miércoles, 8 de septiembre de 2010

ADIÓS LOLITA DE MI VIDA

Tuve muchos amigos (aún tengo) en el mundo artístico (invento de algunos seudointelectuales para aislarse del verdadero) que detestaban el béisbol o cualquier tipo de deporte con la justificativa de que no eran cultos sus jugadores ni los aficionados. A mí, que nací y me crié a pocas cuadras del Estadio del Cerro, siempre me gustó la “pelota” a pesar de mi poca familiaridad a la hora de practicarla.

Fue mi tío-abuelo Sito quien me llevó por primera vez al estadio, aún siendo un niño. Nunca olvidé la impresión que me causó aquel lugar que parecía un ajiaco de voces. Donde todos vociferaban sin pensar en las consecuencias de sus gritos, en un país donde “el silencio” es una de las formas de sobrevivir.

Desde ese día me convertí en un asiduo frecuentador. Ya adolescente, iba acompañado de los nada incultos Ismael González Castañer, y Víctor Fowler (todos nacidos en el mismo barrio de Portocarrero. El de la llave más famosa). No nos perdíamos un juego de nuestro querido equipo INDUSTRIALES, a pesar de que en aquella época ya era el mayor ganador de títulos nacionales, llevaba años de decadencia y sus fieles seguidores (nosotros) sufríamos derrotas tras derrotas. Realmente en todos los años que fui al estadio hasta 1996 (cuando ya saben), sólo vi a los entrañables Azules ganar un título que valió por todos lo que me faltaron.

Fue en el año 1986, en la XXV Serie Nacional contra el equipo de Vegueros. El juego estaba 2 X 1 en el noveno inning (en nuestra contra), cuando el lanzador adversario comenzó a dar señales de cansancio, regalando dos bases por bola sin tan siquiera sacar un out. Ante esta situación la dirección pinareña mandó a la lomita a Rogelio García, que había pichado la noche anterior, pero como era uno de los lanzadores más rápidos de aquellos tiempos, con el tenedor más temido, no podían arriesgar nada en la gran final. Entró tirando chícharos por no decir aspirinas, ponchó al primer bateador que se enfrentó y al segundo lo dominó con un simple fly al jardín central.

Estaba a un out de la victoria y de otra más humillante derrota de los Capitalinos en un abarrotado estadio donde no cabía ni un alma. Le tocaba batear al cuarto bate con su tradicional número 40 en la espalda. Agustín Marquetti (para los íntimos sólo Marquetti) apareció como siempre en el cajón con sus conocidas guantillas en las manos, y con su peculiar forma de agarrar el bate por encima de la cabeza. Se paró firme frente al ciclón de vueltabajo (en el tradicional duelo de zurdo contra derecho). Él que ya nos diera tantas alegrías estaba terminando su carrera y había perdido gran parte de la popularidad entre los aficionados que lo apodaron: “la vaca”, por su gordura y por la cantidad de ponches que tomaba. Esperó el primer lanzamiento, un strike de aquellos inolvidables, que lo dejó paralizado como a una estatua (sinceramente pienso que ni vio pasar la pelota) fue una recta directa en la zona; en el segundo con seguridad esperaba un tenedor (pero la lógica no cabe en el béisbol) y llegó otra recta con tanta velocidad que el bate pareció besar la nada en un swing al vacío.
Era el fin, otro strike y todo estaba acabado. Con la calma casi inglesa que siempre lo caracterizó, Marquetti pidió tiempo, salió del cajón de bateo e hizo unas cuclillas abucheadas por todos los presentes. Al regresar fue el tan esperado tenedor que salió de fao a las gradas. Rogelio estaba cada vez más veloz, pero el control empezó a fallarle (quizás por el agotamiento del juego anterior o por los nervios), lanzó la primera bola, (el estadio suspiro de alivio), la segunda y la tercera devolvieron la esperanza al gigante capitalino.

Jorge Fuente, el técnico pinareño pidió tiempo y fue personalmente a hablar con su pitcher. El toletero de Alquízar seguía en las cuclillas, de está vez acompañado de un silencio sepulcral. Era el último inning del clásico. Estaba en 3 y 2, con dos hombres en base. Se podía sentir el vuelo de una mosca en un estadio colmado hasta el techo. Rogelio inició sus movimientos y Marquettí (el inglés de uniforme azul) esperó otro tenedor que vino rompiendo hacia abajo y que en el camino se encontró con su bate, yendo a parar del otro lado de la cerca. “Adiós Lolita de mi vida”, como decía Bobby Salamanca, jorrón que decidió el titulo. Los más de 55.000 aficionados invadieron el campo (no todos, pues como saben desde aquel tiempo La Habana no aguanta más, esos eran contra) cargando en sus hombros al héroe de la victoria.

Nunca compartí tanta alegría con desconocidos que gritaban eufóricos “CAMPEÓN”, y con mis fieles amigos “los poetas del canal”. Hasta hoy no sé si Emilio García Montiel, estaba ese día en el estadio pues sólo iba esporádicamente, pero tengo certeza que su más famoso poema nació después de esa victoria, lean estos versos y saquen sus conclusiones:

A veces voy a los stadiums a tomar aire.


En un stadium no se juega el destino del país, pero sí su nostalgia.


O más bien la nostalgia de esta ciudad podrida.


Remendada con boleros y con tristes anuncios que ya no significan


nada*.

Son la perfecta simbiosis de la poesía con el deporte nacional.

Fue el único gallardete que vi ganar a mi equipo y tal vez por eso el más inolvidable juego de pelota que presencié en toda mi vida. Para ser justo, debo reconocer que el mérito de la victoria no fue sólo del número 40, hubo otro personaje clave en el triunfo capitalino. Nada más y nada menos que Orlando “Duque” Hernández, el mejor pitcher que vi lanzar al lado de otro inolvidable Industrialista: el zurdo Santiago “Changa” Mederos. El Duque maniató a los Vegueros permitiéndoles solamente dos carreras y consagrándose de una vez por todas como uno de los más grandes lanzadores de todos los tiempos (si lo dudan pregúntenle a Los Yankees de Nueva York), donde también fue ídolo.
Alguien dijo una vez que recordar es volver a vivir, y hoy desperté con ese juego vestido de memoria y de ahí a convertirse en texto fue como aquel decisivo cuadrangular que inspiró más de un poema.

* Fragmento del poema Los Stadiums, de Emilio García Montiel

21 comentarios:

  1. No sé si el otro coments subió, te decía que estas de hit con las bases llenas, porque de niño mi padre siempre me llevó a los stadiums y fue muy bello hacerme fans del Villa Clara y luego acá de los Yanquis, muy buena la crónica por esta memoria viva.

    ResponderEliminar
  2. Yo, como siempre tengo que llevar la contraria, le iba a los equipos de Las Villas, jajajá... Y esperaba con júbilo a que Kindelán se ponchara una vez más... qué barbaridad!

    ResponderEliminar
  3. No esperaba eso de tí, Odette. Juanca es villareño, pero tú santiaguera, que vivía en La Habana irle a las Villas, no me lo puedo creer, jaaa.

    ResponderEliminar
  4. Bueno, le iba a Henequeneros, aunque perdiera porque mi padre mucho que jugo en el Palmar de Junco... No sé si fui a ese juego, ahora no me acuerdo, con Omar Perez o Carlos Alfonso , que me tiraban al estadio, a cualquier partido, aunque me pasara el juego resolviendo un pedazo de pizza..
    Javier, que eres fuerte, amigo, porque Vitico Fowler ,habia dos cosas en las que no habia que echarle un kilo : cuando hablaba de Lezama o de pelota.
    Tienes la memoria y la emocion vivas.

    un abrazo.

    ResponderEliminar
  5. Maga,
    No sabía que tu padre era pelotero, que cosa buena. Mi querida además de gran amigo de Víctor soy su compadre, bautice a su hijo menor antes de venir para Brasil.
    Abrazos y gracias por el comentario.

    ResponderEliminar
  6. Ja y llegò el santiaguero que si apostaba por sus equipos, los de la tierra caliente, con perdòn de mi hermanita que se corriò para las Villas por alguna razòn no confesada.
    Cuando no estaban los equipos Orientales o Serranos en la final era de la Habana, no faltaba màs, mi segunda ciudad, y por supuesto de Industriales.
    Bien por tu Lolita Azu, me llevaste a mis tiempos beisboleros, juguè cuando chico y fui bastante bueno. Hoy, como imaginaràs, soy màs del futboll, el tenis, la formula 1, las carreras de motos, de las Leonas al Hokey - què Leonas -, y de ves en ves le tiro a la NBA.
    Valiò cara, valiò.

    ResponderEliminar
  7. Azu a mi no me gustaba ni entendia nada de pelota, pero mi papá era un fanatico de INDUSTRIALES al igual que tu. Me gusto mucho la cronica. Besitos

    ResponderEliminar
  8. Emocionante participación en un juego de beisbol. Interesante ver los conocidos términos del juego traducidos del inglés original a un castellano tan pintoresco.
    Un abraço,

    ResponderEliminar
  9. Javier te sabía Poeta,y casi actor pero pelotero...pelotero la bola, me llenas de nostalgias y me llenas de poesías Gracias por existir Arelis

    ResponderEliminar
  10. Cubanita, ese apodo lo dice todo. José gracias por el comentario. Mi querida Arelis, soy del Cerro y no lo niego, tengo de congo y de carabalí, jaaa.

    ResponderEliminar
  11. Me fascina la pelota! Mi papa me la enseño...
    Soy una super fan de Los Yankees. Como disfrute ese campeonato! Sin olvidar a los antecesores y al inigualable Don Mattingly, El Cuarteto de Oro:
    Pettitte, Posada, Jeter y Mariano Rivera merecen standing ovation!!!

    ResponderEliminar
  12. Excelente, y me quedo con industriales por la simple razón de haber nacido en La Habana.

    ResponderEliminar
  13. Azúcar: Muy bonito tu articulo pelotero. Lastima que cuando todo el mundo era de Industriales yo era de Metropolitanos. Le traerás muchos gratos recuerdos a gente de nuestra generación. Yo nunca mas he mirado "la pelota", no puedo juzgar si los jugadores de ahora son mejores o peores. Yo prefiero quedarme con el recuerdo de aquellos tiempos. Para mi el mejor pelotero del mundo siempre será Armando Capiró. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  14. Caballero cuántos peloteros. Hasta Quevedo,Vivian e Ihos. Da para formar dos equipos y hacer un juego, jaaa.
    Abrazos a todos.

    ResponderEliminar
  15. Mijo, y que esperabas? Aqui en la Capital del Exilio, la Cuba fuera de Cuba, puedes hablar de cualquier cosa... menos de POLITICA Y PELOTA. Ha!
    Las dos con "P". Se forma el "titingo".
    Pero no quiero dos equipos. Quiero UNO SOLO aunque haya que dejar a alguien en el banco de bate emergente... Pero todos por CUBA!!!!!!!!!!!
    Besos...

    ResponderEliminar
  16. gracias por el texto. muy sentido. pero para hacer la crónica más apegada a la historia real, lo ocurrido entre rogelio garcía y agustín marquetti fue en el inning 12. ya el juego estaba en extrainning empatado a 5 carreras. industriales lo empató en el 9. también estuve allí y fue una gran alegría. este apunte no cambia la esencia de lo que trasmites. muy sentido lo que describes, javier. gracias nuevamente. saludos

    ResponderEliminar
  17. Egk, gracias por tu óptima memoria. Con el tiempo borra algunos datos, pero la ensencia de la historia como dices es esa. Saludos

    ResponderEliminar
  18. Javier, cada vez que entro a tu blog, leo el post y todos los comentarios, todo es excelente, este me gusto mucho, yo era un aficionado al beisbol casi enfermiso, tal que en mi lindo Bayamo, no me perdia ningun juego, incluso los municipales, siempre fui con Orientales en la Selectiva, pero cuando era la serie nacional siempre fui con Industriales, mi equipo Granma solo dio verguenza. Fui antisantiaguero 100%, estudie alla en Santiago y era insoportable, y para mas sufrimiento, tenian un gran equipo con Pacheco y Kindelan.

    Gracias por tus posts y tus poesias

    ResponderEliminar
  19. Gracias mi querido Mario no dejes de aparecer. Abrazos.

    ResponderEliminar
  20. Yo soy de Las Villas, azucarero, y un antiindustrialista acérrimo, pero te agradezco este bello texto, aún cuando mi pasión ideológica por Villa Clara no me permita celebrarte todo lo que debiera.

    ResponderEliminar
  21. No te pongas así mi hermano. INDUSTRIALES no es un equipo es una nación.

    ResponderEliminar