miércoles, 19 de mayo de 2010

LA ISLA SUMERGIDA

Tengo un gran amigo que llama al Facebook de Centro Habana, concuerdo con él sólo en parte porque pienso que va más allá de los límites de un barrio y abarca no sólo la capital sino toda la nación que desde la lejanía se ha convertido en una isla imaginaría (de náufragos rodeados de consignas infértiles) y como tal seguimos separados, esta vez por un mar de fibra óptica sin las saldadas olas del malecón ni el intenso verde-azul de sus aguas.
Las limitaciones, fundamentalmente políticas de un país que se abre parcialmente al mundo sin la rapidez exigida por la modernidad cortan ese flujo de intercambio con los que en algún momento cambiamos (algunos por opción propia, otros por falta de opción) la nada por el destierro y ganamos la angustia del tan soñado reencuentro que sólo será posible cuando el camino ideológico tenga más de una mano.
Mientras eso no sucede acudo al mundo que se esconde misteriosamente en la pantalla del ordenador, allí he encontrado (uso el pretérito perfecto, por ser el único que tiene vinculo con el presente) amigos y amigos de los amigos que quieren ser mis amigos. También algún que otro enemigo, que sería de la vida sin ellos.
Después del primer impacto (o será contacto) causado por esa gran ola que vino cargada de los desparecidos (que es un estado lleno de dudas), comprobé que la mayoría sigue con el candor de los años habaneros (es triste que ese adjetivo signifiqué pasado) donde la vida en algún momento parecía. Algunos aún me llaman por mi apodo; privilegio de los ayeres que suena como una ilusión interrumpida porque me traslada al espacio de tiempo donde viví los momentos más inquietantes y placenteros (ya saben la juventud) que nunca me han abandonado.
Otros no quieren saber de su pasado (que también es mío), tienen miedo de sus fantasmas o de lo que escribo (algunos dicen que no es literatura, quizás estén cierto) y después de la emoción del reencuentro simplemente me bloquean y siguen disfrutando sus atardeceres madrileños mientras piensan: Azuquita no evolucionó, aún está en San Pedro 62 y Sol, no voy a comprometerme con alguien (Yo) que escribe lo que pienso pero que no tengo coraje de pasarlo para el blanco papel de la consciencia, desde la capital española el pasado poco importa. Esa actitud no me incomoda, estoy acostumbrado a todo tipo de aislamiento
Existe otro tipo de embargo, el de los que están en la isla y no pueden comprometerse ni relacionarse más allá de los límites que la dictadura impone, ese tipo de retraimiento duele menos que el de los que estando fuera aún piensan lo que pueden o no hacer para mantenerse fiel a algo (cuántas indefiniciones carga esa palabra) que de alguna manera los expulsó.
Entre los conocidos que no podía llamar de amigos porque nuestra relación era más bien profesional he recibido la agradable sorpresa de sentirme más cerca (éste cerca se escapa de la geografía, es de hermanos) en esta forzada separación que cuando estábamos juntos en aquella casa convertida hoy en museo. Ahora sé que tengo un parque para visitar los martes, una amiga la más linda de mi generación y hoy la más pepilla de las abuelas; un escritor disfrazado de director que me regaló varios textos para el blog; un trovador con apodo de lobo y muchos otros que juntos vamos desde el parque santiaguero de los cafés más virtuales hasta los escombros capitalinos con una frecuencia cada vez mayor.
También encuentro a los que se despiden como si fuesen a morir (pudiera incluirme en ellos, sino fuesen los otros, los no-yo, pues de despedidas estoy pleno) diciendo estoy aquí pero no quiero saber del pasado. Ahora soy ciudadano europeo y aquella exótica isla no me pertenece más. Respecto sus posiciones, creo que son defensas para sobrevivir a la distancia y al cruel destierro (todo el dolor cabe en esa palabra), y espero pacientemente el día que no necesite más de la tecnología para andar “La Habana” (sin Eusebio pero con la música de Gerardo) y volver a tomar nuestro ron (nada amargo como alguien “muchas veces usado” por más de los que debían se refirió a nuestro vino) sentado en el más bohemio de sus muros que ahora tiene otro sabor, esperando las olas que no mojaron mis pies de antaño tan vacíos como un sueño no realizado.
Entre los amigos de mis amigos o que no eran amigos de los míos he encontrado algunos que parecen de toda la vida, nunca nos hemos abrazados ni bebido juntos para sellar la amistad, pero es sólo una cuestión de tiempo, el brindis se acerca cada días más, está esperando lo que ustedes saben y poco importa si hoy están en Atenas, Miami, Madrid, Nueva York, México DF o Brasilia también DF, porque nuestro encuentro será en una Habana libre (no en aquel hotel usurpado hasta en el nombre), que como toda madre espera el regreso de sus hijos.
Lo positivo de ese implícito rencuentro con el pasado es ver el crecimiento intelectual de mi generación, todos estamos más maduros (o sea como el ron mientras más añejo mejor) como humanos y creadores. El exilio ha ampliado nuestras mentes y lo que en los distantes 80 eran proyectos hoy son la más amplia realidad, triste para la mayoría por haber acontecido fuera de la nación. El expurgo intelectual algún día será olvidado, escribo olvidado y no perdonado porque nuestro único crimen es haber querido soñar en un lugar donde hasta los sueños se miden por su peso político.
Días atrás un alumno que acompaña mi blog me preguntó: ¿es verdad qué todas esas personas son tus amigos?, en tu Facebook hay muchos a los cuales llamas de hermano. Sí, es verdad el destierro al contrario de lo que siempre pensó la dictadura, nos ha unido en una cofradía mayor, porque solamente así recuperaremos la nación nada invisible que en algún momento (no pueden imaginar cómo me duele esa frases pues no hay nada más impreciso que un momento) volverá a ser nuestra o sea de todos sin importar las orillas siempre que no hayan manchado con sangre sus manos, será el fin de los pies secos o mojados y el inicio de las manos limpias para levantar el sueño y derrumbar los muros que a tanto tiempo nos separan.
El Facebook como saben parece una santera con nombre inglés capaz de bajar los muertos-vivos (todos los días del exilio me pregunto si es un día a más o un día a menos) e invadir sin piedad la privacidad de sus clientes, por eso he decidido visitar menos Guanabacoa (con permiso de Omar pienso que también puede ser ese su nombre), y despojarme más en la real vida brasileña hasta que el anhelado deseo sea algo más que un vaso de ron y un cable subterráneo porque estoy extenuado de sembrar mañanas que no llegan, recordando el pasado que fue o quizás no. Ya no sé si soy yo el que escribe o si son los otros no-yo que lo hacen por mí.
Foto de Carlos Garaicoa.

10 comentarios:

  1. Creo, es mi opinión personal, que la noción "encuentro con el pasado" no es exacta: los que se dan en las redes sociales, internet, los chat y blogs son encuentros con el presente. Tengo recuerdos de aquel pasado, los evoco a veces, pero el Azuquita con el que converso ahora no es aquel de la Casa del Joven Creador. Celebro la amistad con éstos que son ahora (y a lo mejor hasta prescindo de alguno que entonces fue amigo pero ahora sigue otros caminos; siempre he dicho que la amistad es circunstancial, coyuntural).
    Otra cosa: creo que lo interesante de estas redes sociales es que puede uno trascender los límites malsanos de una isla y deambular el mundo, sin fronteras. Eso es lo que me gusta de Facebook.

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  2. Mi corazón, un rollo en el brazo derecho que incluye un accidente vascular me tiene lejos de escribirles con la frecuencia que lo hacía, pero siempre los leo a ti y Odette, en esta ocasión le digo a mi brazo y a mi mano que se aguanten y te comento que se perfectamente lo que sientes porque así lo sentí cuando empecé a darme cuenta de lo que encontraba en facebook o cualquiera de las redes sociales.
    "Nosotros los de entonces, ya no somos los mismos", pero la esencia está en cada uno, ahora nos redescubrimos al paso de tantos años, de tantas vivencias diferentes y encontramos que hemos aprendido mucho de todo lo que hemos vivido, con unos hay más coincidencia que con otros, con otros ya no están las coincidencias que tuvimos en un tiempo, hay nuevos amigos a los que me encantaría mirar a los ojos y darles un primer abrazo, pero la verdad es que cuando pongo en una balanza todos mis inevitables juicios, siempre encuentro lo que más pesa,la alegría de estar en contacto con mi infancia, mi juventud, mi vida en general porque desde los puputres del conservatorio Amadeo Roldán, mis alumnas de L y 19, ustedes mis hermanos de la AHS, mis amigos venezolanos (viví 9 años en Venezuela)los que he hecho en México en estos 10 años que llevo viviendo acá, más los recién conocidos en facebook,siento como integro todos los pedazos de este "viajeteo por el mundo".
    Como siempre te comento, para mi lo más importante es no ceder a las provocaciones y no perder la ternura, eso me mantiene en mi centro.

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  3. Brother, tus palabras son una especie de documental que va y viene en el tiempo, al que le sumo la sensación de estar conversando con el amigo de siempre, ron por medio en cualquier esquina del mundo. Hoy que amanecí con el alma seca, leerte, leer los coments de tan ilustres queribles me arropa.
    Mi abrazo

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  4. Juan Carlos Recio19 de mayo de 2010, 16:11

    Si creo que es acertado que esos límites del rostro de Centro Habana es la nación, está muy bien escrito, no importa cuánto se esté de acuerdo o no, las lecturas cuando fluyen te dejan ver en catársis a la persona y esa honestidad es buena, incluso yo que me considero un optimista contra todo olvido. Buen post en Escombros Habaneros, La Isla es sumergida por todos, desde nuestro modo de ignorarla, o de avasallarla, es parte de nuestra tragedia desde afuera y desde adentro.

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  5. Está vez has penetrado bien hondo en mi consciencia en mi deseo de no querer usar mi nombre como defensa contra el pasado recuerdo una vez que me dijiste que la vida era como un botella de ron vacia que habia que salir a buscar otra pues el mundo no puede parar, eso fue una madrugada de sabado para domingo esperando la guagua 27 en el muelle de la lanchita de regla ahora ya debes saber quien soy pero confio en tu discreción. piensa que sigo siendo tu noviecita de fin semana con la diferencia de que ahora te admiro más. Cuidate y no dejes de escribir.

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  6. La idea de no ser es tan antigua como la humanidad. pero este texto me gusto mucho y me veo en muchas cosas.

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  7. La memoria, Javier, la memoria a ratos es una traidora... Saludos

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  8. Me parece maravilloso.......que dolido te encuentro será que extrañas la otra orilla,la calle que mecionas,y el resultado de tus mañanas sembradas de soledad.....Iglesias Estoy contigo
    Arelis

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  9. Eres la escoria de los cubanos

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  10. Somos más los que te admiramos.

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