La música es uno de los mejores antídotos
contra la nostalgia o saudade -palabra más linda del portugués- porque ese
sustantivo permite como aprendí en Brasil, país que hoy considero más mío que aquella
isla, “matar” esa morriña tan típica del exiliado, claro que eso casi siempre sucede
con la colaboración desinteresada de algún alma femenina, ayudada en la mayoría
de los casos por esa canción que nos remite a un instante -cuando el dolor
parecía una eternidad- o a otra que inevitablemente nos traslada a un tiempo
donde fuimos por una milésima de segundo felices -no olviden lo difícil- que es
competir contra un recuerdo.
Después de tantos años batallando contra ese estigma
que acompaña a todo proscrito he aprendido a sobrevivir más allá del último
acorde, porque la vida se escapa de cualquier melodía, y es eso lo que he hecho
desde que me vi forzado a tomar una vez más el camino de las aguas, de esta vez
por motivos totalmente diferente a los que me obligaron a abandonar el lugar
donde amanecí –accidente geográfico- y que hoy poco o nada me importa, ya que nacer
independe de nuestro deseo, pero apagarse es la mayor manifestación del libre
arbitrio –algunos la llaman eutanasia-.
Por ese motivo, siempre, que es lo mismo que
hoy –puedo parecer absolutista- pero es
la más pura realidad me considero –que es diferente a sentir- brasileiro y no oriundo
de aquel lugar donde todo es irreal, incluso el sueño de una sociedad
inexistente pero aceptable por los nativos de ese espacio aislado hasta por los
deseos.
Desde que llegué a esta ciudad –Miami- paraíso
de una nostalgia con la que cada segundo me identifico menos, pongo todas las
tardes al volver a casa en el CD del carro alguna música que me ayude a aplacar
la distancia del continente verde/amarillo que desde el primer instante sentí
mío.
Ayer no fue la excepción y coloqué uno de
Roberto Carlos –los viernes no sé por qué me pongo más sentimental- cuando mi
mente ya deseaba estar acostada en la arena, una de sus canciones –que he
escuchado mil veces- me hizo pensar en esa famosa frase que dice que todo ya
está inventado, que la vida es solamente una repetición en la cual algunos se dan
mejor que otros -esto quizás los distraiga- pero solo será por un breve lapsus
de tiempo y los ayudará entender la similitud de mis ideas. El Rey cantaba en un perfecto
español, que me sonaba extraño, después de tantos años escuchándolo en su
lengua materna, que quería tener un millón de amigo.
En ese instante quise ser bueno con las matemágica
para calcular cuántos años separaban su canción de la creación que hizo
billonario a Mark
Zuckerberg, justo por el mismo deseo/necesidad que todos sentimos de tener
amigos con quienes compartir amaneceres o tristezas.
Cuando
trataba inútilmente de que mi cerebro calcularse lo que nunca aprendió en la
escuela, esa otra parte de él que me domina me susurró: no seas bobo, eso no
importa recuerda que Eduardo Saverin, es cofundador del Facebook, y no por casualidad
brasileiro –eureka- con absoluta certeza Saverin ya conocía la famosa canción del Roberto Carlos, y utilizó los conocimientos
adquiridos, tan distantes de la música pero bien cercano de las finanzas para
convertir esa vieja melodía en el más fructífero
de los negocios virtuales. No olvidemos que hemos llegado al punto de que la
realidad solo importa cuando la virtualidad es parte inseparable de ella, y eso
lo percibieron primero que nadie los creadores de la mayor red social del
momento.
Al llegar a casa me asaltaban muchas preguntas
–siempre me sucede lo mismo-, será posible esa invención de mi
cerebro o solamente es una de esas pajas mentales que en nada ayudan al tan
necesario equilibro emocional. Pero, si fuese verdad, a qué porcentaje de los lucros de esa
billonaria inversión tendría derecho el Rey del romanticismo.
No
podemos obviar que somos nosotros los que mantenemos el lucrativo
negocio del nerd de
abrigo con capota y tenis All Star, que
de manera genial uso su problema de convivencia social
para hacer de su incomunicación la más rentable de las soledades.
Él sabía
que no era el único que prefería la compañía de la laptop, desde donde podría
mostrarse tal como desearía en un mundo donde la realidad es más cruel que
cualquier espejo. A quién no le gusta sentirse
popular, tener esa inmensa cantidad de amigos con los que soñaba Roberto Carlos,
en el lejanos 1974.
Claro
que con la creación de Zuckerberg/ Saverin eso es más fácil, podemos
sentirnos “Dios” y crearnos a imagen y semejanza de nuestros deseos. Por arte
de magia somos rubios/morenos/negros de cuerpos esbeltos y dos metros de
estatura -les aclaro que en mi caso estoy conformado- que no es lo mismo que
feliz con lo que la providencia divina me dio -no me queda otro remedio- después
de 50 observándome en el espejo del tiempo, pero a pesar de ser un mundo tan metafórico
como la canción solo puedo agradecer al trinomio Zuckerberg/ Saverin/Roberto
Carlos por la cantidad de amigos que he reencontrado en Facebook, que desde hoy
considero la representación más real que virtual, de una de las canciones más
populares del único país que considero mío.

Siempre espero tus publicaciones..que considero enriquecedoras..Me place leerte...gracias.
ResponderEliminarMuy bueno tu millón de amigos. Tengo un cuento exactamente sobre lo que dices en el último párrafo, se titula "Sí mismo". Es bastante breve, lo leemos en algún momento.
ResponderEliminarUn abrazo,
Gracias Javier, por esta bella reflexion, gracias a facebook por habernos hecho reencontrar y en fin doy gracias al grande Roberto Carlos porque realmente si no son un millon, muchos son nuestros amigos.Yo creo en la amistad y doy gracias a Dios por todos los buenisimos amigos que me ha regalado, por los que me esta regalando en este momento y sobretodo por los que me va a regalar.Lo demas como decia no sé quién...es palmas y canas!.Cleo
ResponderEliminarJavier me ha gustado mucho el texto, es intensa la manera como vives ese sentido de la permanencia, al fin y al cabo, ese es el cuño preciso de una identidad. Con todo me duele muchísimo que ese "accidente geográfico poco o nada te importe". Es que viniendo de ti, poeta y hacedor de palabras, duele hasta el infinito. Pero te quiero igual. Que nada perturbe ese cariño que te tengo, y de tantos años. Siempre tu amiga. Un abrazo!
ResponderEliminarAcertado!
ResponderEliminarpiensa en lo bueno que es tener mas de un pais y no te quejes tanto
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