La primera vez que comencé
a pensar que esta idea podría parir un texto, aún vivía en Brasil, donde espero
me llegué el fin. Hoy a miles de kilómetros del gigante sudamericano retomo ese
deseo de convertir en palabras aquellas imágenes que me invadieron desde el
instante que pisé su/mi tierra.
No es fácil llegar a
un lugar hasta entonces desconocido, sabiendo de antemano que no hay
posibilidad de volver a nuestros orígenes. Eso nos crea una angustia, que
solamente conseguimos vencer cuando encontramos una similitud entre la noche y
el presente - ya dejó de serlo - que somos obligados a vivir.
En mi caso, ese
imaginario puente fue construido al identificarme consciente y anticipadamente
con lo que sería mi futuro: El carnaval, un gusto que llevo desde la infancia, me
ayudo a insertarme de forma casi natural en el ritmo de vida brasileña. Son muy
poca - casi ninguna - las diferencias entre la cultura popular de mis países, y
quien me conoce sabe que esa siempre ha sido mi fuente de inspiración.
La comparsa “El
Alacrán” me dio esa fuerza tan necesaria en todos los inicios. Ella uno de los
muchos símbolos del lugar que me vio nacer - que orgullo tener la llave - algo que
complemento con mi Habanidad, ese sentimiento que llevaremos eternamente los
nacidos en la Villa de San Cristóbal de la Habana o
los que en algún momento tuvieron la dicha de poseer esa ciudad bañada por el
deseo.
En mi andar muchas
veces desgarrado por este planeta he comprobado que hay lugares que nunca
podremos olvidar porque son lo mejor de nuestra esencia, en mí por suerte hay
más de uno. Pero ahora quiero recordar esa leyenda que llena de inmodestia a
los Cerranos, y que a pesar de haber surgido en el barrio de Jesús María, allá, no tan lejos, en La Habana Vieja - otro pedazo de mí - en 1908,
no pasaba de ser una más entre las tantas que existían hasta su traslado para
el Canal del Cerro, alrededor del 1914, donde se convierte en el ícono que es hoy.
Esta mudanza provocada por una reyerta, la
palabra cierta seria despingación - pero es muy vulgar para algunos oídos - con los integrantes de la comparsa El
Gavilán, que les arrebataron y llevaron para su cuartel general en el barrio
del Torreón la figura del Alacrán.
Ese lamentable incidente decretó su desintegración,
hasta su resurgimiento a mediados del año 1937, cuando Santos Euligio Ramírez
Arango - en aquel tiempo llamado “El niño” - hizo gestiones con los adversarios
del Gavilán y consiguió la devolución del simbólico Alacrán con la condición de
que no fuera usado más en Jesús María, por causa de los problemas que traía la
rivalidad entre ambas agrupaciones.
Santos Euligio aceptó y trasladó la sede
hacia de la barriada que le devolvió la vida. Allí resurgió con un carácter más
artístico y menos sectario, entre otros motivos por el impresionante apoyo brindado
por la población del más enigmático de los barrios hablaneros.
El Alacrán, en sus inicios era exclusivamente
integrado por personas pertenecientes a la secta religiosa Abakuá, una
fraternidad compuesta en sus orígenes solamente por negros - otra forma de discriminación - Sin embargo
el grupo de asociados que formaban originalmente la comparsa eran blancos y se
denominaba: “Segundos Hermanos Blancos” - Ecori-Efo Taiba -
Desde sus comienzos tuvo, y aún tiene un
profundo soporte religioso. Consagrada a Yemayá, orisha que en el panteón
afrocubanobrasileiro - dos patrias tengo YO más allá de la noche - es la dueña
del mar, por ese motivo la gran mayoría de sus integrantes, visten de Azul que
es el color de su deidad patrona. También predominan los colores de la Bandera
Cubana, junto al sombrero de yarey, un filigrana esencial en su vestuario.
Hay muchos rituales dentro de la
institución, pero uno en especial siempre me fascinó. Antes del inicio del carnaval,
y para lograr un buen desempeño durante los festejos, se realiza el bautizo -
algo que merece otro texto - en el cual se interpretan canciones yorubas al
tiempo que los faroleros bailan y hacen girar sus farolas acompañados por el
Alacrán, salpicándolas con cervezas, en mis últimos años en Cuba, usábamos -
con el permiso de los Santos - Chispa de tren.
Una de las motivaciones que me llevaron a rescatar esta idea, que puede llegar a ser un pos-testimonio, es
haber soñado en la ausencia de mis terruños con uno de los personajes fundamentales
en la preservación de esa reliquia - patrimonio inmaterial - de mis recuerdos. Por
eso a partir de ahora haré un homenaje desde las ruinas de mis ayeres a los
fundadores de ese emblema.
El 16 de Agosto de 1975 - claro que la
fecha la cogí de internet - pues yo apenas tenía 12 años, aunque recuerdo ese día
como si fuese hoy, porque todo paró en el Canal, cuando se corrió la noticia
del fallecimiento, a la edad de 72 años, de Santos Euligio Ramírez Arango “El
Patriarca”, como era conocido - una de mis inolvidables remembranzas - Casi se
crea una crisis barrial, al imaginar que con su muerte se acabaría eso que ya
corría por nuestras venas.
Por suerte a los pocos días de su
desaparición - sólo física - se anunció, a su hijo Santos José Ramírez Ugarte -
con quien compartí más de una botella de ron - como director de nuestra querida
institución, función que desempeñó hasta su misteriosa muerte - ¿algún día sabremos
la verdad? - ocurrida 28 de Octubre del 2000, noticia que me entristeció, a
pesar de haberme llegado varios meses después en este exilio que todavía me
acompaña. Su viuda Regla María Fuentes Pérez - los mejores quimbombó con pollo
que comí, eran los de ella - asumió su dirección, hasta su fallecimiento, el 14
de agosto del 2001, cuando su hijo Santos Eduardo Ramírez García se hizo cargo
del legado de sus antepasados.
Todas estas palabras gastadas en la
pantalla, más que una deferencia, son un desahogo de alguien que se debate
entre el pasado y el amanecer, mientras la vida pasa y el carnaval no para.

Que excelente articulo querido amigo!
ResponderEliminarBuenísimo.
ResponderEliminarJa ja ja tengo una duda siempre digo despingazón y ahora tu escribes despingación igual suena muyyyyy cubano,,,
Abrazo.
Las dos formas son aceptas mi querido Gino.
ResponderEliminarExcelente! Me ha hecho revivir aquellos tiempos de tambor... xD, cuánta añoranza!
ResponderEliminarGracias Marlene por pasar por aquí.
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