lunes, 22 de junio de 2009

A PALABRAS NECIAS, OÍDOS SORDOS

Las tradiciones son una barricada contra las garras Castrista. “El Dictador en Jefe” siempre fue óptimo en el uso de la palabra, a su favor. En rebautizar calles, edificios, hospitales y todas las construcciones que ya tenían nombres propios sin consultar a nadie, él sólo se olvidó que lo bautizado por el pueblo es eterno. Las costumbres no caben en un carnet del partido comunista (el único existente en la Isla) ni mucho menos en un discurso gastado, ellas son todo aquellos que el régimen quería borrar, la mayor y más firme resistencia pacífica contra ésa absurda ideología, cómo prohibir a un machetero héroe nacional del trabajo celebrar los quince de su hija, la más burguesa de toda las tradiciones.
Soy del Cerro (aquél barrio que tiene la llave), el más tradicional de la Habana, algún día les hablaré de él, hoy solamente quiero poner un ejemplo de esa firmeza, después del sangriento golpe de estado del 11 de septiembre de 1973, en Chile. “El Lingüista en Jefe” decidió cambiar el nombre de la Clínica Covadonga por el pomposo, heroico y mártir nombre de Hospital Salvador Allende. No me recuerdo de nadie que cuando necesitará de los servicios médicos dijera: voy al Salvador Allende; todos decíamos: voy a la Covadonga, hasta los nacidos después de la desgracia tropical nunca llamamos a ese hospital por otro nombre que no fuera Covadonga, ¿por qué? Porque lo único que escapó de los tentáculos de Castro fue lo arraigado en la jerga, será Covadonga hasta el final de sus días. Inconscientemente la sociedad civil derrotaba a la tiranía con la tenacidad silenciosa de no cambiar los nombres. El idioma fue y es una zona libre, algo que nunca conquistó.
Como nací en el 63 parte de mi infancia ocurrió en los 70, cuando el segundo requisito para entrar en el partido (ya saben) comunista era negar la existencia de Jesús Cristo (el primero jurar fidelidad a “La Cosa”), mi maestra una linda joven, no es gorrión ni nostalgia, porque me recuerdo de ella hasta hoy. Y la memoria es el único territorio donde el tiempo se detiene. Era realmente linda y se llamaba Amparo (debo dejar claro que lamentablemente nunca fui Amparado por ella, como era mi sueño), recién graduada de un instituto con el mismo nombre de aquél hospital, preguntaba a sus alumnos si en sus casas habían fotos de Jesús Cristo. Mi abuela una guajira mezcla de gallego con americana, más terca que una mula, tenía en el comedor un cuadro de la “La Última Cena” y en el cuarto “El Sagrado Corazón de Jesús”. Mi padre comunista y fidelista (o sería lo contrario, que no es lo mismo ni es igual) al extremos de cuidarle la espalda y el sueño al “Al Alien”, fue durante largos años guardaespaldas del “Desconfiado en Jefe”. Decía a su madre cualquier día de esto cojo esos cuadros ahí y les doy candela; ella que era terca pero no bruta, sabiendo que candela tiene varios significados, lo miraba fijo y respondía: sólo por encima de mi cadáver. Yo apoyaba a mi maestra que siempre justificaba la no-existencia de Jesús Cristo con una pregunta sin respuesta, ¿Sí Cristo existe por qué los astronautas no lo encontraron?, algo que tenía lógica en las cabeza de unos niños adoctrinados.
En 93 mi abuela muere y yo que hasta hoy soy agnóstico, pero que ya no hacia parte de la masa de corderos que seguían ciegamente al “Pastor en Jefe” presencié una escena en el cementerio que lleva el nombre del descubridor de Cuba (debe ser porque en ese otro mundo también necesitamos de alguien que ya lo haya descubierto), todos sus hijos menos mi padre entraron en la capilla del cementerio para una última despedida católica, todos comunistas como mi padre, pero sólo él no entró (su despedida fue caótica), dijo que sus principios se lo impedían, ¿Qué principios?
Años más tarde, estando ya en el exilio y mi padre jubilado, que en Cuba es lo mismo que olvidado. Alguien que no recuerdo (alguien es una persona invisible o será “inservible”) me contó que vio los cuadros que siempre quiso quemar colgados en una pared de su casa, una vez más las tradiciones y quizás algún remordimiento derrotaron a los principios y también a los finales.

3 comentarios:

  1. Lissette Bustamante23 de junio de 2009, 17:36

    Recuerdos que ahogan a veces el alma y luego de llevarnos casi al precipicio de lo insospechado nos devuelve más sobrevivientes y resistentes... Hoy mi convivvencia es con una gatita llamada Misusa y mis recuerdos que acaricio. Porque lo viví, porque cuando creí lo demostré y cuando el desencanto fue mayor también lo expresé... De nada vale que cambien los nombres, sino cambian las estructuras ni el modo de lograr conectar realmente con la sociedad civil cubana... Si lográramos unirnos bajo el punto fundamental; si lográramos olvidar los protagonismos y protagonizar la invasión de ideas para reviltalizar a un pueblo que ha perdido la ilusión de vivir en su país... Sólo quieren huir porque ya no confían ni en los de aquí, en Miami, ni en los que dirigen la Isla... YO SOY CUBA... y tú?

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