miércoles, 2 de septiembre de 2009

ESE EXTRAÑO DESEO LLAMADO PATRIA

Hay sentimientos mayores que sus sustantivos, algunos no caben en palabras. Todos saben el significado literal de Soledad, me pregunto si el diccionario consigue abarcarlo totalmente.

Cómo describir la angustia que invade el pecho hasta nublar la vista y robar el aire cuando todo parece armonía (que puede ser aquella calma producida por la compañía de la persona amada). Qué nombre usar para narrar la falta de algo (algo es una palabra vacía) que quizás sea la ausencia en la mirada doliendo más que ayer.

Muchas veces he querido pensar menos y vivir más. En éste exilio he conocido compatriota que escriben aeropuerto con H (sí, no se espanten Haeropuerto o “estoy vien”). Otros que sólo quieren saber del dinero y se olvidan que algún día fuimos (conjuguen ese verbo también en futuro) cenizas, en acumular pertenencias cómo su único objetivo (están cierto, para que sirven las sociedades de consumo, soy el eterno equivocado, debería ser como ellos) y libertarme de los verbos que para poco sirven.

Son felices desde la simplicidad de su ignorancia, saben vivir con lo que tienen sin buscar en el pasado la pieza necesaria para armar el rompecabezas del destierro, sus vidas se resumen en conquistar lo que en la Isla parece un sueño y en cualquier otro lugar es rutina. Por qué tengo que ser tan Quijote, pensar que sólo erigiré mi presente si consigo alcanzar el nirvana.

Quería ser carpintero para trabajar la materia con mis manos, sentir el olor de la madera, sacarme las estillas que se encajarían recordándome que la vida se escapa de las letras, expulsar de una vez por todas aquellas que hirieron mi memoria.

No necesitar de los versos que me golpean incesantemente, apareciendo en los momentos más inverosímiles; de día o de noche, sin respetar los límites ni importarse con nada, y que dan un miedo-desespero de perderlos, de dejarlos ir, obligándome a correr para la computadora, o el bolígrafo y servilleta del bar que frecuento para relajar (o mejor para olvidar).

Qué bueno si fuese analfabeto, para mirar las letras sin buscar significados mayores, como me sucede muchas veces cuando veo un cuadro abstracto. Sería tan sencillo pensar que la vida se resume a tener algún lugar para vivir (no necesariamente la patria), algo para comer, beber. Alguien para amar y ser amado, estaría todo perfecto si los libros no fuesen en mí.

En 1996 cuando llegué o me fui depende de en qué lugar se esté leyendo el texto traje una maleta vieja de cuero curtido que conservé hasta poco tiempo llena de libros, solamente libros, las ropas no eran nada más que las del cuerpo. Hasta hoy siempre que me mudo primero los libros y el resto, mañana.

Mi mayor satisfacción sigue siendo la página escrita, esperando para ser violentada con el silencio y el sorbo de café como compañía, porque no existe nada que se parezca más a una mujer dormida y sé muy bien cuánta verdad cabe en el mutismo de ese sueño.

Estoy doblemente condenado a leer y todo lo que conlleva ese verbo, porque sino bastase mi idioma ahora me inunda otro tan o más musical que el mío (Fernando Pessoa ya no es traducción), cómo escapar de una lengua donde puedo asesinar un sentimiento, mi mayor deseo “Matar Saudade”.

Purgo las palabras que me persiguen y que no alcanzan para llenar la ausencia de mis lugares, desearía ser la negación de lo que escribo pero “Nadie escarmienta por cabeza ajena”, decía mi abuela y debe ser verdad.

Recientemente dos amigos que también viven la noche del destierro, uno en Europa otro aquí, no importa la geografía porque la noche no conoce de frontera, fueron a aquel lugar en el que no sólo los carros son pasado. En su equipaje la misma carga de inquietud que me acompaña, la de ellos con 3 años a más. Tenían un permiso (prestaron atención en la palabra, como si fuesen niños) de un mes para estar en el lugar en que nacieron y en el cual aún vive parte de sus familias. Estaban felices por volver mismo con la frente marchita (eso es un tango, prefiero un bolero), parecía poco tiempo para curar de la enfermedad que se agrava con los años, para recorrer los sitios que sus mentes no olvidaron y que no existen más. Pensé qué suerte tienen y me alegré porque querían tanto como yo volver a sus raíces, eran árboles que regresaban a su sitio.

Ellos que también padecen con las letras no encontraron lo que por tantos años buscaron, los amigos de ayer ya no eran, se habían marchado allá lejos dónde el mal no alcanza y la familia no era más que una moneda. Percibieron que ese lugar no más le pertenecía y quince días antes de cumplir su permiso regresaron desobedientes y felices por haberse libertado de la culpa que les acompañó todo éste tiempo y con la seguridad de que su lugar era el que los acogió cuando nadie los quería, seguros y libres de ese limitado concepto de patria.

Hasta me ilusioné con sus anécdotas, pensé hay cura para mi mal, traté de seguir sus consejos de olvidar lo que ya no existe, pero saben aquel refrán no sale de mi cabeza.

9 comentarios:

  1. Conmigo también pasa lo mismo

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  2. Javi historias como estas hay tantas como cubanos andamos por el mundo, lo terrible es ese sentimiento que definió perfecto David Torrens...
    NI DE AQUÍ, NI DE ALLÁ.
    Cuando llegas ya no están tus amigos y nada tiene que ver contigo, cuando vuelves a tu lugar quieres ver el Malecón de La Habana, quieres ir a los lugares donde fuiste muy feliz y que tienen todas las huellas de tu juventud, pero hay que aprender a vivir con "eso".

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  3. Ya te dije: lo único que existe es lo que llevamos dentro; es lo único que no podrán quitarnos. Y este abrazo que te mando desde acá.

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  4. Mis queridas Odette y Vero, a pesar de la distancia me siento cada día más cerca de ustedes. Gracias por el estar ahí al alcance de una tecla. Y a la misteriosa cubanita 40 espero algún saber tu nombre. Abrazos a todas

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  5. Javi... Ya lo dices, "cuando llegué o me fui"... Si no viviéramos con el terror de no poder regresar este camino sería más llevadero...

    Sé que el día que logre entrar a Cuba ya nada será igual que como lo sueño y rememoro, pero quiero entrar y también lamer esta decepción que intuyo...

    Quedmos nosotros, con lo que llevamos dentro... Sin más...

    Un abrazote Javi y un te espero...

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  6. jajajaj mil gracias javi... lo logré!!! gracias a ti!!!!

    Otrossss

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  7. Lis que alegría leer ese comentario tuyo y saber que continuamos en la misma sintonía. Abrazos y besos para tí

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  8. Conozco esos males, sentí lo mismo que tus amigos el primer día, con la suerte que mi familia, lo que queda allá, sigue entera en cuanto a los suyos. Los amigos es otro cuento.
    Me liberé de esa culpa, cayeron los castillos, liberado de esa premura me gustaría volver, estar un tiempo, sentir su pulso hasta que el agua en la crecida diga: es hora de partir de nuevo.

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  9. en la isla viven atrapados en el tiempo, creen que fuera todos tiene, y ellos nada tienen. Sentí que algunos se desilucionaban cuando la moneda no era suficiente, o que el regalo no era de los caros. Hay cosas inexplicables, inextricables. Volver atrás, es decir, a Cuba, me hizo regresar a donde hoy vivo con mucha insatisfación, frustración, y las preguntas, algunos, eran sobre autos, cadenas de oro, ropa..
    Dos semanas allá es mucho, un mes es demasiado... una semana basta... Lamentablemente hay una crisis económica de años, pero igual una crisis social, un deterioro en la forma de pensar y vivir del cubano. Se sobrevive como se puede, y eso apena. Por eso los ochenta fueron los mejores años. Desde los noventa, todo se vino abajo.
    saludos,

    ih

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