miércoles, 14 de abril de 2010

EL COLECCIONADOR DE SEPULCROS

Raúl Castro practicando su deporte favorito
El doctor Víctor Frankenstein robaba pedazos de cadáveres para sus macabros experimentos de dar vida a algo inanimado. Creía inmensamente en ser el elegido, el único capaz de desafiar la más antigua de las leyes (La muerte) pero esa creencia no es exclusividad suya. Recuerden la frase de aquel otro médico argentino y lamentablemente nada ficticio de “Que el fin justifica los medios”. O sea la ética y la insustituible lógica no habitan en ese tipo de personas. Esa es la sinopsis de la famosa novela de la escritora inglesa Mary Shelley. ­­­­­­­­­
Saben que soy un apasionado por el cine y la literatura ya que en la ficción todo (que es el infinito) es posible, la imaginación de los creadores no conoce límites. Me gustan las películas y las novelas no por su complejidad ni porque la critica diga que son óptimas y mucho menos por la cantidad premios que hayan obtenido. A veces en las más simples y sencillas, en aquellas que tienen como único objetivo entretener y recaudar dinero encuentro algunos mensajes que inexorablemente me llevan a la cotidianidad. Hace ya algún tiempo que me percato que no hay mayor ficción que la vida misma o será que la realidad ha llegado al paradójico de competir con la imaginación del más genial de los artistas.
Hoy que poco importa el día (pues puede ser mañana si está en otro continente) en pleno siglo pos-luces un país gobernado por el general (que aún tiene quien le escriba) Raúl Castro apreciador del sufrimiento ajeno ha declarado “La muerte como política de estado”. Nada nuevo para quien conozca la historia de ese experimento político llamado revolución cubana. El general continúa fiel a su decrépito hermano. Ambos se empeñaron desde el comienzo en experiencias fracasadas y nunca han vacilado en usar a la población como ratones de laboratorio. Desde los primeros años se dedicaron a investigar (tribunales sumarios) la composición natural y los procesos de corrupción del ser humano. Implantaron los célebremente tristes paredones de fusilamiento sabiendo que sólo introduciéndose en el estudio de la muerte hallaría las condiciones de penetrar en los misterios de la vida. Reunidos los conocimientos necesarios concluyeron que era el momento de realizar el tan anhelado proyecto de crear el “Hombre Nuevo”. Para eso necesitaban animar la materia inerte (el pueblo), pues sólo así les sería posible reprogramar la vida de los que a mucho tiempo y conscientemente habían matado. Fue violando todos los secretos de la naturaleza humana, que consiguieron lo que desde el principio se había propuesto. Pero después de haber cumplido exitosamente su meta, y con el pasar de los años una gran e inesperada repulsión se apoderó de su obra (de nosotros) contra todo lo que nos recuerde los ineficientes gobernantes de una isla que ya fue llamada la perla del Caribe y que hoy no pasa de una prisión colectiva al aire libre.
No querer reconocer el fracaso de un sistema-ideología que se derrumbó sin necesidad de tirar un tiro, quizás no sea el mayor de los errores, pues de la tozudez podemos esperar lo inimaginable, que es mucho más que lo que cualquier ser humano puede soportar. Lo que realmente diferencia al desastre cubano es la opción que han tomado los hermanos Castro de perpetuar el monopolio que ejercen sobre la nación como si fuese su feudo particular. No respetar las leyes de derechos humanos es parte de su política externa-interna pero ahora acompañada de cadáveres inocentes colgados en los balcones como si fueran las sábanas blanca que inspiraron al trovador, todo es con el silencio cómplice de una parte de la comunidad internacional que no quiere ver en lo que se convirtió la in-revolución cubana.
Me había prometido no escribir sobre esa nueva coyuntura que ha desatado la oposición civil de la Isla, y no porque no me sensibilizara, sino porque pienso que es la hora de parar con las cartas-artículos-textos pues de denuncias virtuales la red ya estás saturada y pasar a hacer algo práctico, cómo protestar en las embajadas de la dictadura por todo el mundo, pedir a los parlamentares de los países que nos acogieron para presionar al gobierno Castrista en la libertad de los presos de consciencia y que declaren públicamente su condena a la dictadura. Eso es lo mínimo que podemos esperar de un compatriota que haya conseguido salir del presidio tropical.
Durante largos e interminables cincuenta años hemos soportados silenciosa y cobardemente la represión ejercida en nombre de un futuro mejor, promesa incumplida desde siempre. El miedo, el mayor artificie de la dictadura está siendo desafiado por los que menos esperaban los todos poderosos. Son obreros, albañiles e intelectuales que se han unido desde el interior del aborto patrio y han puesto en jaque al sistema comunista y a la cruel una geografía con sus fronteras de espuma y noche. Los nuevos héroes no ven en el exterior la soluciones a los problemas nacionales, han establecido un nuevo método de lucha pacífica (morir por la patria es vivir) que a pesar de discordar pues creo que ninguno de nuestros actuales gobernante merecen la muerte de esos patriotas respeto desde mi cómoda y porque no cobarde posición de vivir fuera del terror nacional.
Sé que ese grito de la mayoría de los exiliados y de algunos pocos países encabezados por la Unión Europea, condenando la muerte de Orlando Zapara Tamayo y exigiendo la inmediata liberación de los preso políticos sin usarlos como moneda de cambio, junto a la preocupación con la muerte de Guillermo Fariña es de desconocimiento de gran parte de la población isleña, pues la información no es desde que los Castró (discúlpeme quise decir Castro) se adueñaron de la isla.
Pero debo decir que en 13 años de destierro nunca vi una movilización tan grande por parte del dividido exilio cubano. La muerte ha unido más que lagrimas desde España hasta Estados Unidos, pasando por Brasil (hice y haré mi parte desde afuera de las letras), no pido que hagan lo mismo solamente recuerden que no se puede esperar que nadie haga lo que por designio patrio nos pertenece. La libertad no se compra, se conquista a cualquier precio, aunque muchas veces nos parezca absurdo lo que debemos pagar por ella. Ya saben que de defunciones está sembrado el suelo, el mar y las fronteras de la nación desde aquel trágico 59. Las protestas no paran y los oídos de los lacayos ya sienten el grito de los corderos degollados, llegó la hora de como en aquella película el creador ser devorado por su engendro.

4 comentarios:

  1. Simplemente magnifico.

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  2. Javier, no habia ojeado aun tu blog, realmente muy bueno e ilustrativo.

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  3. Bravo queridísimo amigo!!!Lo voy a poner en mi perfil ahora mismo.Qué te parece la pelea espistolar Silvio vs.Montaner?
    Besos y abrazos.

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  4. Javier gracias por tanta imformación y arte.

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