lunes, 26 de octubre de 2009

JOSÉ ANTONIO QUESADA



AUTO REPRESIÓN

Noche de música, descarga y gente cubana en el “Habana Tapas” de la pequeña ciudad de Gavá, al sur de Barcelona, restaurante regentado por la entrañable familia Valcárcel oriundos del Vedado. Ambiente muy habanero iluminado con arroz blanco, frijoles negros, ropa vieja, picadillo, yuca con mojo, cerveza fría y el corazón caliente. En un momento de la actuación alguien pidió la canción Comandante Che Guevara descompuesta por el cabronsete de Carlos Puebla en los 60 y que forma parte de la mitificación de este soñador de totalitarismos que murió en el 67 en Bolivia para terminar, con boina y todo, moviendo las mejillas al vaivén de las tetas de aquellas que le cuelgan en sus camisetas. Mi amigo Rojas, cantante matancero, fiel a la letra original soltó aquello de “y con Fidel te decimos hasta siempre Comandante” con el irónico enfado y mordaz comentario entre compás y compás de mi querido Carlos Alberto “Pachuco”, tresero y percusioncita que odia al argentino. La fiesta continuó y pasamos de la trova tradicional a la nueva, sonaron aires campesinos mientras el monte adentro caldeaba la madrugaba con el contrapunto de una improvisada rueda de casino que nos transportó a la capital de una isla flotando en algún sitio de nuestros recuerdos. Sobre la una y media llegó la Guantanamera en versión colectiva gracias a la magia del ron con síncopa y sucedió que en una de mis inspiraciones solté aquello de “Santa Bárbara bendita, virgen de los siete rayos, mándale uno al Caballo que el pueblo lo necesita” y como todos saben que “el Caballo” es Castro, de pronto y por unos tres segundos los instrumentos matizaron a la baja y las voces callaron su alegre parla dejando que la sombra de la auto represión oculta en el tuétano del alma inundara las paredes del local. Luego, como quien regresa de un sueño, se recobró el ritmo musical y cardíaco, las sonrisas volvieron a las mesas, miraditas extrañas y algún guiñadito nerviosamente condescendiente pasaron de un extremo a otro hasta tomar conciencia de que en aquella cuadra no había CDR, que estábamos en España, que nadie llamaría una patrulla o anotaría la asistencia en algún dossier para joderte la vida más tarde (¿o sí?). Una dictadura triunfa cuando integra, cual virus en el sistema operativo, el miedo en los actos reflejos de las personas. Cuando se cantó el puto homenaje al Che todo quedó a medio camino entre el folclore y la herencia musical de Cuba pero cuando se dijo una metáfora directa a Fidel muchos estómagos se contrajeron y algún esfínter se relajó. Imagino que en ese momento perdí algún que otro simpatizante pues sé de buena tinta que metidos entre el público había chivatientes, simpatizantes y colaboradores del aparato del Consulado cubano en Barcelona junto a compatriotas comunes y corrientes que no están en nada y son la mayoría, pero me dio igual porque el futuro de mi país pasa por aprender a convivir con las aristas que forman la realidad luego de la caída del pensamiento único. Algún día se podrá cantar una canción alabando a Fidel y a continuación otra condenando sus crímenes sin que nadie se corte las venas. Fue una buena noche. Aprendí que el camino hacia la normalización ideológica en Cuba será complicado, muy complicado. De todas formas… por favor, Santa Bárbara, acuérdate de mi petición.

3 comentarios:

  1. Gracias a José Antonio, a todos ustedes y a escombros hablaneros por rescatar parte de la generación de los 80, la más talentosa de los últimos 50 años cubanos.

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  2. Es una pena que la mayoría de esos artistas están fuera del país.

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  3. ojalá pronto puedan expresarse donde sea, sin causar ese tipo de reacciones. Un abrazo.

    Guillermo.

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