miércoles, 15 de agosto de 2012

MIS ÍNTIMAS ALEJANDRÍAS


Siempre me han gustado los animales, exceptuando algunos racionales - no me pidan sus nombres - Creo que ellos y los niños representan la pureza, que inexorablemente perdemos en el incesante, y muchas veces cruel andar, por este Universo cada día más limitado - ya sé que esto puede parecer una contradicción - pero no debemos olvidar que los extremos son el punto más cercano entre el atardecer y los sueños.

Los perros son mis preferidos, y sospecho que ese gusto es algo endémico entre los que tienen las letras como endemoniado oficio, pues Vinicius de Moraes, con ese típico humor brasileño - tan parecido al nuestro - los usó como comparativos en una de sus geniales frases, al decir: “El whiskey es el mejor amigo del hombre, es el perro embotellado”, algo con lo cual concuerdo plenamente.

Podría ahondar sobre esa fidelidad, pero ya se ha escrito demasiado de las virtudes caninas - mucho mejores que las nuestras - y esto es solo una analogía para entrar en otro tipo de lealtad, tan o más grande, que la ofrecida por los mejores amigos del hombre.

Ya les diré cuál, aunque antes deben saber que son las tres de la madrugada, y mañana - que ya es hoy - debo ir a trabajar o mejor dicho a otro tipo  de trabajo - no sean malpensados - pero las letras que aún son imágenes me impiden salir de este diminuto punto donde dejo escapar los secretos guardados bajo la angustia.

Ahora les revelaré, una - las otras aún me las reservo - de las causas de mi insomnio. Por diferentes motivos, me he visto obligado a sobremorir - que también es una manera de vivir - entre varios países, y lo que más me ha dolido es haber dejado en cada uno de ellos una biblioteca - la única construcción que sale de mis manos - En esos espacios han quedado pedazos de mí, los hijos que no he tenido - que nunca tendré - y que a los pocos iba sustituyendo por libros, que hoy son los huérfanos de mis ojos.

Pero hoy - ese tiempo efímero - al iniciar la lectura de una nueva novela, sentí disminuir ese dolor. Percibí que a pesar de los inevitables cambios a los que somos obligados a enfrentarnos los desterrados, siempre tratamos de mantener la misma rutina - como ejercicio de sobrevivencia - sin importarnos los lugares o las distancias que nos habitan.

En ese andar de soledades, una de las mejores habilidades, quizás la más importante entre los que sufrimos el azote de las letras, es sembrar la mejor de las cosechas en todos los países que nos habitan, parece que nuestro destino es edificar abstractos espacio, esos que se escapan a la lógica de la física.

No olviden, que los libros representan un territorio libre de cualquier frontera. Ellos son el puerto seguro que tanto necesitamos, cuando nos sentimos inmensamente inferior a lo que quizás - tal vez no - seamos. Son el eterno auxilio, que nunca nos abandona.

Su mayor valor radica, en llenar, o al menos aplacar el vacío provocado por el destierro. Más allá de cualquier frontera, nos dan la seguridad de pertenecer a un espacio tan indefinido como la ficción - la verdadera patria del exiliado - un lugar de donde nadie podrá expulsarnos, ya que nada existe después de la ausencia. Sus páginas siempre serán nuestras. Son el mejor antídoto contra el eterno desierto del proscrito.

Por eso cuando salí de aquella isla que aún reside en la nostalgia, y donde solo dejé un tesoro - ya saben cuál - decidí reconstruir lo único que sé hacer - los ladrillos me son ajenos -  para mantenerme ligado al último espacio de mi país - no sé si aún  puedo llamarlo así - que no me desterró.

Estar lejos de mis libros - tan deseados como la mujer amada - ha sido el mayor de los castigos. Solo no imaginaba que esa experiencia se repitiese varias veces, y ahora, que continúo pensando en varios ayeres, recomienzo como desterrado de muchos pasados, como aprendiz de las palabras, la reconstrucción de otra biblioteca, que tal vez sea la misma, la que nunca me ha abandonado, ese refugio que no consigo ubicar en ningún lugar, porque está dentro de mí.

11 comentarios:

  1. Eso nos pasa a casi todos. Juan

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  2. Un abrazo al poeta, y muchos a su palabra- Gracias por esta intimidad compartida. Teresa.

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  3. muy emotivo; intenso somo un grito del alma que se nos escapa...gracias, javier.

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  4. Buena mirada por dentro Azuquita, Abrazo hno. Queve.

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  5. Hermosa reflexión, Javier, tienes razón: nadie nos va expulsar nunca del mundo de la imaginación y de los sueños.

    abrazos.

    Sindo

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  6. Excelente reflexión hermano¡¡. Aunque no es necesario sentirse desterrado para anhelar o necesitar un libro, una historia inquietante o unos versos que nos sobresalten de asombro y misterio, entiendo ese poder acompañante y gratificante que poseen. Lo que me resulta maravilloso de tu viaje es esa experiencia de apegos y desapegos, el poder para no sentirte derrotado y reconstruir con vehemencia tu espacio de pertenencia más sagrado, ese territorio imaginario que encarna en biblioteca y termina por convertirse en tu identidad...Por lo demás, pienso en la belleza de la experiencia del destierro (que no solo ha inspirado este texto) sino la experiencia germinativa de autoconocimiento, de autoempoderamiento que nos regala.
    Va un abrazo entrañable
    Julio Fowler

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  7. Fantastico, continua escrevendo quando sua alma grita...bjs

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  8. Pensamiento humano de nostalgia, siempre vive en todos los que hemos tenido que tomar otros caminos. Gracias, Javier

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  9. La humildad de desnudar esos secretos te hace mas puro

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  10. Amigo esto es un canto al ser universal, un canto a las mas meras cosas necesarias de un poeta .Un abrazo y sabes hiaces brotar en mi cosas guardadas Javi, gracias por recordarme que deje mis tesoros, algun dia los encontrar
    emos nuevamente. Y tu como captain llegaras y piratearemos en la Habana que nos dejo partir pero no nos olvida, sus mas añorados recuerdos. Y a Lilian Perez, la ponemos de cocinera en el barco.

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  11. Javier, HERMOSO Y EMOTIVO, así con mayúsculas. Esa idea del libro como único puerto está genial .... y también como el único espacio que nos es común a todos. Gracias por tan lindas palabras sobre ese sabroso vicio compartido. Un abrazo. Viky

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