miércoles, 9 de noviembre de 2011

LA MESA ESTÁ SERVIDA


Continúo descubriendo sin la prisa de los náufragos, este espacio que se escapa de cualquier calificativo, y que sigue siendo idealizado como puerto seguro por los sobrevivientes que habitan aquel otro pedazo de tierra que desafía mucho más que ciclones y altas temperaturas por el capricho de una generación que mismo en el ocaso de sus días se niega a aceptar que el mañana tiene infinitos colores.
Aquí he hecho un viaje, principalmente culinario, que trato de controlar a diario, algo que no está siendo fácil - para un pecador como yo - al pasado de una nación que se refugia en todos sus sabores y olores para no perderse en la inmensidad de este país que nos cobija. 

Redescubrir platos que se apagaron en el silencio de la lejanía de este tiempo que parece no tener fin, ha despertado esas memorias culinarias que creíamos olvidadas, pero que estaban allí en ese espacio dueño de la nada donde guardamos los recuerdos. 
Esta desmemoria es lógica o al menos entendible por el tiempo transcurrido lejos de la mesa nacional. Sin embargo no significa pérdida de identidad y sí asimilación de un universo mucho más amplio de tenedores y cuchillos.  

Es importante que no olviden que quien escribe esto, vivió por quince años en una de las cocinas más ricas del universo. Brasil dominó mi paladar, haciendo menos amargo el duro exilio impuesto por situaciones que todavía persisten en esas cuatro letras que dividen a más  de once millones de compatriotas en cualquier geografía, que al contrario de la historia no perdona a nadie – y mucho menos a él –
Brasil – nación antropofágica como fue explicado en la semana de arte moderno del 1930 - devora y digiere todo lo que caiga en su territorio/cazuela, hasta incorporarlo a su mesa culinaria/cultural, adornada de condimentos especiales, nacidos de un mejunje multiétnico que construyó ese gigante de la música – alimento para los oídos – con una inmensa variedad de platos que ya forman parte de mi historia escrita – más bien degustada – Es imposible, y no quiero olvidar la feijoada, el churrasco, y la deliciosa e imprescindible caipirinha, entre muchos otros sabores que inevitablemente te llevan a entender los amplios caminos de la idiosincrasia y la pluralidad brasileña.  

Pero ese es otro artículo – no nos desviemos de este que es sobre nuestra cocina - inspirada en los aromas y delicias de la infancia, extraviada no en los años y sí en la eterna lejanía de los parias, que ahora intento rescatar bien lejos de ella – de la niñez y de su espacio físico –
Miami es cubana no por estar habitada en su mayoría por personas que nacieron allá, del otro lado de la pantalla o por sus hijos y nietos que tuvieron la suerte de nacer en esta dimensión menos delimitadora de sueños. Es cubana principalmente porque la comida que se degusta es la misma que comían nuestros ancestrales cuando la isla era un lugar de prosperidad, y también por ese ritual tan típicamente cubano de sentarnos todos a la mesa y hacer de ese momento una diversión.

Para quien pasó - Yo - más de un década sin comer o tomar un batido de mamey por poner sólo un ejemplo, algo increíble para una camarera que al conocer la ausencia de esa fruta por tanto tiempo, hizo aquellos histriónicos gestos tan nuestros y exclamó: Niño no me digas eso, en qué mundo tú vivías. Su exclamación podrá parecerles exagerada pero con la sencillez que le ha dado la vida resumió en pocas palabras el significado de ausencia que produce el exilio, ya que para los cubanos sólo existe un mundo - el nuestro -  y ese mundo empieza en la cocina.

6 comentarios:

  1. realmente comer en Miami es un placer y un peligro, pero es inevitable amigo, debes cuidarte pero por ahora disfruta> Buen post.
    JC Recio

    ResponderEliminar
  2. Yo, que vivo tan al sur, entiendo lo que hablas, acá por ejemplo, no hay mangos ni guayabas y me pasa lo mismo cuando llego a Cuba desesperado por tomar batido de guayaba, mi fruta preferida, y algunas expresiones son como las de esa camarera - Niño pero en qué mundo tu vives, como no va a haber guayabas en Chile-
    Y lo que más extraño es eso que dices: sentarnos todos a la mesa y hacer de ese momento una diversión.
    Me encantó tu post.
    Un abrazo.
    Gino.

    ResponderEliminar
  3. Azuquita me diste en el paladar, batido de mamey, y el otro hablando de guayaba, imgìnate que el Caney, de donde vienen las famosas frutas - Frutas quien quiere comprarme frutas... tema super famoso de Don Miguel Matamoros - està a escasos kilometros de Stgo de >Cuba donde nacì, recuerdo que nos ibamos en bicicleta hasta allà cuando las frutas empezaron a escasear y no se veìan en la ciudad; ¿por què? vaya usted a saber. Abrazo

    ResponderEliminar
  4. Cuantas veces he sentido lo mismo, hermano, pero me ha faltado la gracia y sencillez que tienes para contarlo. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  5. Javier, no sabía que estabas viviendo en Miami, te hacía en Brasil. Leí alguna de tus excelentes crónicas, Miami es siempre como vivir en La Habana Vieja, pero con más complejidades, un saludo y te deseo suerte en tu nueva morada, juancarlos, desde buenos aires.

    ResponderEliminar
  6. Perderse en un universo de sabores y recrear aquel sazon de nuestra infancia y darle por la vena al gusto, quise decir a la gula...mas que un reencuentro con un ala de nuestra cultura, es un desafio, en este inevitable pedazo cubano en USA. Valga Javier hermano, que llegaste flaquito...veras que ancho te pones si no frenas esa pecadora tentacion de atacar los asados a la cubana y el congri y los chicharrones crocantes y aquellas costillitas magicas de Oscar...y aquellos desayunos con pastelitos, croqueticas y en buen cafe con leche. Dejemos los postres para el comienzo de la proxima comida.en fin veremos como nos cerramos la boca. Gracias Javi por ir sacando Escombros para la calle. Un abrazo. Ignacio El Villa...

    ResponderEliminar