miércoles, 4 de agosto de 2010

HOY COMO AYER

Me hubiese gustado mucho. Mucho (que es más que poco) haber nacido en la década del treinta del pasado siglo, antesala del bolero (y como saben de ellos me alimento). Presencial el surgimiento de las primeras melodías de ese ritmo con sus tan doloridas letras, casi siempre dedicadas a la mujer amada que por algún misterioso motivo abandonó al compositor. Dejándolo solo con su inspiración (Tú me acostumbraste….), ese es uno de los sueños irrealizados.

Tratar de entender por qué ese dolor transformado en canción, servía - aún sirve - para conquistar corazones femeninos (o simplemente corazones pues el amor cabe en cualquier posibilidad) bailando bien apretados. Todo cubano sabe el “otro” significado de ese verbo acompañado de un (Quiéreme mucho…) en las cálidas voces de Barbarito Diez, Orlando Contreras, Olga Guillot, Esther Borja, Manuel Corona y tantos otros talentosos artistas que nos ha regalado la geografía nacional. Sintiendo el calor de los cuerpos preste al pecado original. Y años después cuando ya lo impensable ocurrió en la perla del Caribe seguir bailando (también apretado) quizás con la misma mujer de antes (sólo quizás pues de los boleros podemos esperar cualquier cosa). Pero esta vez con la señora sentimiento, el ronco José Antonio Méndez, Benny Moré y todos los que con su Filín pintaban las noches habaneras.

En mis años juveniles no me parecía normal ese gusto por el pasado, y hasta llegué a ocultarlo en aquel rincón donde escondemos las frustraciones, ya que la mayoría de mis contemporáneos disfrutaban la música de su-mi generación (yo también en menor intensidad). Quizás la explicación esté en haber sido criado por mis abuelas y un tío-abuelo que siempre admiré - que fue y es mi referencia - cosa que no fui capaz de decírselo cuando aún estábamos en esta dimensión (hoy estoy consciente que poco importa el espacio físico). Con él aprendí a escuchar lo que mis amigos rechazaban por la lógica generacional. “Álbum de Cuba" está vigente en mí desde los televisores Caribe en blanco y negro.

Ahora no sé si por los años a más o a menos pues en el exilio el tiempo se detiene y el sentimiento de pérdida es mayor. Me parece normal buscar en el pasado algo que nos llama la atención o que bien podríamos denominar de identidad nacional.

La necesidad de saberse de un lugar (aquí me refiero a materia) donde la música es la mayor de sus identidades te lleva a escuchar las reliquias más tradicionales pues es innegable que los mejores años de nuestra historia musical. Aquellos que la popularizaron a nivel mundial son justamente los pre-revolución, y eso no es pura coincidencia. Fue la libertad (en la mayor amplitud de la palabra) de crear lo que la llevo a esa fama. Todo eso sin desvalorizar la actualidad (Una mujer se ha perdido…) pero siempre con aquel sentimiento inferior al pasado - ya saben cómo es difícil competir con los ayeres - .

Pienso que esa sensación sería natural si viviese toda la vida en mi país (que mismo desde la lejanía continúa siendo más mío que ayer, pues los ayeres se escapan del almanaque), aunque tal vez no lo disfrutaría tanto como ahora. La arquitectura del tiempo con sus implacables líneas me enseñó que es casi imposible luchar contra las canciones que te inundan desde siempre. En la distancia el sentimiento nacional parece superior a eso que la Revolución Castrista (aclaro Castrista por el uso del sustantivo revolución) llama de Patria, y que no pasa de una palabra mal empleada pues ella como nación no pertenece a ninguna ideología y sí a todos los cubanos.

Al llegar a Brasil ese sentimiento de destiempo se acentuó. Es como si hubiese nacido en una época preestablecida sin importa el espacio físico ni las ideologías, y sí el ambiente, el ritmo de esos años. Cuando aún vivía en la isla, de éste gigante sólo conocía los contemporáneos que acompañaba en ese idioma tan rítmico, que hoy también es mío. Hasta aquí todo sería normal Chico Buarque, Caetano Veloso, Milton de Nascimento y todos los que ustedes conocen. Sería natural sino hubiese descubierto aquellas melodías de los años que yo no era pero que siempre deseé: Adoniran Barbosa (en primerísimo lugar), Nelson Gonçalves, Pixinguinha, Lupicinio Rodrigues, Lamartine Babo y mucho otros (mis contemporáneos atemporales). Percibí una empatía entre la década que anhelé nacer también en éste país donde la samba es sólo un ritmo más.

Con el paso de los años esos gustos que descubrí no pertenecer a ningún espacio físico y sí a un determinado periodo de tiempo se acentuaron aún más. Lo que era un deseo-sensación se convirtió en una afirmación. Soy un ser que nació en la melancolía de un tiempo imaginario, o quizás la reencarnación de algún bohemio trasnochado que todavía quiere beber su último trago (Dame un traguito ahora cantinerito…) y ganar el favor de una caricia femenina antes del definitivo (para algunos es solamente un viaje) adiós. De esta última posibilidad no puedo tener certeza pues carezco de la creencia religiosa que podría explicar el fenómeno de sentir falta de lo desconocido.

Esa sensación tan íntima de haber nacido en un tiempo imposible por la lógica física de las posibilidades me pareció que fue expandida por la tiránica dictadura a todos los que nacimos con una consigna de “ser como alguien que ni merecía ser”. Digo esto pues sentí ese sentimiento de atemporalidad recientemente cuando falleció Olga Guillot. Su partida provocó una avalancha de artículos en las bitácoras cubanas, que como sabemos son en su gran mayoría escrita por los nacidos después de la tormenta que se ensañó en nuestra isla. Algo raro para los que crecimos con el silencio de su voz y su nombre borrado de la discografía nacional. Esos homenajes sólo fueron posibles por la necesidad de reafirmación nacional de una generación que encontró en el exilio, tal vez pagando un precio superior a lo imaginado el verdadero sentido de nación. Que aprendimos forzadamente que el suelo patrio cabe en el idioma que no nos abandona y en la intemporalidad del bolero.

8 comentarios:

  1. Una crónica escrita con ese sentimiento de pertenencia y de recuperar la memoria que te fue concedida como un bolero, por familiares y porque en el subconciente estuvo dormida, pero que bueno que compartas con tus lectores experiencias tan únicas, lo has escrito admirable, y uno se identifica, gracias hermano

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  2. Bravo!!! El bolero para mi es sentimiento, amor, nostalgia... Me identifico con uno en particular que no voy a nombrar. Es mio y solo mio. Y si, es verdad que nos da ese sentido de pertenencia. Algo que a traves de los años llevamos en el alma y nadie nos podra arrancar. Genial esta cronica Javier! Felicidades! Un beso...

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  3. Nada se compara a un bolero, me gusto la forma como trataste el tema una vez más gracias.

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  4. Noto superación, algo de complejidad y a la vez fluidez... Felicitaciones. Y como dirías, apropiándome ahora de tu estilo: óptimo texto, hermano!

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  5. Salvador V Guerra5 de agosto de 2010, 7:32

    Paseo por tus letras en ese andar desde la misma dimensión, en otro punto cardinal, disfruto el ejercer la memoria, un abrazo amigo

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  6. Ramon Ignacio Villavicencio5 de agosto de 2010, 20:08

    Andar por ella desnudandola y coquetear con la brisa que desde el Malecon me paraliza y me hace inevitable... cierta melancolia de un bolero baja desde el Pico Blanco y me retiene entre las remenbranzas de un dia del pasado y llevo de la mano a mis pequenos rumbo al cine Pionero y le grito al Caballero que no cruze San Lazaro si no es asido al brazo bienhechor de cualquier transeunte...
    Mi Habana esta sintiendo falta de tanto de los suyos..de tantos...Cuando volveran...quise decir, volveremos al son del Son mejor...Hay tanto calendario sepia...hay tanto que nos falta...y aun estamos convencidos de tantos que estan a nuestra espera...Habana mia... sincretica ciudad agrisada por la ausencia y colorida por la virtud y la esperanza...Mi Habana redentora y mia...La de mi Cristo en Casablanca despues del puerto viejo...la de un amor sin limite...la que late junto a mi corazon...
    Hoy dormire contigo mas apretado que otras veces...Pero no desesperes que no daremos cuenta para irnos al delirio...

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  7. Hay tanta historia en el bolero, que no alcanzarian memorias para irnos tras el. Hay tanto de nosotros en esa entrega que pudo haber tenido un desenlace triste en la barra de un bar o en una simple sala de un centro cultural. Hay mucho y tanto por hacer desde el bolero que no me cabe en mi transito por el camino impuesto de la vida, un coqueteo altivo o un piropo gastado por tanta belleza que va y viene por las ansias de mi naturaleza humana. Una vez mas javier mi abrazo virtual...puro y cierto. Gracias.

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  8. Es increíble, te conozco de hoy, te leí hoy lo primero que pensé fue: escribe desde su "subterráneo", desde muy adentro, quizás desde otros pasados que no son el tuyo, y que añoras no haber visto pasar. Excelente tu poesía, clara, transparente, como una fruta exótica que se deja comer placentera.

    Te seguiré leyendo.
    Saludos

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