miércoles, 19 de agosto de 2009

UNA CÁMARA COLGADA EN LA PARED

Debo haberlo visto por primera vez en el inicio de los años 80, en uno de aquellos pequeños recitales, casi íntimos de La Nueva Trova; cuando todavía no abarrotaban plazas, y mucho antes de que “La salsa” saliera de la cocina para inundar las radios. Sucio, con tremendo hedor (se puede decir que estaba podrido) y con su vieja cámara Leica (reliquia de La II Guerra Mundial). La primera impresión que tuve fue que era un loco, cómo muchos pensaban. Con el pasar del tiempo ya entenderán que fue sólo la primera, la menos importante.
No recuerdo cómo iniciamos nuestra amistad (mi memoria sigue en el subdesarrollo), que fue creciendo con los años. Quizás porque empecé a aparecer en todos los conciertos de ese tipo de música, en los cuales su presencia era obligatoria.
Un trovador se consideraba famoso cuando en el público estaba él, apuntándolo con su catalejo aunque nunca sabremos si tenía o no rollo, mas eso era solamente un detalle. La leyenda ya existía desde los tiempos en que alguien aún sin membrete compuso “ojalá por lo menos que te lleve la muerte”, y el pueblo qué dicen que es la voz de Dios dijo que estaba dedicada a quién tú sabes. Pero eso fue a muchos años atrás.
Ahora estamos en 1989, cuando se inauguró “La Madriguera”, sede de la AHS en la capital, donde comencé a trabajar como su productor artístico. En nuestras largas charlas en “La Quinta de los Molinos” (sitio-jardín babilónico de aquellos años dónde todo parecía posible), y en el cual estaba enclavada (ese es el verbo cierto, su arquitectura era un grito contra la calma del paisaje) la institución traté de entender su personalidad, tan enigmática como su figura. Era imperceptible la línea divisoria entre él y su personaje (un “dos en uno”), hablaba algunas veces en tercera persona cuando describía su trabajo-vida-cámara, y en primera cuando ese refería a él y no al otro.
Se preguntarán si no tiene nombre esa doble-persona ya que hasta ahora he usado el pronombre personal. No, no tenía nombre y sí un apodo; el de la fruta más popular de la isla “Plátano”, solamente falta el artículo. No era cualquier banana, era “El Plátano”, el último de los tantos personajes folklóricos que han habitado la ciudad que se escapa de la literatura (a pesar de poblar más de una novela). Podría ser el caballero de París sino existiese ese lugar llamado Nueva Trova o el Quijote sin fiel escudero y con alguna pancita, magnificencia de los años 80. Pero no, era simplemente El Plátano, auto-titulado fotógrafo oficial de la Nueva Canción.
Una vez me contó que el único trabajo (aparte de la fotografía) que tuvo fue de barrendero, y que no duró mucho en él, no por prejuicio y sí porque perdía mucho tiempo hablando con media ciudad, ¡quién no conocía al más popular de las frutas! (recuerden con artículo), y por eso lo despidieron, a partir de ahí se dedico por entero a los retratos (éramos para él en blanco y negro) que quizás algún día dejen de ser invisible.
Fue la mayor representación de autodidacta que conocí, ahora sabrán por qué; presten atención. Cierta vez recibimos en La Madriguera a una delegación sueca que traía una donación para la AHS, después habría una recepción. Él que no se perdía una ya estaba esperando desde por la mañana. Cuando el funcionario de la UJC entró acompañado de los nórdicos, y vio a aquel personaje (ver es una forma de decir, lo cierto sería sintió), porque el primer sentido a percibir su presencia era el olfato; me pidió (para botar el plátano en la basura), en el más popular habanés, mandarlo para la p.... (Sí, eso mismo que están leyendo). Qué iban a pensar los suecos (no los zapatos) de una persona vestida con la ropa de ayer (que para él significaba de siempre), tan sucia y con ese olor que ya disfrutaron (éste no sería el verbo adecuado). Pero en ese justo instante uno de los turistas le pregunto algo al banano que respondió en un impecable inglés, dejando nervioso al ineficiente funcionario comunista, pues percibió que se había olvidado de traer un traductor. ¿Qué hacer si nadie hablaba inglés y mucho menos sueco? (nadie sin contar al plátano). Como por acto de magia relegó en la hora aquel perturbable olor y pidió sus servicios de traducción.
Fue una tarde surrealista entre rones, comida y música al vivo. Todo eso con la traducción del más maduro de los plátanos (realmente ese día estaba casi pasado). Esa es sólo una de las muchas anécdotas que me gustaría contarles (pero debo controlar mi emoción).
Mi curiosidad no resistió a lo inverosímil de ese encuentro, y le pregunte cómo había aprendido inglés. Su respuesta fue aún más inaudita: escuchando las canciones de Jim Morrison y con viejos diccionarios que encontró en la basura en su tiempo de barrendero. Así era el plátano sorprendente hasta en los más mínimos detalles.
Cuando ya había conquistado su confianza (cosa nada fácil), me invitó a su refugio que quedaba cerca de allí (era sólo cruzar la avenida Carlos III saliendo por la puerta principal de La Quinta), me confesó que era la primera persona que visitaba su casa en 20 años.
Fui en otras ocasiones, casi siempre cuando pasaba varios días sin aparecer, entonces sabía que estaba enfermo e iba a verlo. Vivía en un apartamento sin balcón (donde paradójicamente la luz que tanto buscaba en sus fotos, faltaba en su morada), de dos cuartos con una sala pequeña, cocina y un baño convertido en estudio de revelación, que me permitió entender por qué bañarse era imposible, a pesar de casi (casi es un eufemismo generoso) nunca haber visto los productos químicos necesarios para su uso. Ese espacio y su cuarto con una diminuta cama en medio de un reguero enloquecedor, con libros y más libros que iban del piso al techo que estaba cubierto de fotos al igual que las paredes, era su mundo intocable y desconocido.
El reino que dividía con su madre, una pequeña mujer, que daba las gracias por visitar a su hijo excéntrico (fue el primer adjetivo usado por ella para definirlo) y sin amigos, como decía. Su mamá que hablaba un poco más que él, me confesó que Luis (sólo ella lo llamaba así) tenía un hermano ingeniero que era normal, ¿el plátano sería anormal? estaba casado, tenía dos hijos, y una buena casa en Centro Habana. Cuando el normal, o sea el no-plátano la visitaba siempre le pedía que fuese a vivir con él, pero cómo iba a dejar solo a su hijo loco (ya me consideraba su amigo, cuando uso ese otro epíteto), por ese motivo los hermanos no se hablaban.
Uno de los mejores recuerdos que guardo de La Madriguera es haber descubierto (podría haber escrito descascado su personaje hasta llegar al otro, a Luis Hernández), poco sabían su verdadero nombre; ni quién él era.
En la distancia (que puede ser sinónimo de exilio) recuerdo todo por miedo a olvidar, acompaño desde éste punto el cotidiano de aquel lugar que se llama pasado, y dentro (es siempre) de lo posible sigo la rutina de mis amigos que hoy habitan en la pantalla de mi computadora. Fue así que un día (que prefiero olvidar) leí lo que no quería, El plátano (no la fruta sino el hermano-amigo), murió sin sacar nuestra foto del reencuentro.
Para mucho seguirá siendo una leyenda vestida de harapos con su bolso viejo, no para mí. Porque como decía aquel cantante que también actuaba (o será lo contrario) “cuando un amigo se va queda un espacio vacío”. Esta estrofa podría ser sustituida por “un cuadro en blanco esperando por su próximo retrato”.

22 comentarios:

  1. El plátano fue un simbolo de los años 80

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  2. No sabía que había muerto, qué pena

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  3. Muy lindo querido Azuquita. Le encnataba Kadafi. Siempre me pedia libros de el cuando sabia que iba a algun viaje "afuera". Me echo una descarga de armas tomar el 3 de abril de 1985 cuando estaba en La Plaza y no lo dejaban subir a donde estaban los trovadores en el primer concirto que se hizo en ese sitio, pero al fin logre que lo dejaran pasar con la autorizacion de Aldana. Di tu. Un tipazo ese Platano. Alguna vez te contare una anecdota muy buena de un dia de su cumpleaños!
    Un abrazo
    Omar Mederos

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  4. Gracias por tus palabras mi querido amigo, envidio tu fabulosa memoria y espero que algún día me cuentes la anécdota del cumpleaños

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  5. No conocí a El Plátano, pero leyendo este artículo percibo una carga humanista que te atrapa y te hace leer este pedazo de memoria hablanera hasta el final, y entonces enterarte de que Luis Hernández se hizo personaje habanero.

    saludos

    ih

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  6. La ultima vez que lo vi, cruzaba Infanta apresurado a la altura de Zanja...iba ajado como siempre y con aquel hedor del caminante incansable de un verano en La Habana. Me saludo con su mirada del corazon y me apreto la mano y senti la fuerza de un sentimiento verdadero y la energia cierta de quien nunca ha mentido. Muchas veces le vi en noches de canciones y en encuentros de poetas. El Platano...aquel amigo diferente, siempre auscultando con una camara de abuelos rusos, abriendo y cerrando lentes a artistas de estacion y a famosos juglares de la epoca...estaba mas cuerdo que muchos de los agigantados licenciados de turno...
    Parti cuando La Habana se me hizo insoportable y deje atras amores, mis simbolos y un ejercito de amigos y de compatriotas queridos y deje al Platano tambien a espera de un abrazo...
    Partio Luisito, o el loquito fotografo o el mago de las fotos sepias o el genio en blanco y negro o simplemente aquel enorme pedazo de persona humana, que no dejo atras a nadie a su espera y no sentira en el pecho el dolor sufrido e inevitable del emigrado...El Platano esta es su tierra ( la mia ) abonando el suelo que lo vio nacer...que privilegio y que virtud...
    Nos vamos a encontrar amigo mio, no desanime...y aquel abrazo que quedo pendiente abrira un renacer de nueva vida...

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  7. Ignacio tu comentario está escrito con esa misma carga de humanidad que solamente tienen los que son llamados de locos como nuestro querido plátano, me he emocionado leyéndolo.
    Ihosvany fue una pena que no hubieras podido conocer al plátano, porque cuando se escriba la historia de los años 80 con seguridad él estará en el lugar que siempre mereció y que nunca le dieron los medios oficiales, sino fuera por los amigos sus fotos estarían olvidadas. Gracias a los dos.

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  8. El Plátano, ¡qué personaje!, ojalá a alguién le de por hacerle una escultura en una plaza habanera, no existió rincón trovadoresco por esos años sin el disparo de su camara.

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  9. Tem uma promoçãozinha no blog, participe
    bjs

    boa semana

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  10. Javier,,,muy bonito el homenaje al platano...no sabia que habia muerto.......Legendaria figura......Muchas gracias
    Alexis flores

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  11. Lindo lo que escribes de el gran personaje de los años 80´s y la generación que empezó a crecer en La casa del joven creador y las peñas del Almendares...Me llamaba Geraldine y no había forma de hacerle convencer que mi nombre es Mayra.Sí recuerdo sus fotos ...y su olor característico...y su gran humanidad.Que en paz descanse!

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  12. Mi querida flaquita, aún te pareces a Geraldine y sabes bien cuánto se te queria en ese grupo que hasta hoy seguimos unidos a pesar de estar cada uno en una esquina diferente de esta aldea en que se ha convertido en Universo. Besos. Azuquita

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  13. Mi querido Javier, como sabes, hace tiempo que seguía tu Blog sin saber que eras tú mismo. Hoy es la primera vez que me atrevo a dejar un comentario, y es que El Plátano forma parte de la memoria colectiva de aquellos años. Tantos y tantos conciertos que le vimos capturar. Una única vez le ví recién bañado y afeitado, en la Casa del Joven Creador, pero no era él y creo que así también se sentía, fuera de su cuerpo. Invariablemente de amarillo, fue su eterna camisa la que le dió el mote de la fruta.
    Le ví llorar al escuchar la canción que le hizo Carlitos, pero no fue la única vez.
    No tenía idea de que había una familia, pensé que era un hombre solo y abandonado a sí mismo, su única preocupación eran las fotos y los conciertos. Nunca supe de su otro mundo, su otro yo, tú me lo has revelado ahora... Gracias hermano. Un abrazo!

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  14. Hermoso... Hay seres que llegan a nuestro corazón mereciendo ser salvado en nuestra memoria. Estos amorosos pensamientos para nuestro querido Plátano, son de Javier Iglesias, agradezco profundamente sus palabras , el traerlo de vuelta cada vez que alguien lo lea.

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  15. Wichy García Fuentes8 de julio de 2015, 9:58

    Yo lo recuerdo saliendo triste y cabizbajo del Karl Marx, con las manos en los bolsillos, una noche que Carlos ya no incluyó más su canción en el concierto.

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  16. EPD, triste, lo recuerdo muy bien.

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  17. Maria Cristina Fernández8 de julio de 2015, 11:15

    Me ha conmovido esto que escribió Javier sobre el Plátano.

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  18. Jaime Almirall-Suárez8 de julio de 2015, 17:42

    EXCELENTE trabajo recordando al "Plátano",

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  19. Omar Saez Navarrete9 de julio de 2015, 4:34

    Muy buen artículo y un honor a su persona..pero si te digo algo nunca lo creerás..yo era una de las pocas personas que lo hacía reír...y era uno de los pocos que el y yo nos fajábamos...recuerdo un dia en la Plaza de Armas un policía le puso las manos encima y el Plátano le dio durísimo con la cámara Leica..que esas cámaras son duras, pero yo no recuerdo que el oliera mal..pero yo salí de Cuba en el 91...bueno a finales de 1990...una vez trato de darme..con la cámara...
    Por que le dije..Plátano tirame una foto eso fue en la Habana Vieja al lado del Templete en camino hacia la Casa del Joven Creador...que de verdad estaba, poniéndose, oscuro en el verano..y me dijo--No por que tu eres muy oscuro y no tengo flash...ademas es gastar dinero, contigo..por que no saldrás en el espectro de blanco y negro de la cámara... me dijo...claro en (juego)...No me jodas mas negro...!!...yo le menté la madre...jajajajaja..y el me tiro un swing con la cámara...que por poco me tira al suelo de adoquines...despues le compre un trago en El Creador...y me dijo..no me jorobes ma´s con lo de la foto...jajajajajajajajaja.

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  20. Muy buena esta entrada. Recuerdo cuando lo conocí en La Madriguera a finales de los 80. Después lo veía en cada concierto, peña, Casa del Joven Creador o en la esquina del cine Yara cuando se reunían ahí los rockeros. Era buena gente, me caía bien a pesar de que un día salí corriendo porque me quería pintar todo el pelo con un spray de colores ja ja. La última vez que lo vi fue en el 2007 o 2008 en un concierto y le hice cono dos o tres fotos que aún conservo. Gracias por esta entrada. Saludos!

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  21. Javier Echeverría7 de julio de 2017, 20:25

    Recuerdo cuando Amaury Perez y Carlos Varela le hicieron una cancion a duo y recuerdo gue
    La gran Mercedes Sosas le regalo una camara Nikon el es un personaje de los 80_90 recuerdo
    Verlo con su camara en todos los conciertos y evento durante tiempo todo un personaje EPD.

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  22. Azuquita, nunca había leído esta crónica tuya sobre El Plátano. Es un hermoso homenaje a ese entrañable personaje de nuestra época. Yo también lo conocí y pienso que es un ser que habría que mencionar cada vez que se quiera hablar de lo mejor de la poesía y la canción en nuestra Habana de los años 80.

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