miércoles, 16 de mayo de 2012

DESDE EL SILENCIO DE SUS OJOS


El Cerro siempre estuvo lleno de personajes folclóricos desde sus inicios. Lo que la gran mayoría desconoce es, que en ese territorio inicialmente aristocrático, y luego transmutado en el más marginal de los barrios capitalinos, nacieron o vivieron muchos intelectuales que nadie podrá borrar, incluyan los que hoy están ausentes - que no será para siempre - de la geografía cultural de la nación.

Allí, Portocarrero descubrió los encantos de la pintura; Kid Chocolate encantó al mundo con la excelencia de su boxeo. En él, Alberto Tosca esbozó sus primeras canciones; Rubén Sicilia escribió sus incipientes obras experimentales; mientras Susana Pérez nos embrujaba con sus bellos ojos; sin olvidar que Coralia Fernández y Ramón Veloz nos alegraban todos los domingos con sus improvisaciones. En la literatura, Emilio García Montiel; Víctor Fowler e Ismael González Castañer; entre otros nos ofrecían sus imprescindibles versos. Pero no es de ninguno de ellos que quiero escribir y si de alguien que creo nunca tuvo el reconocimiento que merecía.

Casi al final de mi infancia descubrí, que el negro ciego que paseaba todas las mañanas, vistiendo impecable traje y corbata, bastón en mano, siempre ayudado por su eterno acompañante - que el chisme barrial decía ser otra cosa - por la calle Magnolia, paralela a la mía, y con las mismas entrecalles. Era esa voz fabulosa que mi abuela escuchaba en la radio, pero que Yo, con la típica rebeldía de la adolescencia me negaba a reconocer como una de las mejores que ha existido en nuestro país.

Solamente algunos años después, cuando me cansé de tanta música extranjera, y empecé a valorar el pasado que nos habían ocultado, con el objetivo de construir el hombre nuevo, decidí aproximarme a ese Stevie Wonder cubano – como ven a pesar de los abriles lo foráneo aún me persigue – pero ahora estoy consciente y feliz por eso.

Tejedor, que tenía la capacidad de hechizar a cualquiera, que se le acercase – y no eran pocos – ya que desde el silencio de sus ojos, las palabras salían convertidas en música. Fue capaz de mostrarme, y de convencerme de la autenticidad de artistas de un tiempo lejano, pero que empezaban a interesarme de una manera inexplicable.

Con él, descubrí que existían otros fabulosos y olvidados cantantes de un ayer, que en aquellos tiempos me parecía muy distante, y que gracias a la tradición popular ninguna política pudo borrar. A pesar de la perversidad de algunos innombrables funcionarios que en esos años insistían en querer negar un pasado extraordinario, y hasta hoy inalcanzado por la discografía nacional.

José – pocos lo llamaban así - abrió mi horizonte sonoro a la mejor época de la música cubana. Gracias a él, descubrí a Barbarito Díez, con su inigualable voz y sui géneris manera de cantar; a esa afinación llamada Esther Borja, y a muchos otros que lamentablemente fueron borrados de la historia musical de un país, que desde sus inicio demostró su excepcional musicalidad. Él, que a pesar de la ausencia de luz, veía mucho más que los que lo rodeaban, expandió mi curiosidad no sólo a la música de esos años, pues sus anécdotas me hicieron cuestionar un presente que criticaba toda su anterioridad.

En mi acercamiento a esa melodía de increíble humildad, una cosa siempre me intrigó, y por eso le pregunte: cómo en sus diarios paseos, podía reconocer: al carnicero; al bodeguero o al panadero del barrio sin ellos haber abierto la boca. Con la calma, y la elegancia que lo caracterizaban me respondió: Que había aprendido a interpretar el silencio. Su respuesta hasta hoy me sorprende, pero debo reconocer que es su mayor verdad, pues antes de tocar su puerta, me decía: Pasa Azuquita, te estoy esperando.

Recuerdo muy bien el día de su muerte, pues en un lugar como el Cerro las noticias corren mucho más veloces que la luz. Nieve, mi vecina, me llamó – para ser justo me gritó – avisándome de lo ocurrido.

Quería terminar mi pos-testimonio con la fecha exacta de su fallecimiento, pero como la memoria es la más traicionera de los espejos, preferí usar todos los medios de investigación que tenemos a nuestro alcance; y descubrí, no sin cierto asombro que solamente aparece el mes noviembre de 1991, sin fecha específica. Ahora tengo absoluta seguridad de que sino fuese por la memoria popular, una parte de nuestra historia moriría en ese silencio tan opuesto a su vida.

Al menos para mí, él nunca ha muerto.

video

24 comentarios:

  1. Excelente retrato de un artista que sentó cátedra.

    ResponderEliminar
  2. Camilo Venegas Yero16 de mayo de 2012, 15:31

    Asere, usted es un monstruo. Lástima que también sea industrialista.

    ResponderEliminar
  3. Mayra Del Carmen Hernandez16 de mayo de 2012, 15:33

    Fui, soy y seré siempre fiel admiradora de Tejedor. Incluso me traje sus canciones en CD. Gracias, Javier, por recordármelo.

    ResponderEliminar
  4. A veces los aficionados a la musica nos ponemos a buscar y aprender musica extranjera por el hecho de que a veces el sistema nos hace apartarnos de esas cosas y tal vez a ver nuestras raices con otros ojos, pero creo que no pueden existir artistas que se puedan llamar asi mismos artista cubano si es un iconoclasta, creo que cuba es uno de los paises con mas diversidad y calidad musical de America Latina, tubimos muchos logros y un ejemplo claro es la obra de este hombre, y creo que a gran medida los seguimos teniendo saludo a cuba, a sus musicos y artistas en general con mucho respeto.

    ResponderEliminar
  5. Ay compadre, eso lo cantaba mi papá mientras levantaba una pared de cantos o ponía un piso de mosaicos.
    Gracias por no dejar en el olvido a los grandes.
    Abrazo.

    ResponderEliminar
  6. Bravo Azuqui!!!Bello lo que escribes!Un abrazo.

    ResponderEliminar
  7. tejedor y luis, duo favorito de mi padre; uno de los mios, tambien. gracias, javier, por la memoria.

    ResponderEliminar
  8. Mayra Del Carmen Hernandez17 de mayo de 2012, 14:02

    Yo tenía todos los datos de boleristas de mi preferencia, entre ellos poor supuesto, de Tejedor. en primerísimo lugar. pero dejé todo eso en Cuba. En fin. Y le escribí a un amigo mío, director del programa La Victrola, de Habana Radio, y ya él me dio el dato de la muerte de Tejedor: 4 de noviembre de 1991. Saludos míos y de Waldo también. Siempre te sigo por Facebook.

    ResponderEliminar
  9. Juan Carlos Rivera Quintana17 de mayo de 2012, 14:04

    Javi todavìa me parece escuchar a mi madre, en su radio ruso Selena, escuchar aquella canciòn que gastaba Radio Marianao y que decìa: "Me abandonaste en las tinieblas de la noche y me dejaste sin ninguna orientaciòn y con tus besos sepultaste aquì en mis labios el dulce amargo de la desesperaciòn (...)". Sòlo ella y Tejedor lo cantaban con la tristeza de la separaciòn y la desesperanza. Gracias por tu crònic, saludos juancarlos

    ResponderEliminar
  10. El reconociemiento es una gran virtud...
    y aqui se hace efectivo, Gracias por tan lindo recuento y por hacernos recordar uno mas de nuestros tantos hombres que hacen el orgullo de nuestra isla. Ana Mary

    ResponderEliminar
  11. Fabuloso, gracias por compartir!

    ResponderEliminar
  12. Cuantos recuerdos! Gracia por tan exelente reconocimiento a nuestro inolvidable Tejedor. un Abrazo Javier
    Sarita

    ResponderEliminar
  13. Milagros Alonso de O'Campo18 de mayo de 2012, 12:46

    Buen articulo, Love it!

    ResponderEliminar
  14. Porque tu amor es mi espina, por las cuatro esquinas hablan de los dos...excelente! congrats!

    ResponderEliminar
  15. Gracias Escritor por acelar mi adrenalina. hacerme recordar a ese prodigio de la musica Cubana, en relidad el Cerro tiene la llave...Arelis

    ResponderEliminar
  16. Gracias Javier sabes que es uno de mis preferidos,y companero inseparable de mis aguardientes y tabacos, muy buen escrito gracias

    ResponderEliminar
  17. Javier, amigo, a ti sí que la prosa te fluye!!! Gracias por los recuerdos, esa manera de vivir una y otra vez.

    ResponderEliminar
  18. Ignorado, así como tantos otros creadores de lo que hoy podemos llamar nuestra cultura. Conocí su música gracias a mi abuela, ella me abrió los ojos a un mundo musical desconocido entonces para mi. De abuela a nieto, y con mucho cuidado, pues existían nombres que no se podían decir. Excelente articulo. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  19. Tejedor a las 5, asi lo anunciaban.Mi madre era fiel a ese programa. Por curiosidad esa Nieves tu vecina vivia en Esperanza?

    ResponderEliminar
  20. Cecy, la Nieve a la que me refiero vivía en calle Buenos Aíres entre Florencia y Magnolia.

    ResponderEliminar
  21. Muy justo el recordatorio de tan célebre figura de la música popular cubana...y que viviera en el Cerro no me extraña...a la larga ¡el Cerro tiene la llave!

    ResponderEliminar