sábado, 15 de noviembre de 2014

UN MILLÓN DE FACEBOOK


La música es uno de los mejores antídotos contra la nostalgia o saudade -palabra más linda del portugués- porque ese sustantivo permite como aprendí en Brasil, país que hoy considero más mío que aquella isla, “matar” esa morriña tan típica del exiliado, claro que eso casi siempre sucede con la colaboración desinteresada de algún alma femenina, ayudada en la mayoría de los casos por esa canción que nos remite a un instante -cuando el dolor parecía una eternidad- o a otra que inevitablemente nos traslada a un tiempo donde fuimos por una milésima de segundo felices -no olviden lo difícil- que es competir contra un recuerdo.

Después de tantos años batallando contra ese estigma que acompaña a todo proscrito he aprendido a sobrevivir más allá del último acorde, porque la vida se escapa de cualquier melodía, y es eso lo que he hecho desde que me vi forzado a tomar una vez más el camino de las aguas, de esta vez por motivos totalmente diferente a los que me obligaron a abandonar el lugar donde amanecí –accidente geográfico- y que hoy poco o nada me importa, ya que nacer independe de nuestro deseo, pero apagarse es la mayor manifestación del libre arbitrio –algunos la llaman eutanasia-.

Por ese motivo, siempre, que es lo mismo que hoy  –puedo parecer absolutista- pero es la más pura realidad me considero –que es diferente a sentir- brasileiro y no oriundo de aquel lugar donde todo es irreal, incluso el sueño de una sociedad inexistente pero aceptable por los nativos de ese espacio aislado hasta por los deseos.

Desde que llegué a esta ciudad –Miami- paraíso de una nostalgia con la que cada segundo me identifico menos, pongo todas las tardes al volver a casa en el CD del carro alguna música que me ayude a aplacar la distancia del continente verde/amarillo que desde el primer instante sentí mío.

Ayer no fue la excepción y coloqué uno de Roberto Carlos –los viernes no sé por qué me pongo más sentimental- cuando mi mente ya deseaba estar acostada en la arena, una de sus canciones –que he escuchado mil veces- me hizo pensar en esa famosa frase que dice que todo ya está inventado, que la vida es solamente una repetición en la cual algunos se dan mejor que otros -esto quizás los distraiga- pero solo será por un breve lapsus de tiempo y los ayudará entender la similitud de mis ideas. El Rey cantaba en un perfecto español, que me sonaba extraño, después de tantos años escuchándolo en su lengua materna, que quería tener un millón de amigo.

En ese instante quise ser bueno con las matemágica para calcular cuántos años separaban su canción de la creación que hizo billonario a Mark Zuckerberg, justo por el mismo deseo/necesidad que todos sentimos de tener amigos con quienes compartir amaneceres o tristezas.

Cuando trataba inútilmente de que mi cerebro calcularse lo que nunca aprendió en la escuela, esa otra parte de él que me domina me susurró: no seas bobo, eso no importa recuerda que Eduardo Saverin, es cofundador del Facebook, y no por casualidad brasileiro –eureka- con absoluta certeza Saverin ya conocía la famosa canción del Roberto Carlos, y utilizó los conocimientos adquiridos, tan distantes de la música pero bien cercano de las finanzas para convertir esa vieja melodía en el más fructífero de los negocios virtuales. No olvidemos que hemos llegado al punto de que la realidad solo importa cuando la virtualidad es parte inseparable de ella, y eso lo percibieron primero que nadie los creadores de la mayor red social del momento.

 Al llegar a casa me asaltaban muchas preguntas –siempre me sucede lo mismo-, será posible esa invención de mi cerebro o solamente es una de esas pajas mentales que en nada ayudan al tan necesario equilibro emocional. Pero, si fuese verdad, a qué porcentaje de los lucros de esa billonaria inversión tendría derecho el Rey del romanticismo.

No podemos obviar que somos nosotros los que mantenemos el lucrativo negocio del nerd de abrigo con capota y tenis All Star, que de manera genial uso su problema de convivencia social para hacer de su incomunicación la más rentable de las soledades.

Él sabía que no era el único que prefería la compañía de la laptop, desde donde podría mostrarse tal como desearía en un mundo donde la realidad es más cruel que cualquier espejo. A quién no le gusta sentirse popular, tener esa inmensa cantidad de amigos con los que soñaba Roberto Carlos, en el lejanos 1974.

Claro que con la creación de Zuckerberg/ Saverin eso es más fácil, podemos sentirnos “Dios” y crearnos a imagen y semejanza de nuestros deseos. Por arte de magia somos rubios/morenos/negros de cuerpos esbeltos y dos metros de estatura -les aclaro que en mi caso estoy conformado- que no es lo mismo que feliz con lo que la providencia divina me dio -no me queda otro remedio- después de 50 observándome en el espejo del tiempo, pero a pesar de ser un mundo tan metafórico como la canción solo puedo agradecer al trinomio Zuckerberg/ Saverin/Roberto Carlos por la cantidad de amigos que he reencontrado en Facebook, que desde hoy considero la representación más real que virtual, de una de las canciones más populares del único país que considero mío.  

6 comentarios:

  1. Siempre espero tus publicaciones..que considero enriquecedoras..Me place leerte...gracias.

    ResponderEliminar
  2. José Fernández Pequeño16 de noviembre de 2014, 7:38

    Muy bueno tu millón de amigos. Tengo un cuento exactamente sobre lo que dices en el último párrafo, se titula "Sí mismo". Es bastante breve, lo leemos en algún momento.
    Un abrazo,

    ResponderEliminar
  3. Gracias Javier, por esta bella reflexion, gracias a facebook por habernos hecho reencontrar y en fin doy gracias al grande Roberto Carlos porque realmente si no son un millon, muchos son nuestros amigos.Yo creo en la amistad y doy gracias a Dios por todos los buenisimos amigos que me ha regalado, por los que me esta regalando en este momento y sobretodo por los que me va a regalar.Lo demas como decia no sé quién...es palmas y canas!.Cleo

    ResponderEliminar
  4. Javier me ha gustado mucho el texto, es intensa la manera como vives ese sentido de la permanencia, al fin y al cabo, ese es el cuño preciso de una identidad. Con todo me duele muchísimo que ese "accidente geográfico poco o nada te importe". Es que viniendo de ti, poeta y hacedor de palabras, duele hasta el infinito. Pero te quiero igual. Que nada perturbe ese cariño que te tengo, y de tantos años. Siempre tu amiga. Un abrazo!

    ResponderEliminar
  5. piensa en lo bueno que es tener mas de un pais y no te quejes tanto

    ResponderEliminar