miércoles, 2 de febrero de 2011

LOS LABERINTOS DE LA CREACIÓN

La escritura es un ejercicio del recuerdo, si partimos de éste pensamiento llegaremos a la conclusión de que no hay mayor ficción que el día a día, y que solamente consigues escribir cuando se ha vivido y observado (el verbo más importante de cualquier creador) nuestra realidad que puede estar en un tiempo diferente a lo que hoy forma tu cotidiano, pero que quedó almacenada en ese lugar que algunos llaman de inspiración y que yo prefiero nombrar de oficio.

Son muchas las formas que te llevan a producir (éste verbo puede parecer incongruente, pero no lo es pues el escritor no es más que el obrero de las letras) un texto, en algunas conscientemente buscas un tema en el que empiezas a ejercer el trabajo artesanal de las palabras y consigues llevarlo hasta ese punto mágico que hace que cada intelectual se sienta padre de su creación (aunque exista una sequia de hijos como en mi caso) más conocido por los liegos de punto final. En otras comienzas a escribir sobre un asunto que crees dominar e inconscientemente se te escapa de las manos, es como si las letras tuviesen vidas y objetivos propios que te llevan por caminos que no pertenecen a tu imaginación o a tu deseo de decir algo totalmente diferente. En ese instante mágico no percibes nada ni te sientes dominado por el texto no-tuyo.

Lo que pasa es que ese tipo de escrito es más sagaz que tu consciente y te hace creer que eres tú quien lo escribe, usa laberintos de nuestro cerebro quizás desconocidos por nosotros, pobres mortales que seremos recordado (no todos, algunos pocos) sólo por nuestra obra aunque muchas veces no sea conscientemente nuestra y si de aquel espacio que se escapa a toda lógica, pero que sólo tú sabes que fuiste obligado a terminarlo, pues ya te dominaba el placer de escribir por lo que te sometiste a él, reconociendo su propia existencia (o será independencia, palabra tan deseada) diametralmente opuesta a los motivos que dieron vida a lo que en ese momento robó tu identidad, cuando lo lógico sería lo contrario.

Normalmente sólo percibes eso cuando ya es demasiado tarde y diste a luz un nuevo texto-hijo completamente disímil al deseado (aclaración importante, el texto no el hijo que imagino siempre será amado) pero que satisfaces tu intelecto aunque lo sientas un poco ajeno.

No busquen lógica en éste artículo pues trato de burlar a aquel que tanto me ha dominado y robado mis ideas sin la menor vergüenza. Hoy quiero engañarlo y dejarlo pensar que es él quien escribe está palabras, sin embargo ustedes saben que soy yo (espero no se lo comenten) para que no sienta la frustración que ya experimente tantas veces al ver plagiado mi pensamiento por una imaginación que en muchos casos no creo mía a pesar del texto no poder firmarse por la incorporeidad de su absurda situación de habitar solo en mí.

Lean con mucha atención éste artículo pues tal vez lo escribió el otro-yo. No se dejen engañar por algo que quizás no sea mío ni tampoco tuyo (recuerden que la nada es el vacío donde todos en algún momento navegamos), a pesar de la transformación que sufres después que machas la virginidad de la hojas con las fecundas letras que se adueñan de las quimeras de cada lector, que las interpretan con su peculiar formar capaz de hacer de un único texto, tantos cuantos sean necesarios para calmar sus ilusiones que no son más que deseos huérfanos de palabras. Por lo que podrían ser también textos aún no escritos o ideas a la espera de creadores para hacerles creer que son ellos quienes las pensaron sin saber que ya estaban destinados a parirlas mucho antes que la inspiración (oficio) les poseyera, de la misma manera que pueden creer (una vez más) que fui yo quien escribió esto (algo de lo que no estoy muy seguro) que ahora es más de ustedes que mío.

5 comentarios:

  1. Azu que cosa más loca no sabia que pasaba eso.

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  2. Querido amigo, me gustan mucho estas reflexiones. Es cierto que cuando uno escribe, así sea sobre gentes de otras culturas, otras èpocas; no hace más que echar mano de las propias vivencias y obsesiones. Siempre el escritor cuenta su vida, ...documenta su paso por el mundo de una manera o de otra.
    A propósito de la frase que comenta que el escritor es el obrero de la palabra, me viene a la mente aquella anécdota de Benavente que en cierta ocasión, asomado a su ventana, con la vista perdida en el campo, un vecino que pasaba le saludó: Buen día Don Jacinto, ¿descansando?, a lo cual el escritor respondió, no, trabajando. Pero en otra ocasión, el mismo vecino lo ve limpiando de malezas del jardín y el huerto y se atrevió a preguntar nuevamente. Buen día, Don Jacinto, ¿trabajando? y Don Jacinto respondió sin levantar la cabeza. No, descansando.
    Nunca se gasta más energía que cuando se trabaja con la mente. Pocas veces se sufre más que con la vista fija en un diálogo, una frase. Gracias por dejarnos ver tu vida en el blog.

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  3. Artista frente a su espejo y las teclas, cuestionar que hace desnudarse, jugar con las palabras y llegar un solido articulo, no necesaria explicación, gracias por dejarnos entrar en tu universo

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  4. Creo como Salvador y pienso que tienes muy claro ese mundo propio de estar vivo para tus letras, que pueden ser también las mías, desde el lector lo veo más claro.
    JC Recio

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