miércoles, 16 de noviembre de 2011

DESPUÉS DE LA ÚLTIMA OLA

Fuera de Miami hay un estereotipo de que en esta ciudad no se hace cultura. Ahora que mis pies caminan sus arterias, creo que eso es parte del mito creado por la dictadura castrista, que ha demostrado en todos estos años de comunismo - no lo confundan con consumismo, que tampoco es bueno - su inmensa capacidad de imponer la mentira como la más absoluta de las verdades. Además no olviden que los primeros exiliados que llegaron pensaban que tendrían una corta estancia en este espacio bañado por el sol.

Era lógico suponer que la desgracia roja que abatió a la isla no sobreviviese tanto tiempo. Lamentablemente la lógica - por inexplicables motivos - no siempre está al lado de la razón, y la mariconá tropical aún castiga a nuestra nación, obligando a sus hijos a un prolongado y continuo exilio que parece no tener fin.

Antes de continuar, quiero pedirles que interpreten los párrafos anteriores como una introducción para lo que deseo compartirles y no piensen que hablaremos nuevamente  de política, ya que ese tema aquí parece estar mucho más contaminado que en nuestra patria, y ella - la política, no la patria - continúa separando con su productiva faena tanto aquí como allá, que puede ser aquel rincón desde donde ustedes me leen.

Ahora entraremos directamente en lo que nos interesa, y trataré de no desviarme más, cosa bien difícil, del tema central de esta crónica. Ya llevo casi dos meses viviendo en este Macondo que aún no consigo clasificar, y que trato de entender.

En mis años de escritura aprendí que escuchar y observar casi desde la sombra son las mejores formas de conocer el alma de los lugares. Observar y escuchar se convierten en verbos primordiales en esta ciudad tan politizada, y es eso lo que he hecho. Lo cual me ha permitido conocer con mayor exactitud otras facetas bien diferentes y bastante alejadas de la típica idea que se tiene de esta Habana del Norte.

Aquí - que como ya saben no es permanente - hay una agitada vida cultural para todos los gustos, aunque me da la impresión de que para conocerla es necesario habitarla a algún tiempo y no venir a hacer turismo, como sucede con gran parte de nuestros artistas, que viviendo en Cuba o lejos de sus fronteras, sólo aparecen para visitar a sus familias o ganar unos dólares, y después vuelven rápidamente a sus hogares pensando que conocieron a la más cubana de la ciudades americanas.

Paren de leer un momento y traten de recodar aquella canción:
Volvió al Habana Libre

alquiló un Turistaxi

para ir a Tropicana

después al aeropuerto

y así se fue creyendo

que conoció La Habana…

Con esta ciudad sucede lo mismo, salvando las diferencia políticas. No se le puede conocer en una noche de discoteca ni en un día de playa.

Muchos de esos intelectuales dicen que aquí no hay un teatro insigne, ni un grupo musical o escritor que representen a la ciudad, que  la televisión que se produce es de una calidad cuestionable, a pesar de contar con más recursos financieros que aquella otra que se hace después de la última ola.

A todas esas personas puedo decirles que en este lugar que imaginan desértico culturalmente, es posible en un mismo día participar del lanzamiento de un libro, de un recital de trova, de timba/salsa o reguetón, de obras teatrales que abarcan desde teatro infantil hasta musicales, pasando por dramas y comedias.

Aunque les parezca exageración, en algunos momentos - esto puede ser producto de la nostalgia - me ha recordado la agitada vida cultural que se vivía en la Habana de los ochenta y no es solamente por haber reencontrado a muchos de aquellos amigos con los cuales compartí más de un trago de ron, sino porque siento que quien hace arte en este suigeneris lugar, lo hace con el mismo amor de los que lo hacíamos en aquellos tiempos donde el hoy no era ni imaginable, porque creíamos en la posibilidad de ser lo que ahora somos en aquel lugar donde nacimos.

Como ven, una vez más los estereotipos limitan e influencian nuestros pensamientos,  negativa o positivamente. He encontrado aquí - Miami - un movimiento cultural formado en su gran mayoría por jóvenes creadores y por otros con más experiencias, pero con gran ímpetu, que están cambiando con sus serios trabajos el concepto de ciudad/política/pan-con-lechón.

Podría mencionar a algunos, pero como la memoria es mala consejera, es mejor no hacerlo y de esta manera también preservarlos - ya saben, de los extremismos - Prefiero decirles que culturalmente Miami me ha resultado una agradable sorpresa, al ver el empeño y amor con que trabajan sus intelectuales para convertirla en un espacio donde sea posible incluir el arte en su cotidianidad, desmintiendo todo aquello que nos han querido imponer  desde todas las orillas.

8 comentarios:

  1. Bien Azuquita, por los datos, por el ojo, por la habanera forma de darme a conocer Miami.
    Abrazo

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  2. No puedo más que felicitarte, a la sombra, observando, escuchando , creo que ahí están las claves para que el recién llegado comience a absorber el aire que le rodea y empiece así su integración.
    …después de la última ola… como para robártelo.
    Un abrazo.
    Gino.

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  3. Juanca es bueno verte por aquí. Gino puedes hacer lo que quieras con el texto.
    Abrazos a las dos.

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  4. lindo articulo: ya eres un nuevo ponce de leon redescubriendo la ciudad innombrable, esa de la que un personaje de eliseo alberto dijo: miami es miami y punto... y yo digo: vive Dios, vive miami.

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  5. Me gusto tu escrito. Yo como lo único que tengo es Miami, siempre lo defiendo, aun cuando me salpica la pudrición, las malas intenciones de algunos pocos… casi siempre los que no hacen nada…

    Miami tiene un gran futuro, podemos mejorarlo o unirnos a las filas de los que no hacen nada… yo siempre estaré con los que hacemos…

    Y de paso, te invito a esta noche al Teatro Akuara, el mismo donde nos conocimos en la presentación de mi libro, para que compartas una Noche de Poesía con Vicente Echerri… esta noche a las 8pm!

    Te espero Javier!

    Un abrazo,

    Manny

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  6. Gracias Felix por tus palabras. Manny gracias por tu comentario que comparto plenamente. Lamento no haber podido ir al recital.

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