miércoles, 11 de agosto de 2010

EN LA OSCURIDAD DE LAS ILUSIONES

Cine Maravilla, uno de los seis del barrio

No recuerdo cuál fue la primera película que vi ni el primer cine al que fui. Lo que nunca he olvidado son las 12 veces que tuve que ver en el final de mi infancia “La Vida Sigue Igual” (en la isla está peor), que contaba la historia de Julio Iglesias. Mi abuela (me crió, pues mis padres estaban lejos: uno en la noche otro en el comunismo) fue todos los domingos durante los tres meses que el filme se mantuvo en cartelera. Me usó como pretexto diciendo que me llevaba para divertirme. Mentira, recuerdo cómo lloraba con la historia y cómo terminaba feliz, cantando el tema que daba nombre al filme sin percibir que era solo una ficción y que fuera de la sala oscura ya nada sería como antes. Debo confesar que llegué a odiar profundamente al cantante (que poco tiempo después fue prohibido), no aguantaba más la melosa historia de final feliz.

Cuando la película salió de programación pensé que la libertad de la pre-adolescencia había llegado, engaño mío. Con un lapso de menos de un mes estrenaron “Nuevo en Esta Plaza”, otro melodrama español basado en la vida del torero Palomo Linares. El castigo dominical se repitió durante un mes en el cine Apolo, que estaba (siempre la duda del exilio) en la calzada de Jesús del Monte. Hasta mi total rebelión de no soportar más toros ni canciones.

Lo inaudito es que nada de eso impidió que pocos años a frente, ya adolescente mi pasión por el séptimo arte creciese. Claro que fueron un conjunto de situaciones que contribuyeron para mi inexorablemente retorno a la sala oscura.

Vivía en el Cerro (que tiene… ya saben) un barrio popular de los menos favorecidos pero que había heredado de un antepasado glorioso seis cines para una población interesada en otro tipo de arte. Uno de ellos, el México estaba (otro vez la incertidumbre) a cuatro cuadras de mi casa. Por otro lado era un pésimo pelotero (la mayor diversión de los niños de mi barrio), nunca fui escogido para los piquetes de esquinas, hasta Chita “la marimacha”, hermana de Frankenstein (uno de los mayores hippie de la Habana, en otra ocasión les contaré) jugaba mucho mejor que yo.

Ese contexto y la fascinación por las historias que pasaban del otro lado de la pantalla, en aquel lugar donde lo imposible era común me llevaron a frecuentar casi diariamente la casa de las ventanas abiertas a los sueños. Por ser un cine de barrio, ya casi en ruinas con el techo lleno de huecos, que permitían a la luz filtrarse o a la lluvia refrescar el insoportable calor del aire acondicionado que se nos negó no pasaban estrenos y si películas de los años 30, 40, 50 y 60, la mayoría en blanco y negro. Podía parecer el peor de los lugares para cultivar ilusiones, pero debo admitir que aún conservaba una clásica elegancia con sus columnas redondas y trabajadas, con las pinturas ya ocres de sus paredes interiores, y especialmente en la suntuosa entrada de cristales que desentonaba totalmente de la arquitectura barrial.

Fue allí donde descubrí los clásicos del séptimo arte. En aquella época no sabía el privilegio que tuve de ver los mejores filmes de esas décadas. En un lugar (discúlpenme pero debo insistir) que todavía recordaba sus años de esplendor. La linterna mágica se iluminaba de lunes a viernes, de 5 de la tarde a 8 de la noche, y los fines de semana de 12 a 5.

Pagando solamente 40 centavos descubrí que el mundo era mayor y diferente de lo que habían aprendido hasta esos escasos años. Las palabras convertidas en imágenes (o serían lo contrario) que salían del oscuro empezaron a modificar mi forma de pensar que se llenó de muchas preguntas para mi corta edad. Teniendo como compañía a la soledad (pueden interpretar el sustantivo literalmente pues no recuerdo haber compartido las secciones con más de dos personas), y gracias a mi asiduidad sólo pagué la entrada por más o menos un mes. Pues ante mi presencia diaria, los dos funcionarios (el proyeccionista y la acomodadora que también era la taquillera) del cine, y vecinos que no conocí hasta ese momento permitieron mi entrada gratuita.

El lugar misterioso de mi pubertad fue quedando en el pasado cuando ya había visto todos los filmes que disponían para un espacio casi surrealista. Esto no significa que lo haya olvidado por el contrario recuerdo una madrugada de diciembre de 1995, en que Ismael González Castañer y yo volvíamos a pie del Festival Latinoamericano de Cine. Al entrar en el canal (no se confundan geográficamente) ese territorio prisionero de los muertos y de los vivos, decidimos pasar por el México que ya llevaba algún tiempo cerrado. Nos sentamos en su portal con el viento invernar acariciando nuestras caras y con la nostalgia en la punta de los ojos sentimos los olores de los recuerdos. Por un instante volvimos a la mocedad y fuimos (realmente sentimos) eso que hoy tanto deseamos. Conmemoramos la suerte que tuvimos de tener un cine casi particular que nos mostró que la vida no era tan limitada como pensaban la mayoría de nuestros amigos-vecinos.

Dimos gracias a ese viejo esqueleto urbano que abrió las puertas de nuestra imaginación y que nos enseñó que antes, mucho antes de que se escuche la palabra acción y se apaguen las luces de una sala habrá alguien que en silencio inventa una vida deseada, no olvidemos que no hay mayor imaginación que la realidad.

Hoy sé que si tengo la escritura como oficio necesario de los mutismos y las angustias se lo debo aquel sitio mágico que evoco en éste texto y que posiblemente no exista más. Quizás en su lugar haya un parque, donde juega un niño sin saber que bien debajo de sus huellas está el cementerio de la ilusiones de mi infancia. El espacio donde nació la imaginación y empezó un sueño que aún no acabó. Ahora con su permiso paro por aquí pues las luces ya se están apagando y en el viejo cine de mi barrio va a comenzar la función.

13 comentarios:

  1. Azu que lindo y que facilidad para plasmar sentimientos me has recordado el cine rialto donde vi mis mejores peliculas. gracias y sabes que te quiero.

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  2. Todos los cubanos que estamos lejos sentimos lo mismo y tu lo describes muy bien. Saludos Laura

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  3. Mi primera película vista en Cuba fue en el cine Los Angeles, y se titulaba "Cuba", luego se sucedieron otras pelis, en el cine Alameda, el Mara, y el Yara...
    Como los cines cubanos...ninguno!

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  4. Sabia que me iba a gustar... Excelente! Ves? Quien te iba a decir que aquellos dias de Julio Iglesias te abririan las puertas de algo que marcaria tu vida... Tampoco puedo recordar cual fue mi primera pelicula, pero si recuerdo la que me marco: "Casablanca". Una historia que atraviesa el tiempo y el espacio. Y su tema musical es uno de los mas bellos de todos los tiempos: "As Time Goes By". Sigue haciendonos recordar, amigo mio. Es lo que nos queda...

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  5. Yo también tuve un cine, pero de pueblo olvidado, con la diferencia que pasaban tres a la semana, pero ahí comenzó mi hastío por Cantinflas, pues tenía tres tías con novio y me "llevaban" a ver la película (que al niño le gustaba tanto....), también ahí vi buen cine que marcaron mis días...lo asociativo me lleva a identidad...gracias amigo..un abrazo

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  6. Lo has contado muy bien, nostalgia, buena memoria y mucha visión desde donde asomarte al mundo, bella crónica, como decir, todo tiempo dificil tiende a ser bello.

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  7. Azuqui,en mi pueblito de campo"La vida sigue igual"la pusieron de viernes a domingo un año después que ustedes los habaneros la vieran y requetevieran...y los guajiros que se dieron la vuelta por Labana...en fin que fué tanta la avalancha (o el cine tan pequeño) que dejaron a la gente sentarse en los peldaños de la sala.El viernes la ví sentada en el piso,el sábado logré un asiento en la tercera fila...y me quedé con las ganas...y así parecido sucedió con Manos torpes,Las Leandras,La cera virgen...La vez que pusieron allá por los 80´s en La Rampa"La fuerza del cariño"por una noche y acabadita de ganarse el Oscar,recordé aquella noche de mi cine en el piso...con la diferencia de que este viaje aguanté el molote;pero no pude entrar al cine!Cada cual tiene sus recuerdos de esa primera y tu lo has logrado grandiosamente.Gracias amigo!Un abrazo.

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  8. Cuantos recuerdos despiertas cada vez que te leo, es magnifico, me gusto muchisimo, he vuelto a vivir mis dias de adolesencia y niñez con este maravilloso relato...me paso algo parecido con 'La vida sigue Igual" mi tia me llevava al Pairet ese inmenso cine que estaba en centro Habana y repetia las tandas una y otra vez y a diferencia de ti yo amaba a Julio Iglesias y lloraba junto a mi tia, siendo aun una niña>
    Es una suerte para nosotros que tengas la escritura como oficio.. eres Genial
    Un abrazo. tu amiga Sarita

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  9. Gracias mi querida Sarita por tu comentario. Abrazos desde los escombros

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  10. Siempre recuerdo al 'Maravillas' pues vivi mucho tiempo en Via Blanca y la Calzada de Palatino.

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  11. Javier....buenisimo...ahora vije:...fui y volvi......creo que de sierta manera todos sentimos un poco de eso!...yo mas o menos con los films Argentinos de tango....d(Carlos Gardel)...e nuestra adolesencia...es una mescla de melancolia.com;...no se que....Complicado......

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