verdad vivida y ahora escrita.Cuántos recuerdos,cuántos sueños dejados a medio hacer, y cuánta geografía en medio de esta «nada».
ResponderEliminarPues yo cuentos los dias de volver a Itaca para morir en ella, estoy huerfana de cariños espacios vacios y conversar FB y cansada de comer te entiendo querido mio pero este no es mi lugar regresaré feliz... alli quedan todavía amigos amados que esperan mi regreso me encató tu escrito para reflexionar aun mas que Itaca es mi destino...
ResponderEliminarPues yo cuentos los dias de volver a Itaca para morir en ella, estoy huerfana de cariños espacios vacios y conversar FB y cansada de comer te entiendo querido mio pero este no es mi lugar regresaré feliz... alli quedan todavía amigos amados que esperan mi regreso me encató tu escrito para reflexionar aun mas que Itaca es mi destino...
ResponderEliminarExquisito. gracias.
ResponderEliminarMe encanto, así vivo totalmente dependiendo del sol, si es gris, duele la distancia y el reguero de amigos por todas partes sin la posibilidad de un abrazo , pero,siempre escampa.
ResponderEliminar"en esta perdurable lucha contra la inutilidad de los ayeres".... Meu lindo e gentil amigo, me emociona do jeito que amas minha terra, me encanta o jeito que usas as palavras para externar teus sentimentos...mas, me dói o teu doer de ausências. Abraço grande.
ResponderEliminarCoño Javi...entraste justo en ese jodido tema que hace brotar la fragilidad y la melancolía... y te confieso por aquellos abrazos que quedaron pendientes y sobretodo por aquellos que quedaron colgado el los recuerdos y que infelizmente ahí quedarán y desde ahí haremos nuestro homenaje...
ResponderEliminarAcabo de llegar de La Habana después de mucho tiempo de haberla abandonado y como te hace volar y amar esa ciudad... en fin hermano... no se si valió la pena ausentarse tanto... No pares de hablanear...
Mi abrazo...
Quedó claro, "eternas son las perdidas de quien no pertenece a ningún lugar".
ResponderEliminarConho Azuqui,que lindo lo que escribiste,me has transportado a mi loca adolescencia,a las descargas en La Casa del Joven Creador,a mis amigos que aunque no esten siempre estaran,a mis olvidadas risas a carcajadas por nada y por todo,a la irresponsabilidad sin fin, a la lectura rapida de un libro prestado,a las grabaciones en cassette de un disco ,al disfrute de mirar a los ojos,a caminar esa Habana que extranho porque fui feliz en ella,porque no volvera,conho Azuqui me hiciste llorar... Gracias...
ResponderEliminarYa no me gusta.
WOW Javi!!! Me gusta como transmites experiencia, sentires...
ResponderEliminarGracias por compartir.
A estas Alturas de la vida. Y de tanto vagar por ella en diderentes lugares del mundo , uno aprende a sentirse estranjero dentro de su propia tierra.. y a sentirse dueño del lugar que te acoje con cariño y amor.
ResponderEliminarComo buén arquero, mi dulce amigo, tocaste....Gracias por traduccir sentimientos que no puedo llevar a palabras! Un abrazo.
ResponderEliminarEmotivo texto de ese ser sensible que es Javier Iglesias. Me recordó una de la novelas que inauguran el Romanticismo: "Pablo y Virginia", la cual transmite a fin de cuentas la idea de que "del paraíso puedes salir, pero una vez que decides hacerlo, nunca más podrás volver a entrar en él".
ResponderEliminar"Quién se tomó la prerrogativa de dirigir nuestro destino sin al menos preguntarnos si concordábamos con las promesas que se rompieron antes de llegar ser realidad." Javier Iglesias
ResponderEliminarMuy bueno Javier, esta mañana acabo de despedir a un entrañable amigo y hemos estado reviviendo todas esas emociones que genialmente describes en este artículo. Un beso
ResponderEliminarCurioso leer esto a dos meses de partir 15 días a ver a mis padres en Cuba....hace 6 años que no voy, mi hijo de 5 años nunca ha estado, nació aquí en Francia. Todo eso y el nudo de sensaciones contradictorias, la mezcla de pena, de dolor, la ira y la ...ilusión ? Gracias de nuevo bardo
ResponderEliminarMi azukita de mi corazon,,,,como siempre buenisimo
ResponderEliminarAmigo Azuquita,
ResponderEliminarGracias por compartir tu fabuloso ensayo "La Humedad de los Recuerdos." Detecto en él tus sentimientos de amor por los amigos que se han perdido entre el tiempo y la distancia. Tu frase "eternas son las pérdidas de quien no pertenece a ningún lugar" refleja el presente y future que ha quedado para los cubanos: el desvarío de saltar de tierra en tierra y la terrible añoranza de escaper de la isla que adoramos y perdimos. Esa isla que nos vio nacer y a la que ya no pertenecemos, pero que eternamente nos persigue en "la humedad de los recuerdos."