miércoles, 9 de septiembre de 2009

EL ACUEDUCTO QUE NO ALCANZA

El Cerro fue fundado en 1803, pero solamente en 1807 llegó a constituirse en poblado y barrio extramural de la capital, con su famosa Calzada que prosperó entre 1840 y 1860. Fue el lugar escogido por las familias acomodadas (que no quiere decir acomódate cómo puedas) de la capital para pasar el verano. En esa época empezó su urbanización principalmente en la barriada residencial que surge a lo largo de su más famosa avenida, alcanzando valores artísticos/arquitectónicos de relevancia nacional en el siglo XIX. Era el lugar residencial de moda en La Habana (cuánta diferencia con los días actuales), llenándose de suntuosos palacios con grandes jardines, casas y quintas que hicieron que éste espacio se urbanizase bajo un trazado irregular a lo largo su principal calzada. Hasta hoy muchas de sus calles interiores se ven interrumpidas por los muros de esas antiguamente suntuosas y ahora ruinosas construcciones.

Ese es el pasado del lugar donde nací, sé que no era necesaria la introducción pero quería contar un poco su historia, para que sepan porque es el más tradicional barrio de la ciudad. Dueño de la famosa frase habanera: “El Cerro tiene la llave”, que la mayoría de sus habitantes repiten sin saben por qué, solamente por el placer de decir soy de ahí, de ese lugar cargado de ayeres y vidas. La respuesta del porqué de esa expresión es tan simple como las personas que andan por sus calles. En “El Canal del Cerro” (mi mundo), estaba el primer acueducto habanero que llevaba el agua a la ciudad desde 1592 hasta el siglo XIX, con un sistema de abasto por cañerías y gravedad. Tiempo después se empezó a erguir el Acueducto de Palatino que fue terminado en 1893, y que desde entonces hasta nuestros días es utilizado en el abastecimiento de agua a la ciudad.

La historia de un barrio no cabe en los libros porque es construida diariamente por sus habitantes, y el mío a pesar de ser tan singular no es diferente. Hay en él una mezcla de negros, blancos, mulatos, chinos. El color siempre importó poco (que en éste caso es sinónimo de nada) en esta parte de la metrópolis, donde la solidaridad siempre fue más allá de las razas. No existe otro lugar en la capital tan variopinta, esa es su principal característica. Allí la privacidad es un sueño inalcanzable. La gritería de los vecinos, el radio en último volumen sustituyendo la plática, junto con la pasión por lo que se defiende forman parte de la idiosincrasia local. La risa, el baile y la más famosa de las comparsas “El Alacrán”(al final a mal tiempo buena cara) son las particularidades que más recuerdo de mi espacio, o como decía aquel grupo inglés famoso de los años 70 formado por tres hermanos “Mi Mundo”.

A pesar de esa mezcla, dentro de él hay varios lenguajes bien definidos, en el canal (no de Panamá), los negros (que no venga nadie a llamarme de racista, porque sí lo hacen no me conocen), usan una guapearía escénica como parte de su personalidad, representan un aguaje superior a su valor. Es fácil escuchar asere, moniná, qué bolá; jergas que definen ese-mi lugar. Allí se consigue todo lo que se puedas imaginar, siempre que tengas dinero para pagar, es una zona franca con ayuda de la policía (otra coincidencia con aquel canal).

Como en cada barriada siempre encontramos personajes folklóricos que adornan el ambiente. De todos los que me rodeaban habían dos con historias bien diferentes y que nunca he olvidado: el primero es Chiquitico, tenía ese apodo por ser más pequeño que los demás, negro como el teléfono y travieso (ese palabra es una generosidad mía), era uno de los jóvenes más violento de aquella zona, siempre estaba preso y se hartaba al hablar de las cárceles lo que parecía engrandecerle la estatura.

Después de muchas prisiones no sé por qué decidió estudiar, parecía otra persona, con ropas comunes, casi de creyentes, tan distinta a las de marcas que siempre usaba y vendía. Es uno de los caso que más llamó mi atención, de maceta pasó a un excelente estudiante y de ahí a médico. ¡Sí créanlo o no se graduó de médico!, el más peligroso de los jóvenes de mi generación.
En ese instante pensé que la revolución era justa (sólo en ese instante, fue un lapso), pues tiempo después a Popó también negro (el segundo caso), uno de los hombre más respetados de la ciudad (todo el aguaje era con él), siempre impecablemente vestido con su pantalón campana y camisa Manhattan bien apretada en el cuerpo “Made in Marcial” el sastre del barrio y su plataforma Boney M hecha por Gilberto el tío de mi amigo Toledo (qué será de él, de Toledo no del tío que se fue pa´ el norte y nunca más dio noticias). Tatuado hasta los parpados (aún no era moda), el típico chulo habanero (muchas mujeres, más que Yarini). Su cova costaba el sueldo de mi tío-abuelo Sito durante un año, pero ese no era su mayor orgullo y sí alardear de su larga ficha policial, muchas prisiones siempre por robo y peleas sin mayores consecuencia (decía que tenía varios muertos) y yo nunca dudé, hoy no estoy tan seguro de eso.

A finales de los setenta su tiempo fuera de la celda fue disminuyendo y su salud mental junto con él, fue perdiendo toda la vanidad, no sólo de hombre sino de humano hasta convertirse en harapos nada más. Cuando ya no servía ni para preso lo tiraron en el portal de la bodega de Mariano, al lado del latón de la basura como si fuese parte de ella. Daba pena verlo casi desnudo y sucio durmiendo en el piso porque su madre no quería un loco en casa, ya bastaba con la hija que era monga (disculpen, que tenía problemas mentales). Borracho también cómo aquel otro negro que pidió Jama y ganó dos años en el tanque. Dicen que se quedó así por los choques eléctricos que le dieron en el Combinado del Este, eso es lo que comentan algunos otros afirman que en Cuba no se tortura (algún día se sabrá la verdad que no es absoluta).

Al contrario de Chiquitico con él la revolución no fue generosa y lo mandaron para EE UU cuando la crisis del Mariel en 1980, recuerden que aún existía la URSS, y por eso la comida dolía menos que hoy. No obstante un grupo (con instrumentos no musicales) robó un ómnibus e invadió la embajada de Perú, iniciando por primera vez después de la desgracia tropical que tomó cuenta de Cuba una crisis que obligó a la dictadura a abrir su frontera marítima, facilitando la vida de quien quisiese abandonar el país. Durante los más de 15 días que la embajada estuvo abierta, llegaban personas y más personas de todos los lugares del país para entrar y poder huir del comunismo. Fue una desbandada más concurrida que un maratón olímpico, en ese momento una vez más prevaleció el instinto maligno de Castro, que aprovechó para librarse de toda la escoria (aquel hombre nuevo que tanto hablaba el mercenario argentino) del país; asesino, locos e incluyó entre ellos a los maricones y tortilleras (porque aquí nadie es intelectual para escribir homosexuales y lesbianas). Cuando eso la hoy defensora de sólo un color del arcoíris Gay Mariela Castro aún no hacia parte de la gran escena y la preferencia sexual al igual que ahora podía llevarte a donde nadie quería ir.

Popó que mal sabía hablar español fue mandado para el norte (que significa la Yuma), una noche de 1980 la patrulla se lo llevó del portal de la bodega directo para una lancha en el Mariel, su madre pensó que de nuevo estaba preso y no se preocupo en saber qué había pasado hasta un año y medio después, pues ya era tiempo de más recapacitó ella. Cuando averiguó le contaron que su hijo se había ido del país (sintió un alivio pasajero como comentó al creerse libre de él).

Pero en una de las reuniones anuales (podrían ser anales porque de nada han servido) entre los gobiernos norteamericano y cubano se acordó devolver a los presos comunes que habían cometido crímenes en la Yuma, como todos imaginaban Popó fue devuelto en el primer viaje. Llegó más loco que nunca, contando que descubrió la cocaína a través de una mujer que le cogió lastima y lo llevó para su casa, y que según él en una crisis de abstención la mató, por eso fue preso y mandado de nuevo a la isla. Volvió para el portal de la bodega y está vez peor que nunca porque mezclaba el español con el inglés y muchas veces (la mayoría) no entendíamos nada, fue así hasta que murió. Con él se fue una de las leyendas de mi infancia que el exilio no ha conseguido robarme. Como ven tuve la suerte de nacer en un lugar donde las diferencias hacían parte de la vida cotidiana.

Había otro Cerro no era para mí. El elegante casino deportivo, lleno de casas perfectas, herencia de otros tiempos cuando todo era posible, allí viven artistas famosos y herederos de los tiempos de oro de la República, casi todos blancos con excepción de algún deportista famoso, es un tranquilo lugar bien arborizado y limpio, que en nada se parece a la otra cara, la que estará siempre conmigo.

Ayesterán, otra famosa calzada es el límite del Cerro con el vedado (unos de los lugares más caro de La Habana), antes de llegar a él está el “Estadio del Cerro”, que da la impresión de una isla dentro de otra. Del estadio para acá, que sería estar de frente a la computadora es la parte pobre y del estadio para allá o sea dentro del ordenador es la parte rica.

Mi Cerro, aquel que está de la computadora para mí, es la fauna que habité, la jungla con olor a pueblo que me hizo así.

8 comentarios:

  1. Azucar mi hermano, que bueno encontrarte, vivo en Holanda a 10 año y acabé de leer lo que escibiste sobre nuestro barrio, asere me hiciste aminar por su calles

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  2. Coño topo qué alegría escribe a mi e-mail y pasa tus contactos. Abrazos

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  3. Me ha gustado mucho "ver" las imágenes de "tu Cerro" con todos sus personajes, y me has hecho recordar muchos personajes que andaban todos los días por aquella Habana nuestra.

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  4. Azuquita, como aquí no hay intelectuales que tengan que hablar fino, sólo puedo decirte una frase: de pinga, hermano...

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  5. Mis queridas Vero y Odette, es muy bueno saber que ni el tiempo ni la distancia han logrado separarnos, gracias a las dos.

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  6. AMIGO MIO. EL CERRO TIENE LA LLAVE!!! JAJAJA.
    GRACIAS POR ESTA INFORMACION. QUE SIGA SUBIENDO EL BLOG...ARRIBA ESCOMBROS HABLANEROS!
    UN ABRRAZO.
    OMAR MEDEROS.

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  7. Mi querido Omar siempre es una inmensa alegría saber de tí, gracias

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  8. Azuquita, tu lente me hizo recordar un montón de cosas. Me hiciste caminar el Cerro, - no era muy habitue en la zona pero algo anduve -, me llegaron nombres, rostros... y la famosa llave.
    Abrazos

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