domingo, 9 de agosto de 2009

ERNESTO FUNDORA: COLABORACIÓN

UTOPÍAS: NUEVO DISCO DE JULIO FOWLER. 2009

Ante la escueta luz que deparan los horizontes actuales, a Julio Fowler no le queda mejor opción que echar mano- compungido por lo monocromático del in pass- de las benévolas y tramposas utopías, aquellas que en virtud del idealismo nos traen de regreso el mundo promisorio del cristianismo, el siempre útil neoplatonismo y una visión romántica refrescada por la culpabilidad de acometer tantas inocencias imprescindibles.

Mar adentro, hacia lo eternamente inconcreto de las aguas revoltosas de la conciencia, nos lleva este juglar de aristas plurales: músico, actor, ensayista y poeta, gestor de un país musical cada vez más enfáticamente Fowleriano. Postura que ejerce con singularidad y cierto anacoretismo, refugiado en una Europa que le aporta sustancias básicas a su discurso intelectual, desde el convencimiento de que el arma de una posible resurrección de la especie yace en el hacer crecer las fuentes del conocimiento, en la batalla por un saber ecléctico, plural y democratizador, donde los sistemas dominantes y las maquinarias hegemónicas no despojen al sujeto individual de sus libertades y entusiasmos colectivistas de redención y armonía social.

Julio Fowler transita al filo de la navaja con una obra que se debate entre las lógicas del mercado masivo en boga pero que a la vez contiene la virtud de un producto que se propone enviar mensajes sofisticados y profusos en ideas renovadoras, de actualidad, creadas por las elites culturales del viejo mundo, lo que le ha valido una extraña soledad y un cariz singular en el panorama musical cubano y más raro aún, le ha valido un segundo exilio artístico por no encajar su trabajo en las formulas preestablecidas por la cultura comercial y estandarizada. Tal vez sin quererlo, se ha zanjeado un lugar atípico, sui géneris, curtido por el silencio de las afueras de Madrid y la impaciencia tropical de su origen caribeño. Pero para su fortuna, su obra hoy significa el aleteo de un rara avis curtido por una conciencia social y una postura trascendente detrás del acto creativo que pone sobre relieve la convicción, casi purista, que este sujeto percibe tras el acto creador y acerca de la función primordial y revolucionaria que puede ejercer el hecho estético en la catastrófica sociedad contemporánea.

Su pensamiento ideológico excéntrico, heredero de la humanística de las izquierdas progresistas y vigentes, le hace descalificar la usanza perversa y hasta lujosa, de hobbie circunstancial, que los mercados bajo patronatos derechistas y estatistas quieren adjudicarle al arte, despojándolo del lugar sagrado que para Julio ocupa en la perspectiva de una civilización mejor equilibrada y funcional. La maravilla de su entramado artístico reside en que Julio convoca al análisis y a la reflexión desde el pedestal de lo ameno, lo entretenido, lo poéticamente sutil, sin poses anquilosadas y muy lejos de aquellas poéticas sesenteras y setenteras que buscaron instruir al “hombre nuevo” pero que en vez de ello, lograron confundirlo y hacer de él un inadaptado social para la era globalizadora. Cuando reafirmo su excentricidad ideológica, su apoliticismo que recuerda - de manera superada- el nihilismo de la post guerra o el anarquismo de la Revolución Bet, es porque en Julio ha cuajado un sujeto atípico de todavías imprecisas efectividades sociales pero muy revolucionario en su visión individual que promueve un nuevo paradigma del sujeto social y de su forma de mover los hilos para fundamentar y concretar una verdadera reforma en el modelo de vida humano. Mejor lo cito y redondeo sus tesis del accionar a favor de un imaginario ético que comprende lo más reciente del potencial desaprovechado y latente en la nueva subjetividad y en la experiencia virtual que ofrece la era cybert: “Mi identificación con la utopía es un intento por afirmar una imaginación, un pensar y una praxis ética sobre la coexistencia y la convivencia humana (fuera de los modos y la lógica política) que, al partir de un entendimiento, de un saber diferente de la especie que somos, de nuevos paradigmas epistemológicos emerja una nueva conciencia, una nueva percepción y en consecuencia una forma mejor de relacionarnos, de articular la convivencia, de canalizar nuestra sociabilidad no como el arte de gobernarnos sino como el arte de ser felices”.

Sus nuevas canciones, esas utopías cargadas de placer, desprecian la ociosidad en pos de las sacudidas, los ruidos en pos de la claridad y lo transparente, y revuelcan la ceniza del ayer con un espíritu diluviano, místico, recuperador e higienizante que da la bienvenida al cambio de fase, de paradigma y de piel. Frente al letargo ofrece el relincho de la opción reflexiva, frente al desenfreno que proponen todos los deshielos actuales, una calidez e intimidad sin tantos artificios ni formulaciones estereotípicas. Julio Fowler ha hecho un disco para sí mismo, reconociéndose su primer auditor, su máximo exponente, su mejor anfitrión, cortado y medido como un traje de sastre a su momento, mirando hacia adentro y poco hacia fuera, deslocalizando su pertenencia e integrándose definitivamente a un proyecto cultural antropológico mayor que el nacional y en ejercicio de su plena libertad. Ya no debemos hablar de un artista cubano que transita y expresa la experiencia exiliar, ahora estamos ante un ciudadano del mundo que enfoca las preocupaciones visionarias de un intelectual robustecido y preocupado por su época. Porque ¿quién dice y jura que una esencia no se puede desechar, que un individuo no habrá de permutarse por las oportunas y convenientes repercusiones de su ser? ¿Acaso una esencia, en este caso un credo estético, filosófico e ideológico de formación o de base, sea un vía crucis del cual solo se bajan los que inventaron el después para zapatearlo antes que los demás nos enteremos de esas postrimerías? ¿Acaso no sea esa búsqueda de las utopías siempre aspirando a redimirnos, una esencia cabalgadora que desecha perpetuidades y se sincroniza con un fluir no postulador, un pos tiempo fáctico, una in concreción, un más allá como motor para nuevas e inconformes apetencias que el artista, alejado del dogma, aprovecha en bien de su vigencia y visión de futuridad? En eso Julio Fowler sea quizás de los creadores más vanguardistas nacidos, criados y redimidos de un proceso traumático como fue y es la Revolución Cubana de 1959.

Si alguna moraleja le deja al artista, al intelectual Julio Fowler, vivir una experiencia Europea y Española reciente, es el aprendizaje de nuevas formas de pensar, accionar, contestación, rebeldías, inconformidades, iconoclasias pero más sutiles, depuradas y menos estoicas. Seguir batallando pero no en contra de la corriente sino alternativa a ella. Otro denunciante, cuestionador, vocinglero de los justos asoma tras su escritura, menos fundamentalista y más flexible desde lo temático hasta lo encantorial. Un quijote que pone a secar su armadura, siembra una flor en la punta de su lanza y se tiende sobre las aguas dejándose llevar por el hipnótico crujir del molino, dichoso en medio de una inercia irrespetuosa con su condición esquizoide, pero que reinicia expectante el viaje que lo conducirá inequívoco, hacia las aspas de una nueva discordia. Porque en ello reside la raíz de los reformistas, los revolucionarios, los reinventores de nuevas realidades: somos inconformes con el sosiego que entume las fluctuaciones y duerme las ebulliciones indispensables para el progreso.

Julio Fowler aplica y encaja en un nuevo modelo de artista marginal, orillado, trotando al borde del camino, díscolo de los modismos y fetiches del mercado que hoy moldea las utopías concretas y que construye a un ser controlado por las finanzas, ese mismo que ayer controlaba el estado y que anteayer controló la iglesia. Para decirlo parafraseando al trovador y rockero Santiago Feliú: “soplos de sueños en sus versos se derraman”, en esta era empobrecida en pronósticos y esperanzas donde se agradecen las nuevas liturgias artísticas.

Recorrer las 14 canciones - que mejor habrían sido 10- nos permite respirar a la vez el aroma de un habano criollo o la resequedad de un subway Europeo, pasar desde la estética de Matamoros hasta el rock-pop británico, desde el soul neoyorquino reciente al Folk de refulgencia urbana. Mestizo y contagioso Julio permite que sensualidad e intelecto se columpien en este trabajo de modernidad ecléctica donde casi se rinde un culto a los momentos inspiradores y fundacionales de nuestra generación, los nacidos en los 60s. Y claro que ya tiene su tribu recurrente. Cabe hacer mención especial a la participación como productor y arreglista en este disco de otro cubano complejamente talentoso, vecino prudente de Julio en Madrid, José R. Mestre, quien le aporta un universo sonoro exquisito y congruente en extrema afinidad con el color de la voz y del repertorio de Fowler, así como a Lorenzo González por su cuidado y sugerente diseño de arte y así como las simbólicas fotos del disco. También son muy elogiables las participaciones como coproductores de Yuri Wong, Pavel Urkiza y Ariel Cubria quienes complementan y dan variedad conceptual a este trabajo en equipo.

Yo agradezco especialmente este tipo de producto artístico porque me convencen de que, aun convergiendo por la inercia del mismo río de la cultura comercial, se propicia una tercera orilla, insospechada, para clamar por la gracia y el buen gusto que aún detentan unos pocos. Gracias una vez más a Julio Fowler y a su tribu, porque con ellos, con ese estoicismo preferente por lo mejor de la sensibilidad humana y esa fe en las Utopías como “protesta permanente de la subjetividad”, se evita aquella sentencia de Vattimo según la cual, “lo nuevo es aquello que permite que las cosas continúen de la misma manera”.

La Condesa. México DF. julio 2009

Más informaciones sobre Julio Fowler en www.myspace.com/juliofowler


2 comentarios:

  1. Azucar abanicando, qué sabroso están los escombros

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  2. Julio adoré la canción

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