lunes, 29 de junio de 2009

ENTRE SOMBRAS Y PALABRAS

Cuando se tiene más de una nacionalidad, no se pertenece por entero a ningún lugar. Ser totalmente un híbrido, un bicéfalo es algo normal, estando aquí pienso en el otro lugar. Cómo será cuando esté allá, pensaré en aquí. Soy alguien que encontró un espacio virtual (el real continúa prohibido) para expulsar sus silencios, para mostrar la otra cara de una tiranía que quiere hacer creer que todos los desterrados del paraíso tropical, son exiliados económicos.
Si fuese así podría regresar cuando quisiese, sin necesidad de pedir permiso para entrar en el lugar donde descansan mis muertos, aquellos que se llevaron un pedazo de mí y que en nada se diferencian de los suyos. El año pasado mi padre murió después de una “larga y penosa enfermedad”. Es así como el régimen llama al cáncer, cuando muere alguien que formó parte de su horda. A pesar de toda las diferencias que nos mantuvieron la mayor parte de nuestras vidas separados, quería darle un último abrazo, quizás (nunca lo sabré) era la hora de entendernos y pedirnos perdón.
Entonces llamé a la Embajada Cubana para solicitar información de qué debía hacer, ya que ni pasaporte nacional tengo y era algo humanitario, que supuestamente estaba más allá de la política. Saben cuál fue la respuesta del empleado que me atendió, su situación no cambió nada, o sea sigo en la lista negra del país rojo. Conté eso para una amiga brasileña (amigo es algo para guardarse del lado izquierdo del pecho) que me presentó a una persona importante (mientras esté en el gobierno), que llamó a la representación antillana y en la misma hora mi celular tocó, pidiéndome que fuera al otro día, fui con un asere brasileño para garantizar mi seguridad y para tener un testigo del encuentro. El burócrata que me atendió me informó que para obtener el salvoconducto que me permitiese ver a mi agonizante progenitor necesitaba su historia clínica y una semana de trámites en La Habana, mi padre que no tenía todo ese tiempo, no aguanto, fue la segunda vez en 12 años que pedí regresar (siempre por el mismo motivo), despedirme de una parte que me fue usurpada.
En ese instante sentí y aún siento que no tengo nada a ver con las personas que gobiernan la Isla; con sus puntos de vista, con sus maneras de pensar y sobre todo con sus formas de actuar. Es muy difícil comprobar y entender que nos separa un tremendo abismo, abismo que lo comprende todo, desde lo más simple hasta lo más confuso y complicado. Ellos fieles corderos no cuestionan, no piensan, no discuten, no se problematizan. Únicamente se preocupan en adquirir o hurtar cosas materiales. La Habana es una ciudad-cárcel, en las que viven personas infelices (vean el tamaño de la cola en la Embajada Española, una vez más, otra nacionalidad). Por eso es mejor callar para ganar un puesto en cualquier cancillería nacional.
Si después de salir de la entrevista del consulado me preguntarán cuál es el color de Cuba, respondería: es gris, a pesar del verdor de sus campos y los impresionantes colores de algunos edificios. Seguiría insistiendo tercamente en que es gris, para mí ese color representa y refleja la decadencia del blanco y el negro, aunque parezca una opinión extremista e insensata, prefiero que las cosas posean un color determinado. Allí todo los colores se difuminan y se esfuman como los sueños rotos.
En pocas palabra corroboré desde la lejanía que la tan alabada revolución, al cabo de cincuenta años, lo único que efectivamente ha conquistado es convertir a la gente en espectros.
Ellos no dialogan, ladran, no discuten, aúllan, y ese aullido me cala hasta los huesos, ese malestar y decadencia generalizada me espanta. Ésa exigencia y comodidad tan propia de los dirigentes cubanos, de esperar y reclamar del exterior hasta sus más pequeños deseos me desconciertan y me deja perplejo. Por desgracia han perdido toda capacidad de resistencia y lucha que antiguamente cuando aún formaban parte del pueblo los caracterizaba, esperan que el hada madrina les ofrezca; que la varita conquiste, solucione y trabaje por ellos, sin pedir nada a cambio, creo que los cabecillas en el sentido general de la palabra son o están completamente equivocados, pues no pueden sentarse a esperar que otros realicen y hagan en su lugar lo que les corresponde por designio.
A pesar de padecer esa enfermedad llamada melancolía, me siento aliviado por tener otra ciudadanía (consecuencia de accidentes geográficos y políticos), porque realmente amo éste país, también tropical como aquél que ya no es mío. Volver a Cuba es un sueño, quizás el antídoto contra mi enfermedad aunque desde lo más hondo de mí sospeche que aquella Habana murió junto con mi familia.

7 comentarios:

  1. Muchos brasileños piensan que Cuba esta en una situación muy buena.

    Sus textos son muy buenos para sabermos que la cosa no es bién asi.

    Um fuerte abrazo

    Jorge Henrique

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  2. Gracias por tu comentario

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  3. En tu dolor, contigo.

    Y contra toda esa injustica y arbitrariedad, y esos despropósitos de una "revolución humanista".

    Un abrazo, amigo.

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  4. Aún tenemos a Gregorio y Josefa.Gracias por tu solidaridad

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  5. javi, te felicito por el blog.
    esta muy bueno...
    ojala que el sea un antidoto para tus dolores.
    te quiero
    tu amiga y lectora
    Marcela

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  6. Para comentar este texto quiero atenerme solamente a sus dimensiones éticas, filosóficas, existenciales, si es posible. Nos recuerda el sentido de identidad, del origen, de la importancia de los vínculos familiares, de la muerte, del perdón y sobretodo de la necesidad de tener amor y cariño. Entiendo que el autor quiere advertirnos sobre el sentido de todas esas cosas para nuestras vidas. Él insiste tercamente sobre el valor que tienen. Si tuviera que elegir el tema más interesante del texto, diría que es el derecho a enterrar sus muertos. Porque a pesar de la modernidad, no hay nadie que pueda negar que la muerte sea algo sagrada para nosotros, sin importar cuál sea nuestra nacionalidad o nuestras creencias religiosas.

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  7. Una casa vieja que ha sido habitada por varias generaciones, unas tuvieron espejos, otras los espejos rotos...

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