miércoles, 24 de abril de 2013

EL SAMURAI IMPROPIO


La memoria es la materia prima del escritor, sin ella no existiría nada de lo que después de aquella solitaria lucha contra la pantalla en blanco, puede – en algunos casos – llegar a convertirse en relatos que muchas veces parecerán ficticios para los lectores que no consigan entender la fuerza de los recuerdos. Creo que es bueno decirles, que no hay mayor ficción que la realidad, esa que hoy alcanza dimensiones inimaginables a pocos años atrás. No olviden que la otra - virtual – pasó a ser parte de nuestro diario acontecer.

Casi siempre el cotidiano de los lugares menos favorecidos es la mejor inspiración para cualquiera que tenga motivaciones literarias. He aprendido a observar – que es diferente a mirar - que en esos lugares es posible encontrar personas capaces de formar parte de cualquier novela surrealista, tal vez la singularidad de esos sitios hace de sus habitantes seres casi literarios.

Mi barrio – ya saben su significado - es conocido por ser uno de los más pobres económicamente y de los más tradicionales y rico cuando hablamos de manifestaciones de la cultura popular. En ese territorio – dueño de la vida y de la muerte – surgieron artistas e intelectuales que han trascendido las fronteras del Canal por la fuerza de su talento - atributo personal - en un país que reniega la individualidad como un genuino medio de expresión. Junto a esos famosos existen personas comunes cuyo mayor aptitud es enfrentar la cotidianidad de una manera peculiar, y eso los hace diferente al resto de los mortales.

Sissi – increíblemente nunca supe su nombre – quizás en aquellos años eso no fuese importante, o inconscientemente ya era parte de la historia que lo convertiría en texto. Es uno de esos personajes inolvidables de aquel lugar que siempre me ha acompañado.

Fue/es, de aquellos amigos imprescindibles en cualquier tiempo. Compartimos momentos en el más ingenuo periodo de nuestras vidas, que llamamos equivocadamente de Adolescencia. Sepan que ahora adolezco más que ayer.

Era – la gran duda del exilio es no saber si aún es – un negro de casi dos metros de altura, gordo y sin diente. Impresionaba a cualquiera que no lo conociese por su físico, pero todos sus aseres sabíamos que era incapaz de matar una mosca, pues era – aquí prefería usar el verbo en presente - una de las personas más noble que he conocido. Sé que muchos ya se preguntarán qué lo hace merecedor de formar parte de la galería de personajes celebres del más folclórico de los barrios habaneros.

Una de las peculiaridades de ese Negrón con apodo de emperatriz es haber sido, junto al ya abordado en otro texto - Frankenstein - uno de los rockeros más famosos de un lugar donde ese tipo de música no era ni es de las más preferidas por sus habitantes. Como era más joven que el monstruo muchos decían que era su discípulo, aunque no tenía el rostro desfigurado, su orfandad de diente le proporcionaba – esta no es la palabra cierta – un aire tenebroso muy parecido al de su guía. Pero no es de esa característica de la que hablaremos hoy, y si de otra que lo convirtió en un mito entre los adolescente del barrio, y en el terror de muchas mujeres.

Dicen que de adulto no somos más que un reflejo del medio donde nacimos/crecimos. Sissi, al ser abandonado por su madre, fue recogido por su abuelo con quien compartía un pequeño cuarto en un solar enfrente a la fábrica de guayaba, en la calle Florencia entre Buenos Aires y San Anselmo.

Para lo que desconozcan la vida solariega, les explicaré que en la mayoría de los solares los baños eran colectivos. Esa característica unida a la libertad sexual del cubano – más específicamente del cerrano – hizo del pequeño niño un especialista en observar por cualquier rendija que se le apareciese en su frente. Mientras era un imberbe, este hábito causaba risa. Risa que a los pocos fue transformándose hasta colocarle otro apodo, este peyorativo: Recabuchador.

Por ese motivo, gran parte de sus vecinas evitaban bañarse hasta comprobar que el matador de la mirada indiscreta, se encontraba ocupado en otros huecos, aunque debo comentarles que existían algunas que preferían ser observadas en las plenitud de su desnudez, y que cuando creyeron que era la hora, nos enseñaron generosamente los caminos del placer, cosa que agradezco eternamente a esas heroínas exhibicionistas.

Sissi se llevo toda la mala fama que no merecía, sin chivatearnos – con esa ética barrial que hasta hoy nos acompaña – mismo sabiendo, quizás orgullosamente que compartió y nos adiestró en el arte del inoportuno mirar, en ese edad donde una mano se desarrolla más que la otra, pues todos en algún u otro momento descubrimos del otro lado de la hendija aquel cuerpo desnudo que tanto deseábamos.

Puede ser que algunos moralistas se insulten, y hasta denuncien este texto. Si esto sucede a ellos les recuerdo, que el reloj es el mejor de jueces, y gracias a él descubrí que esta historia no es privilegio personal, pues después de haber vivido en más de un país, escuché muchas anécdotas que podrían haber ocurrido en esa barriada que hasta hoy me deja orgulloso, pero que sucedieron en lugares tan distante que ni la impropia mirada de Sissi – entiéndanlo como nombre generacional – imaginó ni pudo alcanzar.

Por eso creo que en este preciso instante algún adolescente se encuentra mirando por un orificio donde quizás te encuentres.

9 comentarios:

  1. Como de la crónica y ese justificar al matador..desde el Cero a otros salones mas o menos elegantes...bueno esto...un abrazo

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  2. Me escandalizo tanto que me lo llevé!! jajajaja... el Cerro tiene... ya ni sé, pero tiene!! Lindos recuerdos de nuestro barrio!! Gracias mi Azúcar!!

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  3. Que rico todo, el lenguaje, las anècdotas, esos recuerdos que son parte de la vida.

    Abrazo.

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  4. Javier, me hiciste recordar el barrio y me he reido con mi hermana y mi mama un monton. mi mama desconocia esta faceta de Sissi y yo a pesar de haber vivido en el cerro me acabo de enterar que los solares tenian banhos colectivos, me recordaste al "monstruo de la onda" o como dijiste "Frankenstein", tremenda persona que EPD. Hermano ya vendre por tu blog mas a menudo y ya puedes publicar en mi perfil.

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    1. Frankenstein se llamaba Mario Lopez Miranda .le deciamos los mas allegados Mayito E P D

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  5. Maria Teresita Clavijo30 de abril de 2013, 12:16

    Wohhhhh recorri mi infancia y Si nuestro grand sisi, ,Asi lo llamamos. Sisi,se llama Juan candelario

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  6. EL MORSA, MELON',... asi le decian ,se acostaba en la sala de mi casa a coger fresco ,lo recuerdo con mucho carino,estuvo en una de las etapas mas lindas de mi vida

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  7. Me traes recuerdos del barrio...muchos . Te doy gracias.
    El Gabo.

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  8. Tremendo tipo yo lo conozco vivo a dos pasillos ,un buen hombre ,honrado ,divertido ,mis respetos ,el viejo sissi carajo y como el muchos más

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