miércoles, 8 de diciembre de 2010

LA NADA DESNUDA

Nadie sabe en qué fecha exacta fue abierta la caja de Pandora. Eso me da la posibilidad de imaginar no un día específico y sí una época que por mi experiencia bien pudiera ser próxima al fin de año. Quizás sea por qué en ese tiempo es cuando más nos cuestionamos todo lo que hemos hecho y lo que quedó en el deseo (aquella invisibilidad que mueve nuestro ser) claro es posible que esas dudas sean más intensas en alguien que lleva demasiado (suele ser un adjetivo muy dolorido en algunos casos) tiempo en un lugar que no es el original aunque aquel (también ya no lo es) le sigue vetado.

Haciendo una limpieza en los papeles acumulados a lo largo del año, encontré un esbozo de algo que tal vez algún día sea un cuento por lo surrealista de la historia pero que ahora es un túnel que me devolvió al 31 de diciembre de 1992 en Regla, aquel barrio que parece una isla dentro de la isla y que posee otra virgen también muy adorada por los habaneros. Es allí donde vive mi hermano Daniel con su mujer y mis sobrinas.

En plena crisis (una de las tantas) poco o nada significaba ese día donde sólo teníamos abundante “Chispa de tren” de fabricación propia, apodada de “Azúcar abanicando”. Los que me conocen de aquellos años ya saben por qué, a los demás les dejo el misterio de las palabras (a veces suelo ser cruel) aunque esto nada aporte al texto. Lo que nos importa es que llegamos temprano mi otro hermano Alberto y yo después de usar la lanchita que tiempo después trataron de cambiarle el rumbo pues ya saben que cuando se vive rodeado de agua es necesario navegar (pero esa sea otra historia con un final más trágico) volvamos a la nuestra.

Ese año todo estaba aún más difícil, hasta el frío que raramente aparecía se le antojó dar la cara. Mas o menos a las diez de la mañana tocamos en la puerta con las dos mochilas llenas de aquello que en uno de esos eufemismos tan nacionales llamamos de ron porque así nos engañábamos y nos era más fácil beber lo inbebible que era lo único posible para olvidar (que necesario ese verbo) lo inolvidable.

Quien vivió en aquel pedazo de tierra castigado por la monarquía Castrista en los años donde hasta el viento dolía más debe aún recordar el sabor peculiar de esa bebida. El primer trago era el más difícil, al bajarte por la garganta sentía ese gusto que te transportaba automáticamente a un reverbero o al tanque de combustible de un carro. Era o aún es una mezcla de gasolina con luzbrillante (una especie de inflamable muy usado para cocinar) que solamente conseguías tragar con el valor de los desahuciados y con la esperanza de que fuese el último tango (perdónenme quise trago). Después del tercero o del cuarto (no soy muy bueno en matemática) ya no te parecía tan desagradable y eras capaz de tomar cuántas “chispas” apareciesen en tu vaso, que a esas horas ya era sinónimo de líneas de ferrocarril.

Para los que tuvieron la suerte de nacer más allá de las fronteras del infierno tropical y que desconocen ese experimento etílico les daré la oportunidad de aumentar su ya vasta cultura descifrando por primera vez la preparación y composición química de ese producto tan cubano del eterno “periodo especial” pero antes les aclaro que corro gran riesgo de vida por desvendar una de las formulas más secretas de mi Habana y por violar la ley de patentes clandestinas, mismo así pasaré a describir su fabricación.

Sus componentes son: luzbrillante o gasolina, carbón, azúcar prieta, compresa higiénica, agua, un recipiente que aguante alta temperaturas y un alambique hecho de tubos de probetas generosamente sustraído de laboratorios u hospitales. El primer paso es mezclar dos veces la cantidad de agua a una del combustible, ponerlo a calentar y dejar que con la temperatura empiece a recorre el alambique que al final tendrá un colador con una íntima en el fondo y encima de ella, el carbón y la azúcar para filtrarlo, después es sólo esperar que enfrié y embotellarlo. Como ven es un proceso simple para los tiempos marxistas de ley seca. Hasta hoy no sé cómo mi hígado no fue afectado por el uso indiscriminado de esa fórmula con el agravante de casi siempre tener el estomago pegado a la espalda. Debe haber sido por una providencia divina o porque cuando se nace entre metralla ya venimos preparado genéticamente para enfrentar cualquier cosa, pues como decía mi abuela Fina: “La necesidad hace parir hijos machos”.

Ya sé que muchos pensarán que volví a salirme del tema principal, pero era necesario para que entendiesen lo que viene a seguir.

Paramos a las 10 de la mañana en casa de mi hermano en Regla, desde esa hora empezamos a beber “aquello”, a jugar dominó con los vecinos, a escuchar música como todo cubano (en el último volumen) y a comer unas maravillosas mariquita, fritas en la manteca de puerco que sobró de toda la semana (el colesterol no habita en la isla).

A partir de ahora les aviso, a los que no tengan un estomago fuerte es mejor parar por aquí y no leer el resto, pueden pasar mal y después no quiero que digan que no fueron avisados.

Ya eran pasadas las 2 de la tarde y las mariquitas se habían convertido en pasado, al contrario de “aquello” que ya había encendido todo nuestro humano reverbero y activado la insistente pregunta. Qué hacer con el llanto del estomago, esa duda que persigue a muchos compatriotas hasta hoy y que en aquel momento tuvo la solución en dos ingenuos e inofensivos gatos de Elvira, una vecina ermitaña que tenía más de doce felinos.

Daniel no lo pensó dos veces (yo ni una) cuando los bistec aún vivo fueron presos. Alberto que tenía experiencia en eso quehaceres pues había trabajado en un matadero les aplicó el golpe mortal y los descuartizó con una increíble habilidad para evitar que mi cuñada que había salido a tratar de comprar algo para comer no viera los infaustos animales que fueron cocinados por Daniel con una rapidez pocas veces vista y solamente condimentados con naranja agria, ajo y cebolla.

Cuando mi cuñada volvió no entendió cómo sin salir de casa conseguimos comprar dos deliciosos conejos, devorados muchos antes de la tradicional comida de medianoche como la más exquisita de las cenas.

Para los que quieran criticarme debo decirles que el hambre no conoce de remordimientos y que por esa horrible necesidad de la sobrevivencia me sentí un mamífero en plena jungla africana dispuesto a cazar cuántas veces más fueran necesarias (claro que me guardo el derecho de contar si lo hice o no)

Como ven no hay mayor ficción que la realidad, aunque esta sea desconocida por muchos y guardadas a siete llaves por un gobierno que dice que en Cuba no se pasa hambre.

Espero que nadie me acuse antes las sociedades protectoras de los animales (les advertí que no continuasen leyendo) pero si lo hacen sepan que la vida es una selva cruel, donde hay muchos más males que aquellos ya conocidos de la mitológica caja de Pandora.

9 comentarios:

  1. Fueron tiempos muy dificiles y solo quien pasamos por eso somos capaces de entender.

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  2. Javier, interesantes esas histórias, de épocas ya antiguas, cuando na habia el tunel. Yo estoy mirando cosas algo mas antiguas y que ahora pasado el tiempo se pueden ver mejor. Y tiene a ver de como los cubanos tanto el 13 de Marzo, como el 17 de Abril demostraron su coraje y despreendimiento contra enemigos imensamente mayores.

    Feliz Navidad

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  3. Javier..tu contando tua historia me recorde de la mia y me imagino la historia de muchos...no podia esta historia ser mejor contada..pero te dire..que yo tambien pase por una aventura..igual...alla en la Habana del Este donde yo vivia....
    Abraços

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  4. Cómo no, sí se sabe la fecha en que se abrió la caja de Pandora: 1 de enero de 1959.

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  5. bueno, a lo mejor fue antes, en octubre, en el frio invierno ruso, o en el pensamiento de un mal filosofo, pero da igual, el resultado es el mismo, sonia diaz

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  6. Realismo, cualquiera puede pensar(si no llegó a vivirlo)en un Cuento, como apunta,memorias de ese tiempo, donde aprendimos hacer jabón desde el aceite de coco, nos mandaron a cortar los jardines y sembrar platinos y tubérculos (sin contar con la calidad de la tierra), aprendimos tantas cosas....
    y comimos tantas otras....

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  7. Gracias a todos por sus opiniones y comentarios.

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  8. Javier!!!
    Y hoy tu tienes hambre de que?

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  9. Javier, me recordaste una tarde en que nos encontrabamos un grupo de Fisicos queriendo tomar algo y me apareci con una botella, de no se que y la preparo mi amigo Penton, nos la tomamos entre todos y al final, quedando solo un trago, se derramo sobre un buro, levantando todo el barniz, nos miramos asombrados y dijimos , co... si acabo con la mesa que sera de nosotros, saludos hermanito.

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