miércoles, 2 de junio de 2010

LA HOJA QUE CAE

BRASILIA


Se acerca el invierno ya baten en mi rostro las primeras señales. Son los vientos helados del sur (que como dijo el poeta también existe) y que tal vez vengan cargados de poesía. De la misma poesía que duele y declino pero que no me abandona e insiste en permanecer quieta a mi lado. Respetando los silencios a pesar de saber que hoy la deseo menos que ayer pues estoy cansando de metáforas. Pero no del alma femenina (misterio de toda creación) que es lo más parecido a un verso. Mas eso sería otro artículo.
Éste es de inviernos y no de líricas no obstante los dos se mezclan sin saber por qué o tal vez porque existe aquel frío interior que parece no tener fin, que desconoce las estaciones y no respeta ni el más cálido de los abrigo pues incorpórea es su nevada y el otro que a cada año se repite en los mismos meses dependiendo del hemisferio donde estés ya que estar no es permanente pero nosotros los cubanos tan autoritarios por naturaleza no lo sabemos. Cuando los dos se juntan el peligro de avalancha es inminente, casi inevitable. Entonces sólo hay una solución: olvidar las alevosías y refugiarse en una caverna. Puede ser cualquiera, incluso aquella de tu imaginación bien oscura y cálida, la más cálida de todas donde no lleguen ni las palabras ni los deseos.
Puente JK

Aquí (ya saben o tal vez no) el frío es seco, tan seco como en el desierto y por eso penetra menos en el tuétano y más en los recuerdos (no sé si eso es ventaja). Brasilia embellece en las frías noches de luna llena sirviendo de disculpa para quien aún cree en la poesía y no se importe con su paisaje futurista de concreto armado. La ciudad en forma de cruz conoce y guarda mis secretos. Enfría en la medida cierta, es incapaz de regalarme las típicas postales invernales que Hollywood tanto vende para el mundo porque tiene certeza que mis ojos no aguantarían. Además se enteró por alguien que le contó otro alguien amigo de no sé quién que adolezco de aquellos abrazos que arroparían las tardes invernales. No sé si saben que los abrazos son insustituibles pero pueden amenizarse con un buen cappuccino en estos atardeceres inclementes que se me antojan más azules porque siempre pensé el invierno de ese color (incluso de mañana bien temprano cuando salgo a correr la fría neblina que debía ser blanca no lo es). También con un buen libro (de preferencia una novela “huyan de la poesía”. Aceptó sugestiones y donaciones). Quizás hasta un buen vino ayude pero no soy tan culto para esa bebida que requiere entre muchas otras cosas de menos ausencias. Prefiero quedarme en el viejo whiskey o en el ron isleño (no puedo negar mi origen. Viva el Cerro)
La ciudad que de alguna manera ya es mía cambia muy sutilmente o serán las persona (hoy me es difícil diferenciar las cosas) en cada estación. Esta es mi época preferida tal vez por haber nacido en aquel lugar que no se me quita de la ganas, donde el calor puede ser sinónimo del fuego que te persigue eternamente o porque nunca viví la pálida frialdad de la nieve más allá de un filme.
El tiempo que falta para la floración se prenuncia especialmente cruel y no sé si el clásico hermetismo en busca de protección alcanzará para espantar todo lo que el otoño dejó o robó (en esta parte del texto no puedo darme el lujo de escoger verbos). El invierno (de nuevo él) es como un largo e interior naufragio. Debes buscar algo para aferrarte no importa que sea virtual ya que hoy no hay nada más real que lo irreal (parece ilógico pero tú sabes que no lo es) sino las olas en forma de mudos vocablos, de aquellos que rechazas destruirán todo que también puede ser la nada si es ese tú todo.
En esta estación donde la nostalgia es mayor se siente falta inclusive de lo desconocido que quizás sea el deseo roto, muerto antes de ser. En el mundo de lo inimaginable, de lo ficticio el desafío de sobrevivir aumenta junto con la duda que nos obliga a aferrarnos a cualquier cosa con esa urgencia que sólo la angustia despierta aunque ahora cuando el sur hiela y por experiencia propia (dolorida) pienso que debe ser a lo que está más cerca de tus manos, más lejos de tus sentimientos.
Recuerda que algunos de los que regresaron de la helada soledad cuentan historias de cavernas interiores donde les parecía estar acompañado hasta oían voces lejanas (pero qué es la lejanía comparada al invierno). Dicen no sé si es verdad sólo lo he escuchado que mucho tiempo después de haber vuelto las voces pararon, no para en todos. Ese es el mayor peligro de las cavernas o de la ausencia de calor. No saber si el frío que sentimos es aquel que pide más que un abrigo o sí es posible espantarlo con una buena gabardina y una bufanda que acurruque tus ideas que serán palabras que en algún momento, allá lejos en el futuro explotaran en tu garganta o con un eterno sueño donde sería la hoja marchita del flamboyán que cae no de una sola vez y si lentamente con el ritmo del viento en perfecta armonía con la naturaleza. Realmente no cae reposa en el asfalto mañana de la tierra y reposar es el verbo que más combina con esta estación. Invernal también es sinónimo de resguardarse, de protegerse, de buscar un refugio para esperar el instante de la luz ya que después de cada helada gota, atrás de la primavera alguien me dijo que hay un tiempo donde se puede engañar los ayeres. Por la descripción creo que es cerca el mar y más allá del mar quién sabe todo sea real y encuentre la brújula que me devuelva a casa.

13 comentarios:

  1. Muy bello, lo he disfrutado mucho, y estoy agradecido por la lectura, el invierno es nostalgia también, porque de un modo o de otro nos recuerda que tenemos una nueva casa, un sitio que no esconde al que dejamos, pero con el tiempo, cada vez el nuevo está más cerca, lo tocamos, nos da vida y es sorprendente. Gracias
    JC Recio

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  2. Mi amigo el calor que tanto buscas está dentro de ti recuerda que el tiempo siempre es diferente no hay un día igual al otro. Besos

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  3. Si, q BELLEZA Javier. Gracias

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  4. Estás en otra latitud, Javier.. Montréal celebra su verano, Brasil es acuartela en su invierno?
    Hacia el Sur, agosto será impredecible....

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  5. Extraño los mangos, espero que pronto tengas algo nuevo. Siempre un abrazo

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  6. Gracias Javier muy hermoso,y muy triste...te siento que reclamas a gritos los abrazos conocidos,como huefano de padre y señor mio,ese asfalto que pisas no se parece en nada al tuyo.....aunque agradecido estes de sus inviernos....

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  7. Ignacio Villavicencio8 de junio de 2010, 12:57

    Nadie se sabe el amor de Brasilia, como los que hemos tenido el amor de tenerla. Los que hemos desandado su invierno y las Juninas, con derecho a forro, a broa de maiz y a cachaza de Minas. Ella simple y taciturna sobre un llano ahuecado donde descansa un lago para el dia de agosto en que se nos secan las costumbres. Su invierno es coloquial y polvoriento y hacedor de misterios y sorpresas. Brasilia tiene una luna diferente y la vida en las noches es un derroche de lenguas diversas y sabores. Sea bendita y siempre amada, mi segunda ciudad de mis amores. Ella tambien me esta esperando...

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  8. Javier...agradecer lo que desde tu corazon salto, para cantar y encantar a Brasilia seria repetirme. Brasilia esta aqui en un lugar cercano a nuestra Habana. Yo soportando ciertas saudades me integro a ti para hacer apologismos merecidos. Tu y yo ya estamos divididos...perdon quise decir condenados. Dos amores estan en mi cabeza.Gracias por agitarme algunas veces los latidos. Bendiciones.

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  9. Gracias a tí Ignacio amigo de tanta batalla brasilienses. Ojalá más pronto que nunca nos reencontremos en nuestra linda Habana.

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  10. Javi eres un Poeta. Así sin adjetivos, elegante, capaz de cambiar las reglas del juego. Gracias por recordarnos ese lugar mágico donde compartimos tardes, algún mosaico y ambientes bohemios, característicos de nuestra ciudad amurallada, Gracias por tu estilo personal en esta carta de invierno con argumentos irrefutables. Un beso.

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  11. Como dice Cleo Javi, porque cargaste con todas nuestras culpas , la de cada una, yo la primera en marcharme. Un beso grande.

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  12. Javi lo he llevado a mi muro, me parece un texto tranquilo, una carta de invierno mágica, con emoción y creatividad, nunca pierdas de vista esta perspectiva, a mi alma romántica le encaja a la perfección este universo tuyo pragmático y relajado. Eres sencillo y cercano, ojalá que esa brújula nos devuelva a casa a todos, porque como bien dices, " Que es la lejanía comparada con el invierno ". Un beso.

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  13. Intenso, profundo!

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