miércoles, 16 de junio de 2010

EL INSÓLITO SENTIDO DE LA AUSENCIA

El pasado domingo fui a ver “Whatever Works”, la penúltima (espero que vengan muchas otras) película de Woody Allen, cuya historia transcurre como en casi todas sus anteriores producciones en la más cosmopolitas de las ciudades, capital de muchos idiomas e infinitos sueños. La Gran Manzana y sus habitantes han servido de inspiración incontables veces para uno de sus más geniales moradores que por acaso es director de una de las artes que se disfruta en la oscuridad (hay otras mejores). También famoso por su pasión por el saxofón y su conocida neurosis casi siempre expurgada en forma de comedia.
No quiero hacer un análisis crítico del filme (sólo diré que lo disfrute inmensamente). Lo interesante, diferente tal vez para mí como espectador fue sentirme por primera vez parte de su tan conocida neurastenia a pesar de nunca haber estado en esa ciudad percibí que el tema abordado se escapaba de Nueva York. Yo (individual) era un personaje invisible de ese guión creado por Allen. Salí del cine con la agradable sensación de haber aprovechado al máximo cada minuto pero con la interrogante de si existen diferencias entre las personas que viven en las grandes ciudades occidentales, y si el desarrollo económico influye en sus maneras de existir.
Decidí investigar ese tema y percibí que en una mega-ciudad la posibilidad de soledad es inversamente proporcional a sus habitantes; “Eureka” es una tendencial mundial y no una obsesión depresiva mía como piensan algunos de mis mejores amigos. Me basé en datos de San Paulo una metrópolis con casi 20 millones de habitantes por ser mi ejemplo más cercano. Descubrí que el mercado de productos para solteros crece a un ritmo superior al de la economía. La construcción civil uno de los motores que impulsa el desarrollo del país construía apartamentos de 2 a 3 cuartos a menos de 20 años atrás ya que eran los más buscado. Hoy se ha especializado en departamentos de una sola habitación cuyo precio no para de subir mientras que aquellos mayores han sufrido una reducción porque el número de persona que viven solas aumenta cada día más. Actualmente existe hasta “listas de espera” para comprar o alquilar ese tipo de morada. No es solamente ese reglón que ve el futuro del crecimiento en el aislamiento individual, ya prestaron atención que los hipermercados disponen cada día más de nuevos productos en paquetes y cajas menores para consumo personal, la época de los grandes volúmenes ya pasó. Las montadoras de autos es otro sector que sigue la tendencia mundial de la soledad, produciendo carros cada vez más pequeños y no es solamente por la cuestión del combustible, también influye el encogimiento de las familias, una directriz que parece irreversible pues mismo los que aún optan por la opción matrimonial prefieren un único hijo al contrario de décadas anteriores donde el promedio era de tres; algunas de esas nuevas parejas hasta deciden no tener ninguno.
Según el último censo del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) realizado el año pasado, existían en el país “Dos Millones Doscientos Mil” solteros o personas que declararon preferir vivir solas con edades que varían entre los 25 y 60 años. Teniendo en cuenta que la población brasileña es de 198 millones, ese número representa más del 10% de la misma, y según el mismo Instituto en 10 años ese porcentaje triplicará. Otro aspecto interesante es que el 99% se encuentra en grandes ciudades; viviendo en pisos con una media de 60 M², en edificios que ofrecen todo el confort que un solitario necesita como: gimnasio con piscina longitudinal; lavandería; café-restaurante 24 horas, entre otras muchas comodidades.
Hablo de Sampa pero después de haber visto el filme de Allen creo que no hay mucha diferencia entre los números paulistanos y los de cualquier mega-metrópolis. La vida es casi igual, a cada segundo que pasa tenemos menos tiempo disponible para nosotros. El yo-colectivo es mucho más importante que el individual. Poseer sustituyó definitivamente al verbo vivir. No soy yo quien viste lo que quiero, es la sociedad quien me viste obligándome a comprar la marca de moda para poder mantener el trabajo que me posibilita el aislamiento total que me proporciona un sueldo idóneo para acceder a las últimas novedades tecnológicas algo que es maravilloso ya que disminuyó las distancias. Permitiéndonos entre muchas otras cosas hablar y ver a aquel amigo que se encuentra en otro continente o hemisferio como si estuviésemos sentados en la mesa de un bar. Lo que pasa es que esa misma tecnología que corta el tiempo es también un arma de doble filo, causando inconscientemente o tal vez no un aislamiento con el vecino de al lado o más próximo. Para qué ir al cine si puedo bajar el filme desde mi ordenador; para qué visitar un amigo si puedo verlo por el Skype. Para qué salir de casa si hace frío o calor; si estoy cansado o deprimido y además existe la tele-entrega de cualquier producto facilitando aún más nuestra incomprensible misoginia en el siglo donde la comunicación se tornó más accesible.
Son pocas las personas que antes iniciar cualquier relacionamiento dejan de lado las inevitables preguntas que frenan lo que podría ser el derrumbe de la muralla que nos inventamos: Para qué compartir con un extraño mi extraña forma de vida; cómo aguantar un ronquido y dividir mi espacio con alguien que no sea mi espejo. Qué lado oculto de mi cama usaría; por qué debo confiar sino lo conozco más allá de mis anhelos. Con tantas interrogantes lo mejor es continuar solo; protegerme o proteger mi modo de vida muchas veces tan diferente al soñado porque casi siempre lo desconocido (qué puede ser tu mayor deseo) da más miedo de vivir que ayer, recuerda que las dudas seguirán y sin ellas no soy. Es más fácil comprar un perro; un gato o cualquier animal irracional (que me disculpen los animales pues no hay nada más irracional que el ser humano, también animal) que me hará compañía y que no reclamará cuando al cansarme de él lo abandone.
Esa soledad o desconfianza es mayor en personas con más de 40 años del sexo femenino (según el censo brasileño) por haber conquistado una estabilidad financiera y un nivel de escolaridad superior en muchos casos al de los hombres, aunque para eso hayan renunciado a dividir su existencia con alguien que no sea su propia sombra.
Creo que si Shakespeare fuese mi contemporáneo, poseyendo ese gran conocimiento del alma humana que lo convirtió en uno de los mayores escritores de todos los tiempos sería muy probable que Julieta viviese en Venecia y Romeo en Nueva York. El final de la historia quizás fuese menos trágico y el suicidio consistiría solamente en apagar el ordenador. Tal vez su frase más conocida fuese: Ganar o no Ser; Ser o no Ganar esa es la cuestión. Ganar dinero y no ser feliz es la lógica de las sociedades moderna (llamadas de civilizadas) pues la felicidad no pasa de una ilusión de los poetas; de los fracasados que dicen que el dinero no lo compra todo. Mentira compra hasta éste notebook que me permite escribir y seguir solo. Tan solo como el pensamiento.

8 comentarios:

  1. Inteno, lindo y profundo.

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  2. Aunque vivo y comparto en familia, a mi alrededor ocurre mucho y es muy cierto. Creo que cada cosa tiene sus ventajas. La soledad es muy buena para el escritor. Aunque en las grandes ciudades yo he notado que puedes tener conversaciones muy agradables con personas que no conoces solo por cualquier suceso, por ejemplo, escuchar jazz en el subway un buen rato y si deseas conversar al respecto la mayoría es coordial y se intercambian criterios. Bueno, buen post

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  3. Eso que dices es genial, voy a tener que irme a vivir a San Pablo, porque aquí todo sigue pensado para la "gran familia mexicana" y la mitad de lo que compras se echa a perder.
    En general me parece excelente ese regreso al individuo, porque sólo el que aprende a estar consigo mismo, a quererse, atenderse, cuidarse y procurarse, podrá disfrutar sanamente todo lo demás.

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  4. Comcuerdo con los dos comentarios anteriores en las grandes ciudades también encontramos desconocidos con platicas agradables y también la soledad de la masa que anda en toda dirección.

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  5. Mi querida Odette realmente nunca había investigado sobre ese tema, aunque de un tiempo para acá ya percibía que los hipermercado vendían más producto pensando en los solteros. Después de leer la pesquisa del IBGE no me quedaron más dudas. Entonces ya sabes te espero en Sampa, la tierra de la llovizna.
    Juan Carlos gracias una vez más por tu comentario. Sabes que se te quiere por aquí.

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  6. Hola man, de nuevo por acá, interesante esto que dices en esta subida de blog, con Woody en la sombra de estas meditaciones. Abrazo Lobino

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  7. hoy en día el individuo es más individualista que nunca.. el facebook es un fenómeno que ha logrado que la gente no se despegue de de la conexión.. Hay muchos ejemplos y serían largo escribir ahora en este mensaje, pero da por sentado que la sociedad desarrollada crea un ser que lucha por poseer, tener y no por compartir... La tecnología ha ayudado pero al mismo tiempo ha separado, ha roto los lazos humanos..

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  8. Hola Javier, muy buen análisis con argumento, generalmente hablamos de éste tema pero sin tener la suficiente evidencia simplemente damos nestra opinión y ya. Parte de lo que piensas e investigaste había pasado por mi mente, muchas veces el miedo o quizas es el hecho de que existen personas que no está en ellos esa caracteristica de tener pareja o familia. Y no es malo, es una forma de vivir quizas para muchos extraño, pero pienso que lo más importante es sentirse bien con uno mismo y no hacer las cosas como borreguitos, hacerlos nadamas porque la sociedad exige que así sea. Gracias por tu investigación y tu genial forma de escribir. Un gran abrazo.

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