domingo, 12 de abril de 2009

EL LIMITE QUE NOS RODEA

Los muros son las construcciones preferidas de los dictadores porque separan, aíslan, destruyen. Son bastante los ejemplos, de muros y mucho más los de dictadores. Empezaremos por la muralla china la mayor obra realizada por el ser humano (se puede ver desde el espacio, que no es más que un vacío) construida con el supuesto objetivo de proteger el país de ataques extranjeros, demuestra la tradición dictatorial de esa nación, de la cual occidente y principalmente los Estados Unidos son cómplices, pasándose por ciego en nombre de un mercado de más de 1 billón de consumidores, escribo consumidores y no persona porque lo que importa es el mercado, no los “Derechos o Izquierdos Humanos”, recordemos que China es comunista o sea izquierdista hasta en los asuntos deshumanos, no podemos olvidar la masacre de “La Plaza Infernal” (discúlpenme quise decir “Celestial”).
Existieron otros muros no tan grande e igualmente crueles, Honecker levantó el muro de Berlín con la ayuda soviética para dividir un país en dos, tres, o en miles de familias que se separaron, o murieron intentando atravesarlo, o fueron presas y fusiladas en el paredón, que no es más que otro muro cuyo mayor ejemplo es Fidel Castró (una vez más pido disculpas en realidad pretendí decir Castro). También existe un muro para lamentar, en un país que no existía y que sus ciudadanos fueron casi exterminados por aquel otro alemán loco por muros, en él las personas van a rezar, llorar y recordar el calvario del hombre que cambio la historia de la Humanidad, el primer destruidor de muros. Ahora esta nación levanta el muro de la vergüenza, olvidando su pasado, usando como pretexto el fanatismo religioso, la más cruel filosofía después de la comunista, pues usa los mismos métodos de intimidación, dividir para vencer; el subterfugio de esa construcción en pleno siglo XXI es el mismo de los chinos y una vez más occidente con los norteamericanos al frente no ven, no quieren ver, la justificativa es siempre la misma, económica.
Ellos los del norte se creen los dueños del planeta y también levantan un muro para protegerse de nosotros, latinos que robamos sus mejores trabajos: de barrendero, albañil, pintor, en fin todos los empleos que no quieren y que para nuestras pobres economías significan una vida mejor, pensé mucho en un nombre para ese muro, hecho con la hipocresía del norte y la complacencia sumisa del resto del mundo, y encontré el nombre exacto, Mundo Cero, una nueva división política-administrativa, Primer Mundo, Segundo Mundo, que sigue perdido (nadie habla de él), Tercer Mundo y finalmente Mundo Cero. El sueño de consumo de millones de personas, Cero Derechos Humanos, Cero Libertad si no tienes dolor (una vez más me disculpo, es Dólar), Cero Latino no hablas Inglés o lo hablas con acento “Mi ablar Ispanglés”, vez su perro no te entiende, cómo vas a limpiar sus casas si su perro con pedigrí, solo habla inglés. Y tú no eres más que un emigrante sin documentos, ni pedigrí.
Pero nos estamos desviando de nuestro asunto, volvamos a él, ahora que dos de sus mayores defensores (“El Coma Andante” en jefe Castro agoniza y Pinochet que partió por la puerta de atrás de la historia), son hechos como estos los que sin duda ninguna dejarán el mundo más leve, porque no sentiremos ninguna nostalgia de sus tristes vidas, protegidas por sangrientos muros.
Los muros parecen que tienen historias tristes, no siempre es así, hay en “La Habana”, capital de una isla, un muro llamado “El Malecón”, que no es más que la simbiosis de todos los muros mencionados, en el se encuentran las personas que se sientan a coger el aire del mar y pensar en poder huir, ese es el optimista, el que piensa que sus problemas se resuelven saltando el muro, también está el que llora y lamenta la muerte del familiar que saltó el muro y murió antes de llegar al destino final, el que pesca para sobrevivir, la puta nocturna y una ciudad que olvidó que el objetivo de ese muro era protegerla del mar/mal, que está llegando al fin.
En esa Isla hay otros muros: un muro invisible que cabe en la cabeza de cada uno, un muro de política, otro de infinita agua. Aquí me tomo un aparte para hacer algunas aclaraciones, ya que ustedes sólo conocen el significado literal de la palabra Isla y no saben que ser isleño es una actitud ante la muerte, porque ya se nace prisionero, prisionero del espacio, de la naturaleza. ¿Qué es una isla? Si no un pedazo de tierra extirpado de un continente, como se saca un cáncer para engañar a la muerte. Estar rodeado de agua, espejo del cielo, sin salida, en el lugar más azul del planeta, en la isla sin tesoro, el sol ya nace violento y la tierra duele más que el mar.
Cuando se vive a la deriva parece que el mundo es pequeño, y todo es limitado, creemos que en la vida hay dos tipos de hombres: los que nacen con suerte y los que nacen en Cuba, dos veces accidente: geográfico y político, también rodeada de muros.
Muros que un día derrumbaremos con la fuerza de las palabras, sin necesidad de un mandarriazo, porque el hombre es de naturaleza libre y su construcción preferida es la ventana, aquella que da para un futuro sin muros.

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