miércoles, 28 de abril de 2010

EL TIEMPO ARQUITECTO DE LAS INCERTIDUMBRES

El fin puede ser un bálsamo, aquella luz que se cuela por la diminuta rendija invadiendo el vació. También la libertad, si es verdad lo que dicen algunos de que la vida es una novela. Cierren los ojos y traten de sentir las innúmeras sensaciones que nos inundan después de terminar de leer una pero no olviden que hay dos puntos de vista diametralmente opuesto: el escritor (dueño absoluto del imaginario) y el lector (degustador del texto), sin embargo paradójicamente algunas sensaciones son muy parecidas en ambos. Si no piensan así presten más atención en las próximas líneas. El autor pone el punto final a su obra, y nadie puede decidir lo que es mejor o no para su creación, con la vida extra-literaria sucede algo parecido, el último punto es siempre de uno.
La divagación del párrafo anterior se debe a que en estas últimas semanas me he sentido un personaje de cualquier libro de Kafka. Y una vez más como en la ficción las malas horas nunca llegan solas, generalmente vienen acompañadas de situaciones extremas capaces de desestabilizar al más centrado de los humanos, que como ya deben saber no soy yo. Fue quizás esa sucesión de hechos lo que debilitó mi espíritu y cuerpo de errante caminante. Sagitario privado de su parte animal, la otra que ya fue algo pensante se niega a hilvanar ideas pues concluyó que solamente sirven para perturbar aún más el mar interior lleno de furia e insoportablemente nostálgico.
Antes cuando me sucedía algo parecido y aún poseía la fuerza que hoy me falta, me refugiaba en la poesía que siempre la pensé como una pintura que habla (pues de imágenes estoy lleno) hasta descubrir que la pintura es la poesía que sangra.
Hoy sé que el pasado será siempre lo que fue pero todavía no aprendí a aceptarlo y por eso continúo desgastándome en querer cambiarlo. Quizás nunca aprenda pues tengo una gran inhabilidad para vivir el ahora a pesar de saber que es el único tiempo donde la vida te ofrece algo (que es más que nada) todos los días en bandeja de oro, pero de metales soy ciego. El futuro que parecía cercano en otra isla, el tiempo (maestro de la muerte) está socavándolo antes de los posibles amaneceres, no de un zarpazo. Fueron una sucesión de desencuentros, de inconstantes desesperos llenos de soledades con mucho más fuertes que la necesaria paciencia, porque de dudas está asfaltado el camino del nirvana.
Fui contra todas las convicciones que la hipócrita sociedad nos impone, tornándome en una impura sombra (que no es más que la cara oculta de un deseo abortado), pago un alto precio por eso y reconozco mi derrota, no se puede luchar contra las leyes naturales de la esencia. Exigirle a otra persona la felicidad que adolece de ardientes cuerpos callados al roce necesario es como colgar una quimera en el techo de lo que ya no es ni la casa ni el árbol y esperar pacientemente a que caiga sobre lo que un día fue un ser que hoy no pasa de un objeto trémulo buscando respuesta y que sólo ve fin donde ante había mañanas.
Todo lo que estoy pasando es producto de la incapacidad de ver más allá de un obstáculo cuando se refiere al íntimo. Debido a todas esas situaciones entrañables no puedo estar orgulloso de la sangre que impulsa estas palabras, pues llega al centro cargada de adjetivos que la descalifican merecidamente. Descubrí de la peor manera que la literatura sirve entre muchas otras cosas para imaginar las vidas que no vivimos. Escribir de nada vale cuando no se ha logrado lo que te inspira en las letras, a no ser que de tinieblas, miedos, indecisiones y desconfianzas (la redundancia es intencional) se llenen tus futuros y eso con seguridad inválida todos tus argumentos.
¿A dónde van los días que pasan? es la pregunta convertida en suplicio que me regala la alborada, mientras deseo una vez más huir de mí, siempre con el agravante de la nacionalidad martillando la cabeza, pues cuando te vas de Cuba (espectro de melancolía) parece que dejas de existir, el reloj misteriosamente se detiene sólo en tí. Descubres otra dimensión que te aprisiona en un lugar entre pasado y futuro. Un PASFURO, tiempo hasta hoy desconocido que te impide vivir el otro, aquel actual que no es más que un océano. Es como si hubieses nacido taciturno en la isla de los puentes débiles, donde la reconciliación no es y el espacio que más duele es aquel que llevo dentro porque los caminos parecen no tener fin y ya estoy cansado de andar siempre en circulares ruinas, de ser un eterno transeúnte del pensamiento.
Necesito un final, el último punto que puede ser dolorido pero imprescindible en éste instante de no sé. Algo que acabe con mis soledades y me de la paz que el ocaso robó aunque para eso tenga que arrinconar a la felicidad que Lennon llamó proféticamente de pistola caliente días antes de ser asesinado. Frase que hoy comprendo en su extensión literal y metafórica, pues fuera de la poesía sólo la barbarie prospera.

11 comentarios:

  1. Cuanto dolor, cuanta belleza.

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  2. Javier, hermoso texto lleno de nostalgia y melancolía...

    un abrazo

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  3. Me hace pensar muchísimas cosas eso que escribes...arriba ese ánimo, que Dios aprieta...pero no ahoga!Un abrazo fueeerte.

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  4. Me encanta Javier saludos dese Miami.

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  5. Javier...lindo texto...aqui viaje en mis pensamientos....Abraços

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  6. A algún tiempo acompaño tu blog y nunca deje comentarios, este es el primero porque el artículo me ha gustado mucho. Felicidades y mi nombre es Lupe García.

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  7. Hermoso, mucha nostalgia pero también luz

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  8. Si toda la melancolía produce escritos como este. Viva la malancolía.

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  9. Javier...querido, estás muy adolorido...descansa un poco!

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  10. Querido Azuquita, doloridas, sinceras lucubraciones te habitan, bien podrías decir lo que canta Bebe: Desilución me ha venido a ver...
    Más los Sagitarios en esto de bajones llevamos algunas ventajas, lo sé por experiencia propia, cuando tocamos fondo, solemos salir con nuevos bríos, poco importa que el tornado haya arrazado las casas, construimos otras.
    Un abrazo grande

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  11. Gracia Rafa,
    Hoy te siento más cercano que ayer y no sólo por ser sagitario, sino por nuestras andanzas hablaneras de los 80.

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