miércoles, 14 de octubre de 2009

JULIO FOWLER: RESPONDE

El día de la cultura cubana es el 20 de octubre que fue cuando por primera vez se entonó el himno nacional en Bayamo, por esa razón Escombros Hablaneros ha mandado a varios intelectuales y promotores culturales la siguiente pregunta que colocará en el blog como homenaje a la fecha.
La generación de intelectuales de los años 80 ha sido una de las más importantes en la isla después del 59, una institución creada en ese período contribuyó especialmente para ese desarrollo.

¿Qué significó para usted y para la cultura cubana la Asociación Hermanos Saíz y la Casa del Joven Creador?

Recuerdo que siempre hubo una tensión entre lo que yo deseaba significase la AHS, el rol que entendía debía jugar culturalmente y el rol que realmente representaba (representa) como institución de artistas e intelectuales emergentes. Ahora mismo no existe división ninguna entre aquella idealidad y su significado para lo que llamas cultura cubana, no puedo separar el significado que ha tenido para mí de su significado socio cultural porque, según lo entiendo, la AHS cumplió férreamente el rol y la función social para la que fue diseñada desde su puesta en escena y ninguno de nuestros sueños o anhelos lograron modificar o cambiar el estricto guión ideológico y estatal de origen. Mirando ya de lejos mi relación y experiencia en ambas, con el desapego y la perspectiva crítica que merece, pienso que la función y por tanto el significado de esta institución en la cultura cubana estaban previamente escritos, antecedía de manera estricta nuestra experiencia y era independiente a nuestra relación con aquella. En ese sentido creo que, la AHS y la Casa del Joven Creador (uno de sus espacios urbanos más operativo y emblemático) fue uno de los inventos institucionales o artificios culturales que el régimen cubano y su élite ideológica instituyeron como parte de su sistemática estrategia de control político de la sociedad civil, sobre todo de los artistas e intelectuales. (Para el resto de la sociedad ya sabes que idearon los CDR y otras organizaciones). Pero volviendo a la AHS, esta nunca llegó a ser una asociación orgánica, con diseño y ruta cultural propia que respondiera legítimamente a la voluntad, intereses y lógica del creador y el arte (lo que hubiera sido deseable) sino, un instrumento del poder, una herramienta de contención y neutralización del creador y su obra. Al menos nunca logré sentir una relación satisfactoria de pertenencia a esta debido a la rigurosa liturgia, al fundamentalismo que la condicionaba como institución.
Evidentemente se trataba (se trata) de una organización tutelada por la U.J.C y apéndice de aquella, destinada fundamentalmente a vigilar, controlar y si se quiere, domesticar el talento artístico así como todo pensamiento distinto al de la nomenclatura. Hoy no me quedan dudas de que era una herramienta efectiva de subordinación del Arte a la Política, del intelectual al estado y no precisamente una plataforma activa, abierta al desarrollo de un arte y una cultura auténticamente comprometida con la libertad. Quienes quisimos emprender una aventura socio cultural autónoma, al margen e independiente de la AHS siempre fuimos censurados y reprimidos. Ahí quedan para la memoria de esos años proyectos como Paideia, Arte Calle, Hacer, entre otros.

De este modo, la AHS se nos presentó como la única alternativa de canalización de las energías creativas emergentes; un refugio caritativo, paternal y benefactor que nos abría o no la puerta a los espacios performáticos, promocionales y divulgativos donde se produce, legitima y perpetúa lo que llamas cultura cubana.
Tengo la sensación de que tod@s los que alguna vez pertenecimos, aceptamos consciente o inconscientemente una suerte de chantaje legal y político de nuestras ilusiones.

En un régimen donde la vida y los anhelos más íntimos de su gente ni siquiera le son propios, en un régimen donde el individuo se diluye y desaparece en las anónimas aguas de una colectividad sin más rostro ni voz que la de un hombre, en un régimen donde nada compite ni emula al Estado porque toda voluntad, absolutamente toda, le pertenece; la AHS lo mejor que ha podido hacer es justo lo que ha venido haciendo en los últimos años es decir, ofrecerse como una plataforma para la inmigración, la diáspora o el exilio de los creadores. Ese es tal vez su más extraño y significativo aporte a la cultura cubana.

Julio Fowler, Santa Clara. Cuba. Actor / Poeta / Cantautor / Ensayista. Estudia Artes Escénicas en el Instituto Superior de Arte de la Habana. Profesor y Director de Teatro (Casa de Cultura. Santa Clara). Ha publicado poemas en Letra Cubanas, Caimán Barbudo entre otros suplementos culturales de la isla. Ediciones Vigía de Matanzas (1989) publicó su poemario “Las Profecías de Alsine” (1988). Su poesía aparece en la Antologías en “Retrato de Grupo”, Letras Cubanas y “Un Grupo Avanza Silencioso” (1990). Su discografía abarca:
Dale Mambo (2003). Urban Color Music,
Buscando mi Lugar (2006). Factoría Autor,
Utopías (2009). Factoría Autor.
Reside y trabaja en Madrid, España desde 1998.
Para más informaciones: www.myspace.com/juliofowler

2 comentarios:

  1. Tiene razón el amigo Fowler. Solo quiero agregar que no hubo, al menos en sus inicios una sola AHS. En la mente y el corazón de algunos de los que participamos de aquella maravillosa locura, porque también fue eso para algunos, estuvo siempre la idea de que la AHS fuera lo que Fowler quería. Incluso, en medio de la triquiñuela del poder, se llego a valorar a la AHS como un laboratorio donde probar ciertas "formas de democracia diferentes a las que se practicaban en el resto de las instituciones que formaban el Sistema político de la sociedad cubana", según comento en voz baja alguna vez Aldana, cuando eran mas álgidas las controversias alrededor de la perestroika.
    Omar Mederos

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  2. Julio que onda.
    Más que interesante tu lectura.
    Saludos.

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