lunes, 15 de junio de 2009

LUMINOSIDAD Y ALEVOSÍA

Raúl Rivero

LAS PALOMAS torcaces me parecen odiosas y frías. En los montes vírgenes del país de mi infancia acompañaba a mi abuelo a sus cacerías nocturnas. El viejo ponía una linterna sobre el cañón de su fusil. Las aves dormían una al lado de otra en perfecta formación. Él las encandilaba con la luz y apretaba el gatillo. La víctima descendía muerte entre las hojas. Las otras se quedaban quietas, con los ojos cerrados, a la espera del próximo tiro.
Esa indiferencia ante el peligro, la falta de reacción, la pasividad y la rapidez con la que volvían a quedarse dormidas, las percibí siempre como una estupidez o un descuido de Dios en el momento de la creación de los pájaros.
En algunos políticos uno puede apreciar esa misma conducta. El síndrome de la torcaz. Hay pereza, lentitud, voluntad de volver al sueño, cuando, desde posiciones democráticas, desde una formación plural y un discurso claro y en libertad, se dejan pasar carretas y carretones sin levantar la voz para denunciar o prevenir.
La señora Cristina Fernández de Kirschner, presidenta electa en unos comicios democráticos, lo padece. El sábado se deshizo en reverencias ante Raúl Castro Ruz porque el régimen liberó a la doctora Hilda Molina Morejón y le dio permiso para salir del país, después de permanecer 15 años retenida sin poder reunirse con su familia que reside en Buenos Aires.
El mismo ataque de indolencia sufren los jefes de estado, líderes y funcionarios internacionales que visitan la Isla y no tienen ni un gesto, ni una palabra para los más de 200 presos políticos (algunos militantes en la misma corriente ideológica de los viajeros) que cumplen condenas de hasta 28 años en cualquiera de las 300 prisiones del país.
Y es también un indicio del síndrome de la torcaz, esta vez complicado con estrabismo, ver cambios importantes y adelantos en materia de derechos humanos en una nación donde, al parecer (el secretismo está en la genética del comunismo), dos individuos de la esfera del poder -Carlos Lage y Felipe Pérez Roque- han descendido entre las ramas por pensar o intentar modernizar esa sociedad.
Esta semana la Unión Europea mira hacia Cuba para decidir su política futura y podrá ver este cambio: el Gobierno acaba de reducir la cuota de frijoles y de sal que entrega a la población mediante la libreta de racionamiento impuesta en 1963.
La desidia de la torcaz es mala. Y peligrosa. No hay momento fijo para recibir un golpe de luz en los ojos.

Raúl Rivero, nació en Camaguey, Cuba, 1945. Periodista, escritor y uno de los mayores poetas cubanos. En 1995, fundó la agencia de noticias Cuba Press incentivando la práctica del periodismo independiente. Por su oposición a la dictadura cubana, fue preso y condenado a 20 años de prisión en un juicio sumário en marzo de 2003 “La Primavera Negra”. Fue liberado con una licencia extra-penal en noviembre de 2004 después de fuerte presión internacional. Recibió de la UNESCO el Premio Guillermo Caño de Libertad de Prensa. Vive exilado en Madrid.

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