miércoles, 3 de abril de 2013

QUÉ HACER CON ESTE PASADO

Tantas veces me mataron,
tantas me morí,
sin embargo estoy aquí
resucitando.
Esta canción de María Elena Walsh refleja una de las anécdotas más curiosa y repetida en esta ciudad donde una de sus virtudes, es reencontrar a amigos perdidos en la nostalgia.
La primera vez que supe que me había muerto fue un domingo del año pasado, en un pequeño mercado de barrio, cuando acompañaba a mi cuñada. Mientras ella hacia las compras, percibí la mirada insistente de una persona de más o menos mi edad - para los curiosos, solo les diré que soy un hombre muy viejo, sin alas enormes - que al encontrarse con mis ojos y con mi cara ya empingá, se me acerca lentamente pidiendo disculpas, y me pregunta bastante asustado: Tú no eres Luisito, el del Canal de Cerro, al que le decían Azuquita; a lo cual respondo que sí. Ese señor, hasta entonces desconocido, deja caer todos sus víveres en el piso y me abraza diciendo: Coñoooo, entonces no te moriste. Soy Lázaro, Lachy, ¿no te acuerdas de mí?
Yo, que después de vivir durante muchos años en Brasil, lugar donde un cubano es un objeto de museo, perdí – inconscientemente - buena parte de la memoria, quizás haya contribuido para eso la lejanía de la cubanidad, no consigo reconocer ni acordarme del emisario que niega mi presencia. Además, estaba espantado al descubrirme anticipadamente difunto.
Después de reponerme de mi primer fallecimiento, y de exprimir mi memoria, ayudado por los datos que Lachy me proporcionaba, consigo, no solo recocerlo, sino también recordar algunas cosas que hicimos mucho antes de que la calvicie fuese mi futuro. Entonces le inquiero, con la urgencia de los balseros - aquí quedaría mejor el verbo sobrevivir - Cuéntame, cómo y cuándo morí. Me dijo que no recordaba quién le había dado la noticia, ni cómo había sido mi defunción. La imaginaba igual a la de Pillín, otro amigo de la infancia, perdido a los veinte años en ese cementerio marino de noventa millas, que separa el bien del mal. Nunca - palabra brutal - se rescató su cadáver ni se supo que tuviese una vida ultramarina, en esta ciudad donde la nostalgia es un aborto. Pillín, no pasa de un número más, entre los muchos desaparecidos que intentaron - aún intentan - huir de ese paraíso tropical llamado Cuba.  
Como saben, el tiempo lo apaga casi todo. Cuando ya había olvidado mi partida - esta locución es muy poética para lo cruel de su significado - coincido otra tarde dominical en una de esas tertulias, de las que ya escribí, en casa de Sindo Pacheco, con una mujer que me presentó mi hermano Manuel Vásquez Portal,  después de unas cervezas. Ella, Liesel Inmaculada - no me pregunten si lo es - que estaba acompañada de su madre, en un momento de la lectura me pregunta si yo tenía algún apodo en mi infancia. Cuando menciono el alias por el que me conocen mis amigos de antaño, su reacción y la su progenitora, fue idéntica a la de Lachy: Estas vivo, nosotras lloramos tu invisible cadáver. Descubrí que Liesel es aquella amiga con la cual compartí momentos apagados en una memoria fragmentada por el exilio y las ausencias.
La recordé con menos esfuerzo cerebral que a Lázaro, pues tuvimos una relación bastante cercana en aquellos años donde todo parecía posible en la Isla que extravió su mayor tesoro entre la política y el odio - aunque eso solo lo supimos mucho tiempo después -
Ante la insistencia de la guadaña por negarme la existencia, decidí asumir mi expiración de la misma manera que los mejicanos se relacionan con ella. Entonces indagué  con la experiencia de un muerto-vivo, incluso alegrándome por la posibilidad pocas veces real de ver la reacción de los amigos, antes una muerte ya más que anunciada, que me diesen detalles de mi ida al más allá - por suerte fue al más acá - Ellas repitieron casi la misma historia de mi primera expiración. Que alguien había dicho en el barrio, que yo había muerto en una balsa tratando de abandonar el país.
Creo que ese alguien - persona indefinida - no me conocía lo suficiente para inventar semejante historia, porque debo confesarles que si de una barcaza dependiese mi pasaporte al futuro, aún estaría sentado en el esquina de Florecía y Buenos Aires, bien distante de ustedes y, con certeza, pensando en cómo llegar hasta aquí, y no a la inexorable sombra, que algún día - espero que falte mucho - nos alcanzará.
Foto tomada de internet.

10 comentarios:

  1. Ya lo dijo otro poeta...Eliseo Diego...muerto de risa....entonces hermanos ser sobreviviente de ciertas lenguas tiene su Tumbao..Estás acá y aunque no escribes con la frecuencia que uno quiere..no importa... EXISTES...para bien de los amigos.

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  2. Gracias mi querido Salva, y mira que aún no nos conocemos.

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  3. Santos y buenos días- dijo la muerte, y ninguno de
    los presentes la pudo reconocer. ¡Claro!, venía la par-
    ca con su trenza retorcida bajo el sombrero y su mano
    amarilla en el bolsillo.
    Javy y su muerte , recordando el Cuento adaptado de Onelio Jorge Cradoso : Excelente cronica y estas vivo , para deleitarnos con tus letras , y a cuantas travesias para llegar a nuestro Miami , y a tantas travesias dentro del ya Miami , creo que quede claro que para usted la muerte solo en la imagineria pues le queda mucho por hacer !! .. Saludos Mi buen amigo !

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  4. Luis González Ruisánchez3 de abril de 2013, 17:58

    Javier, excelente texto, no había leído estas cosas tuyas ni conocía tu blog. Me alegro ahora haber dado con él. Un abrazo

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  5. Gracias amigo. Fue un placer escucharte de viva voz esta crónica el pasado 28 de marzo. Abrazos. Omar Mederos

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  6. Esta historia forma parte de la tragedia y el imaginario real-surreal, no de una isla en peso, sino de la que flota a duras penas. Javi querido, no me enteré de tu antigua muerte porque zarpé temprano y sin despedirme de los amigos, pero a Dios gracias porque hubiese sufrido mucho una noticia de aquellas.
    Aún Celebraremos entre los vivos por algunas décadas!
    Un abrazote enorme!

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  7. Menos mal que fué uno de los tantos chismes que corren de boca en boca,cuando no se sabe el paradero ni la historia real(esa que sólo se la contamos a los íntimos)Yo no me enteré de esa porque salí primero que tú y cuando regresé ya no estabas y nadie sabía de tí...o por lo menos los pocos que quedaban o los que se atrevían a hablar con la que se casó con el alemán federal,para los demás...bueno ya te sabes la historia!O te la tengo que tener también pendiente como la del día antes de la boda?En fin querido,gracias a Dios que no te dió por buscar la parca en una barca(se lo tomo prestado a JMS)y quedar enredado en el fondo del estrecho,como sé que hay muchísimos y entre ellos dos conocidos míos.Lindo lo que escribes,de cierta manera he vivido situaciones parecidas,pero muy lejos de acercarme a la muerte,es que levantas una piedra y hay alguien que te dice:"Chico,a mi me parece que te conozco!"Me encanta lo que escribes,siempre me sorprendes,lástima que últimamente lo hagas tan poco.Un abrazo

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  8. Maria de Lourdes4 de abril de 2013, 7:57

    Nem sempre a morte é verdadeira ou real,pode ser uma morte fictícia...nesse caso o bom é saber que você está vivo e retornou das cinzas como um pássaro livre e solto por isso está aí escrevendo e continuará usando dessa imaginação fazendo quem lê sentir o que é capaz de entender.Bjs

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  9. como decia abuela:" los muertos que vos matais, gozan de buena salud" vive el blog, vive azuquita!!!

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  10. Te felicito, Azuquita. Tienes azucar en la pluma, y de la buena. A pesar de lo que siempre dices, yo creo que tu eres y seras siempre un segnor muy joven con unas alas que te cubren, de tan enormes.
    GG

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