El
fin de año de Tania Bruguera ha sido un peregrinar por las mazmorras de la
dictadura cubana. Su crimen, cuestionar con la más pacífica de las armas –una acción
plástica- si estarían dispuesto a aceptar una voz no unísona dentro de la
nación después del anunciado restablecimiento de relaciones diplomática entre
la isla y el hasta entonces considerado su mayor enemigo.
La
respuesta de los dictadores ya la conocemos, y está en la primera oración de
este texto, conjuntamente con la privación de libertad, la censura y la
descalificación moral/ciudadana sigue siendo el método preferido de los Castro
para quienes se atrevan simplemente a silbar de manera no permitida
dictatorialmente.
Tania
no entendió que para burlar las tiránicas prohibiciones se necesita mucho más
que talento, debemos armarnos de una paciencia inagotable y de cierta ingenuidad
que desvíe la atención de los censores de turno.
Esas
cualidades tan difícil de lograr -a mi modo de ver-, y desde la prudencial distancia
de los recuerdos, alcanzó su mayor esplendor con Celia Torriente, quizás
desconocidas para algunos. Es la autora de innúmeras canciones infantiles y
escritora del conocido programa “Tía Tata Cuenta Cuentos”.
Celia
además de alegrarnos nuestras tardes pueriles con sus bellas canciones, nos incubó
un mensaje subliminal que descubriríamos muchos años después, cuando la
pubertad era solo un recuerdo.
Hoy
sé que no había nada de inocencia en sus letras capaces de escapar de los
degolladores de sueños. Esas canciones que acurrucaron nuestra infancia con un
lenguaje tan simple y sencillo, donde generalmente se hablaba de solidaridad,
respeto y amistad. Valores que debemos inculcar en los niños, aprovechándonos que
su ingenuidad y pureza permiten moldear sus mentes y personalidad.
Si
ahora mismo, cuando la Bruguera sigue presa le pides a alguien de su generación
que cante alguna canción que le remonte a la más cándida de las edades, es muy
probable que esa canción sea “Barquito de Papel”, un clásico que ha pasado de
generación en generación sin perder su actualidad, pero que de ingenua no tiene
nada –si lo dudan- analicemos su texto.
Barquito
de papel
Mi
amigo fiel
Llévame
a navegar
Por
el ancho mar.
Como
podemos ver es un pedido de socorro, un S.O.S infantil, que puede o no
concretizarse en esa tierna edad como ocurrió con el niño/balsero que aquel
presidente también demócrata -será casualidad- devolvió al infierno.
La
supuesta inocente melodía continúa con:
Quiero
conocer
Amigos
de aquí
Y
de allá
Y
a todos llevar
Mi
flor de amistad.
No
sé ustedes, pero recuerdo que en el periodo de mayor escasez en la isla -allá por
los noventa-, si les preguntasen a muchas niñitas qué querían ser cuando
grande, respondían que Jinetera o sea desde pequeño eran mejores los amigos foráneos.
Celia
dejó la mejor estrofa para finalizar una de la más subversiva canciones
escritas en la isla.
Abajo
la guerra
Arriba
la paz
Los
niños queremos
Reír
y cantar.
Como
ven es una premonición de lo que ocurriría posteriormente con las infecundas
guerras a la que nos llevaría los Castro, que mismo en el ocaso de sus vidas se
niegan escuchar esa otra canción que dice: “Amiguitos vamos todos a exigir”.

Excelente! Y muy interesante no había reparado en los mensajes subliminales de nuestras canciones infantiles!
ResponderEliminarMe muero de la risa se te ocurren cada cosa.
ResponderEliminarBueno lo del barquito y la paz! ...y me viene a la mente este texto: " Amiguitos vamos todos a cantar, porque tenemos el corazón feliz" Entonces?
ResponderEliminarMuy bueno amigo..lo comparto.
ResponderEliminarGracias a todos por leerme.
ResponderEliminarJavi..acabo de leer tu texto.Realmente nunca me habia detenido en las letras d esas "inocentes" canciones infantiles.Me gusto mucho, no conocia o mejor no conozco casi nada de Celia Torrente y ya estoy lista a ratrear sus canciones y sus cosas..interesante!!!!!!!!!!!!!!!!
ResponderEliminar