miércoles, 18 de noviembre de 2009

LAS IMPERCEPTIBLES FRONTERAS

Ayer estaba viendo en la Tele “Piratas del Caribe”, no sé por qué repiten tanto esa película pero siempre que la veo no puedo dejar de hacer una analogía con el pirata tuerto (no hay peor tuerto que el que no quiera ver) y barbudo de la cara de palo que también usó un barco para apoderarse de la nación y convertirla en una eterna leyenda de naufragios con la diferencia de que en esta historia el principal protagonista es una isla perdida en el medio de la nada (lugar que no existe ni en la literatura), habitada por sobrevivientes que esperan con la paciencia insomne que sólo tienen los que se saben rodeados de agua (que no es más que un continente infinito), por un rescate o que alguien encuentre la botella con el pedido de socorro lanzada a tanto tiempo que ya más nadie cree que exista tierra firme. Esa historia que podía quedarse en la ficción es real tratándose de Cuba.
Cuándo vivía en la Isla creía que todos mis problemas se solucionarían huyendo lo más lejos posible, donde la vista no alcanza y el mar(L) acaba. Conozco a muchos que se fueron con la idea de que al llegar a la libertad se convertirán en un pizcar de ojo en los nuevos millonarios. Es tanto el deseo de escapar que no pensaron nunca en la posibilidad del sueño romperse ni imaginaron el precio que se paga por ser libre, porque la libertad al contrario de lo que algunos dicen sí tiene precio y para los isleños es siempre más caro.
Aquí en éste país de naturaleza infinita pero también tercer mundialista son más los compatriotas que pasan de alguna u otra forma necesidades que los que se encuentran bien financieramente, algo que no pueden entender los que aún viven la pesadilla tropical, ¿cómo alguien dice que se encuentra mal y manda videos vestido con jean, tenis de marcas y celular?, objetos de consumo deseados por la mayoría de la población antillana, todo eso en una fiesta donde no falta nada de lo que es un lujo en la nación. Esa pregunta siempre va dirigida para los que se convirtieron en una foto y cargan la ausencia en los distantes atardeceres.
Desde el interior del desastre es imposible entender que las necesidades cambian de país para país, lo que en la Isla era un lujo en el exilio es algo banal y viceversa. Cuando el cotidiano se resume a buscar algo para aplacar el hambre la vista muere en el almuerzo y la mente no existe más allá de lo físico, no se comprende que las miserias del exilio las guardamos donde el sol no llega. Ya escuché a bastantes desterrados que cambiarían todas (es una palabra indefinida) las conquistas materiales por unas horas de conversación con un amigo de aquellos tiempo deshumanos.
Sí queda alguno capaz de asumir el riesgo que conlleva ese sustantivo, porque el mayor daño que han causado los Castros, no es la cantidad de fusilamientos, de persecuciones políticas, las absurdas guerras internacionalistas entre otras innumerables aberraciones sino la división familiar que no cabe en una foto ni en la palabra nostalgia, desborda el espacio físico para arraigarse de forma maligna en la mente de quien lleva el DNA patrio.
La vida ha demostrado que es posible rescatar económicamente un país arrasado por la plaga del comunismo en menos tiempo de lo que pensaban los economistas occidentales. Veinte años después de la caída del muro de Berlín, 27 países de ellos 24 ni existían antes del fin del comunismo tienen un Índice de Desarrollo Humano (IDH) considerado Muy Alto o Alto según el último informe de la ONU y sus economías crecen a un ritmo superior a la de tradicionales países capitalistas. Eso no me sorprende pues quien se libera de la dictadura del proletariado quiere recuperar el tiempo perdido sin tener que abandonar el hogar.
Diametralmente opuesto a la velocidad económica avanza la mentalidad de quien no consigue apagar de una vez por todas los sufrimientos, pánicos, rencores y dolores causado en nombre del bien común por el capricho personal de los dictadores comunistas.
Es la continuidad del miedo que algunos insisten en reimplantar como política de Estado. Rusia es un buen ejemplo, la antigua KGB continua jugando un papel primordial, en su frágil democracia es permitido todo o casi todo, robar, sobornar, pertenecer a su poderosa mafia. Menos criticar a quien fue hasta poco tiempo presidente, hoy es primer ministro y nunca dejó de ser director de la temida policía secreta. No olvidemos a Alexander Litvinenko ex espía ruso crítico al Kremlin, que vivía exiliado en Londres y que fue envenenado con polonio 210, una sustancia radiactiva poco frecuente y muy usada por los antiguos aparatos represivos del este europeo, que administrada en la dosis cierta provoca una muerte lenta pero segura, en una operación capaz de revivir los mejores años de la guerra fría.
La relatividad de algo la medimos por la ansiedad de los deseos, en lo económico se ha avanzado mucho en veinte años sin muro, lamentablemente no ha sucedido lo mismo en la psicología de los rescatados que anda aún en Ladas y con recelo de volver al pasado por ese motivo no consiguen disfrutar plenamente la democracia. Las sociedades ex-comunistas que ya aprendieron a usar la economía necesitaran en lo mínimo cuatro generaciones para librarse definitivamente del mal que las agobia y ser verdaderamente libre en el sentido más amplio de esa palabra.

3 comentarios:

  1. Pienso que eso sucede con todo emigrante

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  2. Que cosas lo de la mente humana, de Piratas del Caribe a este tema en el que traes muchas cosas para detenerse, como eso de la velocidad de recuperación económica y la lenta cura síquica. Largo el tema, no creo que todo inmigrante pase por lo mismo, como dice anónimo, en todo caso será : todo aquel inmigrante que padezca la misma enfermedad que nosotros.
    Un abrazo man

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