domingo, 3 de mayo de 2009

UN PIQUETE DE TRES ESQUINAS


Cuando se escapa de una dictadura, los traumas y miedos de la represión no nos abandonan, ésa es mi experiencia (muy personal), quizás no sea así con todos mis conterráneos y espero que no lo sea, porque es muy difícil vivir en el pasado, no poder escapar de él, seguir prisionero de una situación que no habita más en mí, pero que me desgarra en el día a día. Las pocas veces que me reúno con los exiliados cubanos, siento que estoy en una de aquellas reuniones de los CDR, dónde todo el mundo lo primero que quería saber era ¿qué estaba haciendo?, ¿dónde trabajaba?, ¿cuánto ganaba? La única diferencia es que aquí no es obligatorio participar y por eso me aíslo. Me siento mal viendo lo desunidos que somos después que conseguimos huir de la isla, nadie confía plenamente en quien logró escapar del “infierno tropical”. La mejor lección que aprendimos en la educación comunista es aquella frase de Maquiavelo “divide y vencerás”, pero “Dividir” es un verbo con varias acepciones y mi esposa con su educación republicana me enseño la otra cara de ese vocablo que explicaré más adelante, primero veremos su significado para los nacidos después del tenebroso 1959. Dividir significa separar, apartar, dejar más débil a quién no piense como ellos, es la política de primero yo, y yo soy la revolución, soy la patria herida.
El primer blanco fue la familia, célula principal de cualquier sociedad democrática, gracias al ataque fulminante, somos casi 5 millones de cubanos diseminados por el mundo, eso significa más o menos el 5% de la población del país, sin ninguna duda la mayor diáspora del siglo XXI es la cubana. Conozco familias que se fragmentaron violentamente por el simple motivo de una parte ser del PCC y la otra haberse ido de la nación (la mía es un ejemplo), vi a muchos padre tirar los huevos que hoy falta en las caras de su hijos y llamarlos de escorias y también a muchos hijos hacer lo mismo con sus padre, cuando algunos cansados de tantas promesas entraron en la embajada de Perú en la Habana, el 8 de abril de 1980, para evadirse del “paraíso tropical”. Los que se quedaron también fueron fraccionados en los que apoyan y los que callan, el silencio es uno de los mayores pecados cometidos en Cuba. Fue con esa política maquiavélica que la “revolución cubana” triunfó y no en la Sierra Maestra como se enseña en los libros, su triunfo es tan grande que mismo estando lejos de las garras de la tiranía seguimos comportándonos como si estuviéramos dentro, cerca del húmedo dolor.
Aquí en Brasilia esa división a la moda caribeña es bien clara, hay un campeonato de béisbol (justo el deporte que es pasión nacional, que siempre nos unió y que últimamente sólo nos avergüenza), organizado por las embajadas de los países donde es popular. Cuba es el único con dos equipos, el oficial, aquel que usa los trajes de peloteros fabricados por la capitalista “Adidas”, que ya se sabe colaboró con los nazistas y ahora lo hace con los comunistas; y el de los exiliados. Dos equipos, un país, dividido hasta en el juego. Los funcionarios del gobierno no aceptaron hacer solamente uno como fue la propuesta de los desterrados y del comité organizador, y sí está discriminación no bastase, los oficialista se niegan a enfrentar al otro conjunto alegando que ningún nacional es expatriados; se olvidan del 5% de nuestros hermanos que viven afuera por varios motivos, que van desde el financiero hasta el político.
El otro significado de ese verbo es compartir, repartir lo que se tiene con el más necesitado, fue en Brasil, en esté país que me acogió, donde estoy aprendiendo eso, dividir es solidario, es la otra cara de Maquiavelo que no enseñan en el Caribe, descubrí en una economía de mercado que mi viejo diccionario está con errores. Y me es muy difícil aceptar eso, admitir que estoy equivocado, porque desde pequeño me enseñaron que la razón está con nosotros, que la verdad es absolutamente nuestra, aunque el mundo diga lo contrario.

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