miércoles, 13 de octubre de 2010

LA AUSENCIA DE LUZ

Pasé más de 15 días con conjuntivitis, la primera en todos estos años de exilio, y confieso que no recordaba sus incómodos síntomas, agravados por la peor seca desde que salí del lugar más húmedo del planeta (ya saben que la humedad también tiene un poco de lágrimas) y en la isla uno de los más lindos boleros es un homenaje a una de esas lágrimas.

Nunca he vivido ni visitado un desierto (al menos literalmente) aunque me imagino sepan que muchas veces (no todas) la vida del desterrado es más seca de lo que nos gustaría, y generalmente nuestros desiertos son fantasma de un pasado que insiste en perseguirnos, más bien son lagunas, espacios inacabados provocados por otros accidentes geopolíticos, pero eso sería otro artículo.

Éste es sobre la posibilidad de ver más allá de los ojos. Siempre pensé que la visión es el más importante de los sentidos (ojos que no ven corazón que no siente) dice el viejo refrán popular con el cual ya no concuerdo pues descubrí que nuestra mente es infinitamente superior a nuestro limitado campo visual. Fue necesario estar privado de la mirada para percibir las inmensas posibilidades de visión del resto de los sentidos. Son capacidades inimaginables que menospreciamos o que aún no aprendimos a explorar en su totalidad.

La imposibilidad de ejercer el oficio de las palabras, de leer como uno de los más disfrutados placeres me hizo reflexionar hasta qué punto nos acostumbramos a no ver más allá de nuestros ojos, y cómo somos capaces de cortar la mayor de nuestras visiones (la imaginación) por la tiranía visual. No hay peor ciego que el que no quiera ver (con éste concuerdo plenamente) según otro refrán que en Cuba es seguido al pie de la letra como política de estado-dictatorial a más de 50 años, el discapacitado-en-jefe es el mayor ejemplo de ceguera que conozco hasta hoy.

Entendí que muchas veces para ver no necesitamos de la visualidad tal como la conocemos, es posible usar otros sentidos a los cuales no le damos su debida importancia. Por ejemplo, en los olores habitan los recuerdos que ninguna mirada traería de un tiempo pasado y de otros porvenires. Con los oídos vi muchas más cosas de la que mi herida vista podría mostrarme (¡cuántas imágenes caben en una melodía!). Los ojos nos restringen absurdamente la visión a un solo tiempo verbal, hoy es la única posibilidad que nos dan; sin embargo, en la imaginación - que es una forma diferente de ver - somos absolutamente libres, tan libres que a algunos los tachan de locos y les colocan las oscuras gafas del manicomio para supuestamente protegerles las ideas o como solución por ver más allá de lo que la sociedad acepta.

Por ser una persona hiperactiva no conseguí reposar totalmente como me fue recomendado por el médico. No sabía cómo controlar los nuevos poderes descubiertos después que una parte de la oscuridad me invadió. En el dolor provocado por la luz me recordé del más famoso cieguito de mi infancia, aquel japonés de sable endiablado, capaz de matar un mosca en pleno vuelo (una de las más elaboradas imágenes del cine nipón). Ichi, a pesar de tener la mirada muda, estaba preparado para hazañas que envidiaría cualquier mortal que poseyese una visión 20X20 y les aseguró que veía más allá del sonido invisible que su sable provocaba al cortar el aíre en deliciosas escenas cinematográficas. Ahora lo sé porque en el silencio visual rescaté a ese héroe del cual me había olvidado y que pobló por muchos años la imaginación de una generación que creció viendo sus combates contra más de un enemigo, siempre con un final victorioso y solitario en cada aventura, soledad del héroe asimilada magistralmente por los cineastas japoneses de la cultura occidental.

En mi viaje por la ausencia de luz, apareció otro cieguito que se le “perdió el bastón” y coincidentemente (no creo en esa palabra) fue a buscarlo en la isla de aquel samurái, y nunca más volvió a aquella otra donde Polifemo continúa insistiendo en mirar para atrás. Tampoco podía dejar de mencionar a otro músico que previó en su oscuridad iluminada por las melodías lo que sucedería con la mayoría de los amigos de los años juveniles “mozo tráigame la copa rota…”. Copa que hasta hoy duele y sirve de alivio a todos los que de alguna manera perdimos la visión de un lugar que sólo existe en nuestra imaginación.

12 comentarios:

  1. Que bueno que ya estás bien y que la conjuntivitis te sirvio para escribir sobre los recuerdos.

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  2. Bien Ichi, vale la reflexiòn. Abrazo

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  3. Ya ni me acordaba del ciego voy a ver si encuentro alguna pelicula suya.

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  4. Eh..Javier..estas con toda..peor ciego es el que no quiera ver....ocservar es la palabra.....javier...buenisimo...
    Abraços

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  5. Asere mataste la mosca de la conjuntivitis. Pepe

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  6. Exelente Javier, me ha gustado mucho esta reflexion..un abraso amigo del alma....
    tu amiga Sarita

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  7. Olá

    Eu sou a Kinha do blog AMIGA DA MODA e também estou concorrendo ao prêmio TopBlog, na categoria variedades. Vim fazer uma proposta: "UM VOTO POR UM VOTO". Eu voto em seu blog e vc no meu. Que tal a proposta?
    Gostei do se blog e estou te seguindo. Se gostar do meu, me siga também.
    Vou aguardar a sua visita.

    http://amigadamoda.blogspot.com

    Bjo

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  8. Muito obrigado Kinha sou a proposta está aceita. Ainda hoje votarei e passarei por ele. Abraços,
    Javier

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  9. Carmen Siempre Amiga16 de octubre de 2010, 15:26

    "La visión es el tacto del espíritu"

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  10. Muy bueno lo que descubres de tí, de esa forma con la que mira los ojos de tu corazón, muy buena lectura

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  11. chico, esto está genial!!


    abrazos desde los mangos,

    ihos

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