miércoles, 3 de junio de 2009

EL ESPACIO INFINITO

En internet descubrí la libertad que nunca tuve. En la Isla era preso de las ideas, del silencio y aquí en la otra geografía política del dinero; por lo tanto el albedrío es algo que de alguna manera siempre me faltó, aunque pienso que es mejor ser prisionero del capital que de los pensamientos. En el espacio no-real, aquél en el que nada se prohíbe, es diferente: soy mar, fuego, aire, libre. No hay límites, fronteras ni divisiones. Puedo ser cuántos yo quiera, inventados al tamaño de mis sueños, como en los tiempos de cine. Es “La máquina del tiempo” hecha realidad, me recuerdo como si fuera hoy de aquella película de 1960 con dirección de George Pal y guión de David Duncan, que vi en el cine México a finales de los setenta cuando empezó mi pasión por el séptimo arte, iba todos los días, la entrada costaba 40 centavos. En aquella sala oscura me sentía el actor principal, siempre el héroe. Con el pasar de los años descubrí que esa sensación que todos sentimos cuando adolescente es normal, siempre queremos ser el otro, huir de nuestro cuerpo, de nuestra realidad ayudado por la magia del cine, lo inverosímil es que para mi generación esa fantasía fue el preludio de una fuga colectiva que vendría algunos años después.
La semana pasada un amigo desde su exilio madrileño me envió una invitación para el facebook, cómo no sé nada de inglés y estoy cansado de esos encuentros de futuros amigos (la mayoría literalmente incorpóreos), guardé su correo hasta el fin de semana, cuando después de pensar los pro y contra, con la calma que esa hora facilita acepté; fue en ese instante cuando aquel filme vino a mi cabeza. En él la máquina era una silla con muchas palancas para apretar, si lo hacías para frente viajabas al futuro, si lo hacías para atrás viajabas al pasado.
En esté instante estoy sentado en otra silla frente a una computadora, apretando mucho botones y viajando al pasado, al hoy y al futuro en un pulsar, el invento de Herbert George Wells fue desconstruido por la tecnología y por el éxodo de cubano, parece una parodia ser de un lugar donde aún se prohíbe la internet y usar ella para volver al útero urbano de una ciudad con nombre de mujer que se convirtió en un pos-testimonio. Ahora la pantalla es un punto de encuentro de los que algún día bebimos, reímos y lloramos junto, sin un frío telón por medio ni un océano nada imaginario que nos separa, pero que no nos aísla tanto como el pequeño mar Caribe, basta teclear un botón para que los ayeres habanezcan en su pantalla, es un rostro atrás de otro y todos cargados con esa nostalgia tan típica de quien se sabe ausente, llena de recuerdos de los que fueron expulsos u obligados a abandonar su rincón natal. No importan los nombres porque hoy como ayer ellos siguen siendo la parte más importante de aquella arteria urbana que un día fue nuestra y que ahora percibimos que no existe más, que pude estar en cualquier lugar donde se encuentre algún emigrado cubano, La Habana habita en NY con Roberto y Xiomara, en Madrid con Marta y muchos otros, en Texas con Yvonne, en México con Ernesto y Omar, en mí con todas sus-mis ruinas.

2 comentarios:

  1. Es lo que llamo escribir con el pico del gorrion, pero que suele ser destructivo... aun asi, uno no puede alejarse de esa costumbre. Si es buena o mala, no se, esa respuesta unicamente se la podra decir a si mismo quien lo escribe. Iba a escribir "bienvenido al club" ahora, pero me doy cuenta de que soy yo quien es el nuevo miembro. En fin, me sumo a tu club, como quiera nadie nos puede quitarnos este pedacito.

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  2. Gracias Carlos tienes toda la razón, sólo el tiempo nos salvará. Abrazos

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