miércoles, 20 de mayo de 2009

JAVIER IGLESIAS: POEMAS

ARQUEOLOGÍA DE LA HISTORIA
La casa puede ser un país,
pero no es,
espejos con lágrimas/pinceles
que duelen en la piel más que ayer,
zapatillas descalzas, huérfanas de sueños.
Las paredes cuelgan en los cuadros,
gritan para el espacio que no aceptan,
parece el fin pero sólo es una pausa,
el instante en que el gato ocupa la silla,
no sé quizás sea un tigre que perdió las rayas,
como yo perdí los ayeres.
Azul ya no es el color,
la intimidad del lienzo asusta, duele, persigue
tal vez es la hora de parir,
de mandar todo para la mierda.
La ciudad es otra, un cuerpo frívolo,
prostituta de concreto,
mi infancia está en calles distantes.
Cuál es mi precio sino tengo apellido,
pintar al vacío, bailar sólo en la memoria.
Ver esa mujer con cara antigua,
Nefertiti que conversa con el felino
y se olvida de la ventana.

Para Ania y Silvestre
EL INFINITO
Cuando se acerca la noche
mi vida se apaga,
yo animal de las sombras
vivo prisionero del no-espacio.
La ausencia no es más que un punto
y la nada, la infinita nada me ahoga,
me sumerge,
falta una ciudad para escapar
del vacío,
soy un pretérito y nada es hoy.
La hora ya nació gris
como la eterna ceniza de mi exilio,
que no es más que un volcán
dormido y triste,
esperando el instante exacto
de desterrar palabras,
escupir lágrimas, de volver,
porque la tierra, la mía me llama:
Azuquita, era mi nombre,
ahora soy un quejido,
un harapo sin apellidos.
Ese es el precio de amanecer
solo en un continente salvaje.
LA UTOPÍA TIENE UN NOMBRE
Hay que tener un corazón
que no conozca de geografía
para adentrarse en el sueño
alto y seco
de construir una altiplanicie
de concreto y política.
Soñar un mar de estrellas
para un lugar tan árido
entender el lenguaje de las piedras
para crear una fauna y flora
de cemento armado
y aún así con alma,
alma de exploradores, pioneros.
Hay que renunciar a muchas cosas
y saber escuchar
porque una ciudad se escapa
de la matemática y el diseño.
Aceptar que la ausencia
desierta y lejana de la familia
son los pilotes de la nueva era
mirar la brújula con ojos de navegantes
para partir del eje / cruz
que forma este misticismo de fin de siglo.
Hay que sentir nauseas de lo conocido
para enfrentar el futuro
con el humor y tristeza
de quien recibe un abrazo
como el último suspiro.
Es la hora de invertir
la orden de las cosas
pues Brasilia necesita inventar
otro Lúcio / utopía
ver que los trazos / dibujos
son el iceberg de un pensamiento
universal, profundo,
para salvar el espacio físico
que aún le queda.
A Lúcio Costa
Foto de Ania del Valle

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