miércoles, 20 de julio de 2011

CONSTRUCCIÓN


Muchas veces – más de las deseadas - me pregunto, si escribir es un “Don” o un castigo. Prefiero pensar que es la única posibilidad que tengo de luchar contra la nada quijotesca enajenación que provoca el desasosiego de saberse tan solitario como la luna, que a pesar de estar tan cerca de la luz nunca la alcanza.
Pasé ocho años en una total oscuridad creativa - ausencia de escritura - Vivía en el más desértico de los lugares y en la más violenta de todas las ciudades - Valparaíso de Goiás – de esta aldea llamada Tierra, según encuesta de la ONU, de junio de éste año.     

En todo ese absurdo tiempo. Leí, leí mucho y de todo. En español, en portugués. Los prohibidos – en aquella Isla – los deseados, los desconocidos. Y descubrí – que grande ese verbo – a muchos, de distantes geografías – no sólo políticas - que hoy son imprescindible.
Comparé mi sequía de textos - a pesar de la infertilidad creadora tener otro motivo - con la dictadura Castrista, tan hábil en el arte de dividir. Pues quiso incubar – no quería nuevos Padillas ni su “Fuera del Juego” - en los intelectuales de mi generación, que sólo es posible crear en la Isla. Cómo si la nación fuese la musa omnipresente e insustituible, algo tan verdadero como un billete de 3 dólares.

Intentó limitar nuestra creación a una sola frontera, ya que como ella misma – la tiranía – sabe restringiría el espectro creativo de un nacional. Pero lo que aún no entendió, es que la capacidad del ser humano de inventarse un mundo ajeno al que vive – bien cercano al deseado – es mucho mayor que cualquier miedo o prohibición.
Específicamente en los creadores, ese mundo no conoce fronteras. Además si conseguimos mantener nuestras raíces, conjuntamente con esa cultura absoluta que es la libertad, seremos muchos más universales, y en esta cuestión poco importa que comparta o no el pensamiento de los tiranos.

Soy alguien que desmiente esa  estrategia de intimidación, de que es imposible crear desde fuera de la patria. En ella, era un conocido productor artístico, que fue apodado  de Azuquita – pues decían que si me dejaban hablar todo era posible -por mi capacidad de conseguir lo impensado para hacer real cualquier con-cierto o espectáculo. Pero muy pocos sabían de mis textos, ya producidos en lo íntimo de quién trabajaba con excelentes creadores - no sólo literarios -
Después de aquel árido tiempo de silencio, empecé a usar la inmensa  soledad que me acompaña – a demasiado tiempo – como inspiración. Quizás inconscientemente, ella – que tiene nombre femenino - me exigió que escribiese a diario para tratar de reencontrar a aquel que se perdió entre las frustraciones y los deseos rotos.

Mi escritura se fortaleció en el desierto del exilio, y esa necesidad de escribir no me abandona. A cada día surgen nuevas ideas que me desafían, desde el silencio provocante de una quimera. Tal vez por eso ya no sueño – Escribo -  
En el destierro perdí muchas de las cosas que aún anhelo, pero gané el poder del mutismo. Soy su dueño, y esclavo de mis letras. Incapaces de llenar el vacío, con estos textos – escombros de mí - que muchas veces nace en el filo de una navaja, pues siento que cada palabra me lacera un poco para recordarme que estoy vivo, que aún hay mañanas, que hasta la más oscura/larga de la noche alcanza el amanecer.

Ya quise desistir de ser esto – ya saben – un prisionero de mí mismo. Alguien que nunca mató más allá de una ilusión femenina.
No sé si es posible abstraerse del dolor, pero mi sueño de consumo es pensar menos, justo ahora que tengo la urgencia de los condenados, en estos días donde la nada sigue siendo mi eterna compañía.

No puedo dejarme vencer ni volver a vivir de ilusiones – algo bien lejos de mis manos – Ahora que sólo sé de palabras, quiero apagar el ordenador, fundar el tiempo y construir puentes.

7 comentarios:

  1. Que difícil se me hace no releer tu texto, una y otra vez, metiendo en mi piel cada palabra, cada letra como si en ello me fuera la vida.
    Cuántos como tú, como yo regados por el mundo, gritándole a la sangre que sí se puede crear, lejos de ese pedazo de pasto verde y esa tierra roja que nos ahoga y nos limpia.
    Me pongo de pie.
    Un abrazo.
    Gino.

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  2. Ya quise desistir de ser esto – ya saben – un prisionero de mí mismo. Alguien que nunca mató más allá de una ilusión femenina.......Dicho en esa forma intima de mostrar tus anhelos, tus dolores...gracias Javier , como siempre he disfrutado....

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  3. Azuquita de la más dulce,la primera piedra la pusiste alla por los principios de los 80´s por las calles de La habana(Vieja,del centro o del Cerro;pero siempre Habana) y este puente se extiende y cuando este se termine, seguirás como buén creador construyendo nuevos puentes.Todo en la vida tiene un sentido y pese a la nostalgia tenemos que reconocer lo mucho que hemos aprendido al perder de vista a nuestro malecón...Nos hubiéramos perdido todas las obras de Vargas Llosa, Cabrera Infante o Sartre...y qué me dices de "En mi jardín pastan los héroes"de H.Padilla EPD?
    Apaga tu computadora,descansa y cuando hayas soñado todas tus nostalgias aprovecha el nuevo día que se pone a tus piés para que le saques el máximo de experiencias positivas...Un abrazo.

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  4. Gino,Salva, Queve y flaquita gracias por pasar por aquí.

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  5. Javier, leer a los prohibidos, y los no prohibidos -también- ayuda un montón, eh! Claro, lo prohibido siempre es más interesante.. y se le busca con mayor emoción...

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